ASÍ ES LA DURA REALIDAD DE ESTOS EMPLEOS PARA LOGRAR DONACIONES

ASÍ ES LA DURA REALIDAD DE ESTOS EMPLEOS PARA LOGRAR DONACIONES

Los captadores de ONG que te abordan por la calle apenas aguantan tres días en su trabajo

Hablamos con formadores y coordinadores de captadores para ONG. Todos reconocen que un 90% de los candidatos a este empleo no dura más de tres días en la calle. No son capaces de hacer un solo socio en este tiempo, lo cual supone el despido.

El 90% de los captadores de donativos de las ONG apenas duran tres días en su trabajo
El 90% de los captadores de donativos de las ONG apenas duran tres días en su trabajo | Archivo Getty Images

Ir por la calle y que un captador de ONGs quiera hablar contigo a veces se hace cansino. Hay quien piensa que son unos pesados, e incluso que son unos “caraduras” por estar cobrando un sueldo mientras piden dinero para una causa humanitaria. También hay quien se detiene, les dedica unos minutos, y acaba firmando una colaboración: ese es el 1% de la gente con la que hablan durante todo el día.

Hemos hablado con tres de estos captadores, Ignacio, María y José. Los tres trabajan media jornada diaria y mantienen este empleo como su única fuente de ingresos. Para ellos, es un trabajo estable que desempeñan desde hace más de un año y con el que consiguen ser autosuficientes económicamente y salir adelante mientras estudian o atienden una conciliación familiar.

Los tres han desempeñado también su labor como formadores y coordinadores de equipos de captadores, y reconocen que un 90% de los candidatos a este empleo no dura más de tres días en la calle.

En muchos de estos casos, la renuncia tiene que ver con que no son capaces de hacer un solo socio en este tiempo, lo cual supone el despido. “Hecho el primer socio, el 50% suele ser capaz de llegar al objetivo mensual de 20 socios al mes”, explica Ignacio.

El perfil de captador es un joven de entre 22 y 30 años, generalmente son universitarios terminando la carrera y que se quieren pagar un máster, o jóvenes que pretenden emanciparse. El patrón se cumple casi sin excepción.

“Son personas con un compromiso social muy alto que además proceden de familias de clase media o media-baja”, apunta José. En su inmensa mayoría, son socios de la propia ONG que representan.

“Como casi todos mis compañeros, entramos en este trabajo de rebote. Nadie sueña de niño con ser captador. Hay quien se toman esto como algo temporal (de menos de un año) y otras que acaban trabajando dos, tres o cuatro años. Aunque es cierto que es raro ver a compañeros que pasen más de tres años sin promocionar a otro puesto”, recuerda José.

Depende de la ONG, algunas utilizan subcontratas para la captación y eso repercute en el salario del trabajador. “En una ONG con captadores propios se puede vivir sin problema con su sueldo”, explica María.

Según ellos, es imposible trabajar en esto sin estar concienciado con el objetivo de la ONG. “Un vende-motos sin corazón puede engañar a alguien y hacer un socio, pero no 173. Yo los llevo contados. Repaso el número cuando la calle se me echa encima, llevas días sin hacer un socio, estás de bajón, te da la sensación de que no llegas a objetivos, y entonces piensas en el número de personas han confiando en ti”, dice Ignacio.

La media de permanencia de los socios captados es de unos 7,5 años donando unos 1.500 euros en total. En el caso de Ignacio, las cuentas serían así: 173 socios x 1.500 euros = 259.500 euros. Y esto nace en conversaciones de cinco a veinte minutos en la calle.

“Antes, cuando yo veía a un captador por la calle pensaba: pobre chaval, pasando frío y viendo como la gente pasa de él”, recuerda Ignacio.

“Emocionalmente, la calle es fría y muy dura”. Aprender a controlar las emociones y la frustración que producen las negativas es parte de este trabajo.

“Yo empecé a trabajar junto con otra chica, en la primera hora ella se fue llorando y abandonó el trabajo; la calle puede hacer sentir una soledad tremenda, por eso nunca trabajamos solos, eso nos ayuda a no sentirnos mal valorados por la gente y a ser menos vulnerables o invisibles”.

En el plano estadístico, lo normal es hacer entre uno y tres socios al día, es decir, conseguir un éxito del 1% de entre todas las personas que intentan parar en una jornada, lo que implica, pese al dato, un buen trabajo.

“En mi grupo, a la captación lo llamamos el Wall Street de los rojos, porque trabajas bajo presión, tienes subidones y bajones tremendos de moral y un ritmo de trabajo tan intenso que se mete en los demás aspectos de tu vida, en el día a día”, comenta Ignacio.

“Una vez paré a una chica de Níger y le hablé de nuestra ONG; le enseñe un alimento terapéutico que se utiliza con los niños y al verlo, lo cogió, cerró los ojos y me abrazó susurrándome al oído ‘yo comí esto de pequeña, gracias’. Historias como esta las que te hacen sentir que tu trabajo merece la pena”, recuerda Teresa.

“Solo se apunta la gente FELIZ, en mayúsculas. Da igual que historia nos cuenten o cual sea su economía, boyante o de penuria, yo tengo comprobado que el que se apunta suele ser una persona feliz, no alegre, alguien que valora su vida y por lo tanto cree que merece la pena ayudar a otros. Gente con esperanza” explica Ignacio.

“Alguna vez he recibido comentarios ofensivos, no tanto hacia a mí, pero sí hacia la causa por la que estoy dando la cara, y eso he de confesar que sí hace sentir mal, según el día, da rabia, tristeza, impotencia o dolor. Por suerte, no ocurre a menudo”, comenta Teresa.

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