ENTREVISTAMOS A ANNELIES HOFMEYR, QUIEN DESPOJA A LA BARBIE DE SU PERFECCIÓN

ENTREVISTAMOS A ANNELIES HOFMEYR, QUIEN DESPOJA A LA BARBIE DE SU PERFECCIÓN

La Barbie tiene la regla, celulitis y resaca: así es la obra de la artista que destroza el estereotipo en Instagram

Annelies Hofmeyr saca a la Barbie de su reducto opresivo de perfección y vida ideal y le entrega una nueva vida, una existencia de mujer real que tiene resacas, va sin sujetador, come Nutella, caga y tiene la regla. En la obra de Hofmeyr, la Barbie, llamada Trophy Wife (Esposa trofeo) tropieza, cae y se levanta, ejerciendo por primera vez un derecho del que nunca antes había gozado: el de divergir, el de ser libre; pero, por encima de todos, el de ser imperfecta.

La única Barbie a la que pude amar era a una que tenía la cara roída por los ratones. Eso ya lo conté hace poco, con motivo de la exposición de Barbie en la Fundación Canal, y aquel desafortunado claim de promoción que indicaba: "Durante décadas Barbie ha transmitido valores de igualdad de género, de integración racial, de respeto por la diversidad (...) Y todo ello sin dejar de lado su condición de muñeca y de baluarte de la feminidad".

Trophywifebarbie, proyecto de Annelies Hofmeyr | Annelies Hofmeyr | Instagram

En efecto, Barbie ha sido siempre un símbolo lleno de basura mental, un cubo de basura depositario de tristes y pobres valores femeninos camuflados bajo una sonrisa permanente y un velo de "mujer liberada de nuestros días" absolutamente carente de fundamento.

Mi Barbie de cara roída, precisamente por su deformidad, dejó de ser sencillamente "mi Barbie" y se transformó en Úrsula. Al ser real e imperfecta tuvo por primera vez un nombre.

Y eso es lo que vuelvo a sentir al ver las Barbies tuneadas de la artista sudafricana Annelies Hofmeyr: mujeres de verdad, con celulitis, dolores de regla, un pasado real, unas amigas reales, subversiones y vicios. Mujeres que tienen un amigo trans, que tiene la regla, que engordan, que fuman como auténticas bestias y manchan la colcha de sangre de regla (en un fino homenaje a la artista Rupi Kaur, que hace dos años revolucionó las redes con un proyecto en el que visibilizaba la menstruación).

Barbie | Trophywifebarbie

Arte y muñecas para eludir la censura de Instagram

El objetivo principal de Annelies Hofmeyr al comenzar esta serie de fotos en su Instagram con una Barbie dolorosamente-maravillosamente real era la de burlar a la censura. De haberse realizado estas fotos con personas, tendría que haber retirado las fotos inmediatamente.

"Ser representada, incluso en forma de muñeca, tiene una capacidad tremenda de afirmación. Construir estos personajes que promueven la confianza en una misma y una autoestima sana es lo más importante de mi proyectO. Quería subrayar las limitaciones de las etiquetas y explorar las cuestiones de género y la identidad de la mujer moderna", recalca Hofmeyr.

Las imágenes de Barbie de Hofmeyr se mueven en una realidad que, precisamente por ser tremendamente real, a veces cae en el patetismo y en el esperpento (como podría hacerlo cualquier mujer real), pero siempre flota sobre ellas un halo de comicidad.

"A menudo, es más fácil hablar de temas difíciles con humor, y usando algo que de primeras no es amenazante, como una muñeca", explica la artista.

El público, desde luego, ha respondido positivamente a la propuesta: El perfil en Instagram ya supera los 92.000 seguidores, provocando que múltiples publicaciones y revistas hayan sacado artículos al respecto.

Barbie con celulitis | Trophywifebarbie

¿Por qué las Barbies llevan cuernos de ciervo?

Sin embargo, hay detalles crípticos, poco claros, en las Barbies de Hofmeyr, como el hecho de que todas luzcan una cornamenta de ciervo.

“Los cuernos son una representación física de una etiqueta impuesta sobre ella, comparándola con un trofeo de caza, algo pensado para ser propiedad de alguien”, confiesa.

No obstante, los personajes creados por Hofmeyr usando Barbies y Kens tienen de todo menos etiquetas impuestas.

"Todos provienen de una variedad de lugares y grupos sociales, muchos de los cuales son bastante marginales y minoritarios. Esto lo hago porque creo que cuanto más vemos algo, más nos acostumbramos a ello".

"Mi intención con la incorporación de personajes de la comunidad LGBTQ y otras minorías en escenarios cotidianos es invitar a gente a considerar lo que podría suceder si nos centrásemos en las cosas que tenemos en común, en lugar de temer las cosas que nos hacen diferentes".

La cantidad de situaciones en las que vemos a Barbie en las imágenes de Hofmeyr es infinita, y da la sensación de que la suya una obra interminable, a la que siempre se pueden añadir momentos nuevos, elementos polémicos que estén en ese momento en el candelero.

"Como artista -dice- siento que esta obra centrada en Barbie es un vehículo que puede tomar muchas direcciones, incluyendo más tradicionales salas artísticas como exposiciones de galería. Hay muchas maneras de llegar a la gente y me fascina por diferentes formatos de expresión".

"He puesto en marcha un sitio web, y actualmente también tengo a la venta varias impresiones con las que pretendo ayudar a difundir a la Barbie, de modo que se facilite la discusión fuera del ámbito de las redes sociales".

Barbie en el baño | Trophywifebarbie

Annelies Hofmeyr siente una conexión muy potente con el objeto central de su obra y los valores que difunde.

"Cuando sientes algo como realmente propio -afirma- e interactúas con un objeto que lleva un mensaje en el que verdaderamente crees, ese mensaje obtiene un anclaje aún más profundo. Es realmente emocionante compartir estas imágenes con mis seguidores".

Por muy "profesional liberada y mujer de éxito que toma sus propias decisiones" que sea la Barbie tradicional, nunca podrá superar, a un nivel más puramente emocional, a la Trophy Wife de Hofmeyr.

Porque ella nos muestra esa vida de las mujeres que debía, de alguna manera, mantenerse oculta: la verdad de una visita al ginecólogo, del vello en las axilas, de la endometriosis, la lactancia en público y los selfies sexuales sacados a escondidas.

Supongo que a cualquier niña que más adelante vivirá muchas de las situaciones anteriormente citadas le haría más bien jugar con una Barbie divergente, tiernamente torpe, contradictoria, que vomita apoyada en una pared durante una fiesta de Año Nuevo, que con una mujer de plástico que sonríe triunfal, pero sumisa, por cumplir todas las exigencias femeninas que se han depositado en ella.

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