CÓMO RESISTIR A LA PRESIÓN SOCIAL

CÓMO RESISTIR A LA PRESIÓN SOCIAL

Pubis, axilas y piernas: Las mujeres tenemos pelos porque somos humanas

Ni armas de destrucción masiva ni peligrosas mercancías químicas. Son solo pelos. Pero provocan cuchicheos, gestos de desaprobación y comentarios de mofa cuando se exhiben en el cuerpo femenino. No es nada nuevo. Todavía se señala la no depilación en las mujeres como un comportamiento poco higiénico y osado.

Miley Cyrus, durante un concierto
Miley Cyrus, durante un concierto | Getty Images

Somos capaces de desatar el caos en la universidad, el centro de trabajo o una discoteca si por pereza, reivindicación o falta de tiempo mostramos la pelambrera de nuestra axila. Por el contrario, el sobaco poblado de los tíos no pasa ningún tipo de escrutinio, ¿acaso será sagrado?

No. No lo es. El tema es mucho más obvio. Aquel juicio que pretende que las mujeres nos avergoncemos allí y cuando no nos depilamos, se sustenta en la ideología machista. Lo encontramos en las revistas “femeninas”, en la opinión que no hemos pedido del machito de turno o incluso lo escuchamos de propia de alguna amiga.

En las redes sociales, la crudeza puede llegar a ser mayor. La falta de proximidad y el anonimato animan al usuario promedio a expresar su pelofobia. Insultos, amenazas y vejaciones tienen el objetivo de controlar los cuerpos de las mujeres y reprimir a aquellas que se atreven a ser ellas mismas, a romper con las normas sobre la depilación femenina y a declarar su guerra personal a la cera caliente, la cuchilla o el láser.

Existen diversos motivos para dejar de esconder que las mujeres tenemos pelos y que debemos ser esclavas de un modelo estético, cargando, por supuesto, con su gasto económico. Más allá de una certera reivindicación feminista, encontramos razones que tienen que ver con la salud.

Ocurre, por ejemplo, con el vello púbico. Según concluye el estudio Pubic hair removal: a risk factor for minor STI such as molluscum contagiosum?, el 93% de las mujeres que había sufrido infecciones como la del Molluscum Contagiosum se había depilado el pubis.

Por su parte, desde la Academia Española de Dermatología y Veneralogía advierten que la moda de la depilación integral ha supuesto un aumento de los candilomas genitales propios del virus del papiloma humano (HPV), así como de otras infecciones como herpes, hongos o sífilis.

Las pequeñas heridas que se producen durante la depilación permiten a los microorganismos penetrar y desarrollar una infección. No existe, por tanto, ningún beneficio para la salud. Entonces, ¿cómo resistir a la presión social? La recomendación es que es preferible recortar antes que eliminar por completo el vello de la zona íntima.

Otro mito a desterrar y con el que a menudo se insiste a las mujeres para que se depilen es que el pelo es poco higiénico. Esto es falso. La existencia del vello ni provoca un aumento de la sudoración ni del olor. Sin embargo, la presión y el rechazo que sufrimos las mujeres por la naturalidad de nuestro cuerpo (en este caso, el vello), sí es una expresión de violencia simbólica como bien retrata Naomi Wolf en 'El mito de la belleza'.

El debate social con respecto a la depilación no debería girar en torno a su prohibición o demonización. Debemos enfocar el análisis en el por qué el hecho de romper con los parámetros estéticos convencionales coloca a las mujeres en una situación de vulnerabilidad, represión y violencia.

La teoría feminista puede ayudarnos en esta tarea, pero también debe mantenerse alerta ante ciertas trampas: el feminismo no dicta que las mujeres no tienen que depilarse sino que aboga por el derecho a decidir sobre sus cuerpos. O dicho de otra forma, el feminismo no cuestiona las decisiones personales, en este caso, el por qué te depilas, sino que critica las normas y convenciones sociales que imponen que debemos hacerlo.

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