BORRARSE DE LOS REGISTROS ECLESIÁSTICOS

BORRARSE DE LOS REGISTROS ECLESIÁSTICOS

Apostatar en España es una experiencia muy religiosa (y tenemos la prueba)

Hay un club al que ya no recuerdas pertenecer. Y no, no es el Megatrix. Se trata de la iglesia católica y salir de ella es mucho más difícil de lo que pensabas. Si no quieres que tus datos aparezcan en su registro ármate de paciencia, la vas a necesitar.

En España, apostatar, es una tarea muy difícil.
En España, apostatar, es una tarea muy difícil. | D.R.

“La presencia de la Iglesia católica entre nosotros es antiquísima. Desde hace casi dos mil años se anuncia la salvación de Jesucristo a este pueblo y en estas tierras". Así arranca un extenso documento de la Conferencia Episcopal Española en el que se recogen algunos de los principales datos de la Iglesia en nuestro país.

Todos ellos parten de una realidad que para algunos incuestionable: el nuestro es un país católico, apostólico y romano. La reserva espiritual de Occidente, como fue definido en los tiempos del nacionalcatolicismo franquista. Y sin embargo, las iglesias se siguen vaciando cada domingo y los jóvenes parecen interesarse cada vez menos por todo lo que tenga que ver con la religión.

Hay quien decide ir un paso más allá y apostatar. O lo que es lo mismo, borrarse oficial y definitivamente de la Iglesia Católica. Los motivos son muchos y muy variados. Desde los que consideran que fueron bautizados sin consentimiento y, llegados a la edad adulta, no quieren tener ninguna relación con la Iglesia, a los que se manifiestan abiertamente en contra de determinadas posiciones ideológicas de ésta en infinidad de materias, desde el matrimonio homosexual al uso de anticonceptivos, pasando por el papel de la mujer dentro de la institución.

Pero apostatar en España no es tarea sencilla. Cabría pensar que, al tratarse de un mero documento que no tiene otro valor más allá del simbólico, hacerlo podría ser un mero trámite realizable incluso a través de Internet, como ocurre en Finlandia, o acercándose a una ventanilla de la Administración, como en Alemania. Una vez más, 'Spain is different': para darse de baja de la Iglesia, un español tiene que atravesar toda una serie de fases que, antes o después y en la mayoría de los casos, acabarán en una charla moralizante o negativa rotunda por parte de un representante de Dios en la Tierra.

"El principal problema es la actitud de la Iglesia respecto al tema", explica Juan Vera, responsable de la web apostatar.org, en la que ofrece una guía práctica a todos aquellos que decidan dar este paso. Fundado hace cuatro años, el portal surgió tras la experiencia atesorada por el propio autor al intentar conseguir la preciada apostasía. "Por razones evidentes, a la Iglesia le interesa que no se apostate, pero también que no se hable del tema y que, si se hace, sea de manera negativa: que se siga difundiendo lo difícil que es apostatar. Así, mucha gente desiste incluso antes de intentarlo".

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Darse de baja de la Iglesia no es igual de complicado en todas partes. "No existe un procedimiento unificado de apostasía en todo el Estado", explica Juan. "En la mayoría de diócesis se puede apostatar con seguir unos sencillos pasos, pero aún quedan otras complicadas o que incluso niegan las apostasías, como Ciudad Real y Castellón. De todas formas, aún falta mucho para que sea un proceso fluido y sin trabas".

Felix Beltrán fue víctima precisamente de esas trabas, hasta el punto de que, pese a haber seguido todos y cada uno de los pasos recogidos en apostatar.org, recibió una rotunda negativa por parte del Obispado de Castellón. "Me atendió una chica en la sede", cuenta a Tribus Ocultas. "Y ya desde el primer momento me vino a decir que no iba a ser posible. Básicamente, me explicó que no seguir el mandato de la Iglesia era una decisión personal mía, y que si había nacido en una familia católica, que apechugase con ello", recuerda con indignación. Poco después recibió la siguiente carta remitida por el Obispado:

Documento. | D.R.

¿Merece la pena seguir todos esos pasos? Félix lo tiene claro: "No estoy de acuerdo con los valores y postulados que defiende la Iglesia en España, que desgraciadamente sigue unida a una ideología muy oscura, y que considero parte del pasado". Para Juan, tampoco hay duda: "La Iglesia necesita pasar por el aro democrático y recibir el mismo trato que cualquier institución: pago de impuestos, fin de los privilegios y de la opacidad y, en definitiva, rendir cuentas de manera transparente. Eso incluiría la creación de un registro público de católicos del que se pudiera dar de baja cualquiera. Todo esto vendrá de la mano de un cambio de paradigma en su modelo de financiación. Ahora mismo financiamos a la Iglesia Católica todos los ciudadanos a través de las partidas presupuestarias y los privilegios impositivos, lo que es tan injusto como anacrónico. La sociedad acabará exigiendo un cambio, tarde o temprano".

Por el momento, esa sociedad sigue siendo mayoritariamente católica. Al menos, sobre el papel. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) cifra en un 70,6% el porcentaje de españoles que se definen a sí mismos como católicos, frente a un 15,6 de no creyentes, un 9,6% de ateos y un 2,6% que profesa otra religión. Y al mismo tiempo, el número de católicos en España baja cinco puntos de media cada lustro, según el propio CIS.

Juan le da la vuelta a esos mismos datos. "Solo un 15% de la población total es católica practicante. El número de matrimonios civiles respecto a los católicos ya es de ocho a dos, según los datos del primer semestre de 2016. Este último dato es especialmente llamativo, puesto que hasta 2008 aún había más matrimonios religiosos que civiles. Ese año la tendencia se invirtió y ahora las uniones civiles ya suponen casi un 80%. ¿A qué se debe? A que la Iglesia, como institución, lleva décadas estancada en su statu quo y no ha sabido adaptarse a los cambios sociales. Su discurso sigue siendo profundamente machista, homófobo y, en general, ultraconservador. Atacan una y otra vez cosas tan básicas como la libertad de las mujeres para abortar, la lucha contra la violencia machista o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y mientras tanto, siguen gozando de privilegios totalmente injustos. Todo esto acaba calando en la sociedad, por lo que la gente con un mínimo de capacidad crítica siente cada vez más alejada de la institución".

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