CARLOTA, HOY MARTÍN, SE LO CONFESÓ ESTAS NAVIDADES A SU FAMILIA

CARLOTA, HOY MARTÍN, SE LO CONFESÓ ESTAS NAVIDADES A SU FAMILIA

"Así le confesé a mi familia que, en realidad, soy un hombre y no una mujer"

Martín confesó estas Navidades a sus padres y su hermana que, a pesar de que nació con caracteres sexuales femeninos y fue bautizado con el nombre de Carlota, en realidad siempre ha sido un chico.

Trans is Beautiful
Trans is Beautiful | Getty Images

SABINA URRACA | @SabinaUrraca | Madrid | Actualizado el 03/01/2018 a las 00:03 horas

"Supongo que para ellos siempre he sido una especie de lesbiana muy masculina, y ni siquiera eso es un tema que se haya hablado nunca demasiado", reconoce Martín al día siguiente de la confesión, con la voz aún temblando. Ha estado yendo a terapia y ahorrando todo el año para comenzar la terapia hormonal y someterse a una doble mastectomía, así como para iniciar los trámites de cambiar su género y su nombre en su DNI.

De alguna forma, ya estaba en el límite. Tiene veinte años, y llevaba dos diciéndose que este sería EL AÑO, que ya había llegado el momento de ser quien es ante su familia, pero no es tan sencillo dar ese paso. "Sé que he tardado demasiado en decirlo. Mis amigos me decían que, al tardar tanto, sólo con verme, mi familia se iría dando cuenta gradualmente de lo que soy, de quién me siento en realidad. Pero, en el caso de mis padres, no es así", confiesa algo nervioso.

Los padres de Martín son personas completamente ajenas a algo que no sea el modelo heteronormativo. Ni siquiera han contemplado nunca la homosexualidad como algo que pudiese darse en su familia.

"Así que imagínate: yo en la cena de Nochebuena diciendo que soy un tío, que desde que tengo uso de razón me he sentido un hombre", dice Martín con hilo de voz, que deja ver que el tan esperado momento no ha ido del todo bien. Las reacciones familiares han sido desconcertantes.

"Mi hermana, que es ocho años mayor que yo, casada y con hijos desde los veinte, se ha quedado en shock, pero ella al menos sabía en qué mundo me movía, y, aunque nunca hablásemos de eso, ella tenía bastante claro que yo, es decir, la que ella pensaba que era yo, es decir, su hermana Carlota, era lesbiana", Martín se ríe mientras hace estas explicaciones de su identidad.

De alguna manera, lleva una doble vida desde los 16 años: entre sus amigos, e incluso en el trabajo (Martín trabaja como teleoperador desde hace un año y medio, compatibilizándolo con el grado de Terapia Ocupacional), todo el mundo lo llama Martín, y lo trata como lo que es: un hombre. Sólo su familia, aunque parezca imposible, permanece ajena a este cambio. "Es cierto que he mantenido mi vida privada y mi círculo de amistades muy en secreto, y hace ya dos años que me independicé y vivo fuera de casa, pero es bastante increíble que no se hubieran dado cuenta de nada. Más bien parece que no han querido darse cuenta", reconoce Martín.

La confesión ha caído como un jarro de agua fría sobre su padre y su madre. "En Nochebuena, después de cenar, les dije que tenía que contarles algo. Ahí mi madre ya se echó a llorar, porque creo que lleva desde que nací pensando que hay algo mal en mí, pero no termina de saber qué, porque vive muy ajena a cualquier tema de transexualidad, no tiene ni idea", dice Martín. La noticia lanzada por Martín podría resumirse en: "Soy un hombre, siempre lo he sabido, y voy a hacer cambios en mi cuerpo y en mi DNI para vivir más acorde con esa realidad".

Martín reconoce que sabía que iba a ser duro, pero no tanto. "Mi padre se levantó y se fue directamente. Esto fue después de la cena. Dejó el café sin tomar encima de la mesa y se largó al cuarto de la tele", cuenta Martín. A partir de ahí, la conversación se desarrolló sólo con su madre y su hermana. "Mi madre no paró de llorar y de repetir por qué le pasaba esto a ella. Mi hermana me preguntaba si en realidad no sería que era lesbiana y estaba confundida, aunque al mismo tiempo no dejaba de recordar momentos de mi infancia en los que yo no paraba de decir que quería ser un niño", afirma con cierta tristeza.

Con respecto a la terapia hormonal y la mastectomía, tanto su madre como su hermana se mostraron muy críticas. "Ahí fue cuando mi madre dejó de llorar, pero se puso muy dramática diciendo que hiciera lo que quisiera con mi vida, pero que con el cuerpo no jugara. Intenté explicarles que este no era el cuerpo que yo quería, pero les costaba entenderlo", dice.

A Martín le resulta curioso ver que seguramente, si les hubiese dicho que era lesbiana, la respuesta habría sido menos dramática, pero también negativa. "Pero de pronto parecía que se agarraban a la posibilidad de que fuese lesbiana como a un clavo ardiendo. Mi madre debe estar rezando para que al final "sólo sea eso" lo que me pasa", dice con resquemor.

Martín, devastado por la respuesta familiar, intentó calmar los ánimos diciendo que ya volverían a hablar del tema más adelante, pero, obviamente, tras la explosión de la noticia, quedó un silencio incómodo. ¿De qué hablar cuando ha salido a la luz algo así? "Mi madre empezó a partir turrones en una bandejita, como si no hubiese pasado nada, pero se le notaba la angustia. Mi hermana me empezó a acribillar a preguntas sobre si tenía novia y si no pensaba que era mejor visitar primero a un psicólogo", cuenta Martín.

Así que hizo lo único que podía hacer: terminar la cena, inventar una excusa (que, por supuesto, nadie creyó) e irse a casa. "Estuve un rato tirado en la cama, intentando poner orden a todo lo que había pasado. Por mucho que sepas que tus padres no son muy abiertos, por muy claro que tengas lo que quieres, el rechazo familiar siempre va a ser un hachazo", confiesa.

Por suerte, Martín cuenta con una buena red de amigos para apoyarlo. "Inmediatamente llamé a mi amiga Graciela, que hace poco confesó a su familia que era lesbiana. La respuesta de ellos fue bastante positiva, nada que ver con la de mi familia, pero igualmente me ayudó", confiesa.

A las tres horas de haber llegado a casa, estando aún tumbado en la cama tratando de colocar lo sucedido, el móvil de Martín empezó a sonar. Era su madre. "Empezó diciéndome que me quería mucho, que me iba a apoyar en todo para que fuese feliz, pero la cosa se torció cuando me dijo que no creía que "este cambio", como lo llamó ella, me fuese a hacer feliz realmente, porque cada uno tiene que aceptar lo que es", dice con los ojos brillantes. La despedida fue agridulce y confusa.

"Fue muy raro. Justo antes de colgar, después de haberse contradicho muchas veces en su discurso, me dijo: Tienes que saber que en casa eres muy querido. Querido, con o", recuerda Martín con asombro. No sabe si achacar este sorprendente cambio a un despiste de su madre, a unas cuantas copas de más o a que Martín llevaba toda la conversación hablando de sí mismo en masculino, y de alguna forma se le pegó a su madre. Por lo pronto, ha decidido considerarlo un paso adelante.

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