POR QUÉ HUYEN CUANDO LLEGAN LOS SANFERMINES

POR QUÉ HUYEN CUANDO LLEGAN LOS SANFERMINES

Hablamos con pamploneses que huyen de la ciudad en San Fermín

Es la fiesta grande de la capital navarra. Encierros y borracheras en los diez días de fiesta más salvajes de España, quizá del mundo entero. Pero no es plato de buen gusto para todos: algunos habitantes de la ciudad optan por irse lejos. Nos cuentan por qué.

Fiestas de San Fermín
Fiestas de San Fermín | Getty Images

En una de sus innumerables juergas en Sanfermines, a mediados de los años 20, el escritor Ernest Hemingway llegó al hostal en el que se hospedaba con una melopea monstruosa y una prostituta agarrada de cada brazo. Su mujer dormía en la habitación que ambos habían reservado, por lo que pidió la llave de otra al conserje para, así, poder pasar la noche tranquilamente junto a sus dos nuevas amigas.

Apenas media hora después, y en medio de un gran alboroto, ambas jóvenes salían corriendo de la habitación perseguidas por un Hemingway en calzoncillos y profiriendo toda clase de insultos.

Sólo aquellas sufridas meretrices saben lo que podía llegar a ser aguantar a un borracho de la calaña de Hemingway. Pero cualquier pamplonés conoce de primera mano hasta qué punto la cuidad está llena de ellos durante estos días. Y es por ello que, a medida que se acercan estas fechas tan señaladas, preparan las maletas y huyen de la capital navarra tan despavoridos como las prostitutas del hotel de Hemingway.

“Hace unos ocho o nueve años que me voy de Pamplona durante los Sanfermines”, cuenta Mariví, madrileña que lleva 24 años viviendo en la capital navarra. “Alguna vez me quedo al chupinazo y luego me voy, pero este año, ni eso. ¿Los motivos? Sobre todo, el presupuesto: los precios se disparan durante estas fiestas y te gastas muchísimo dinero que podrías aprovechar en hacer otras cosas mucho más interesantes. Hay demasiada gente, sobre todo los fines de semana, y mucho, mucho ruido”, cuenta.

Daniel, un joven de 28 años, también tiene claro que salir de la ciudad durante estos días es el mejor de los planes. Este año se irá a la vecina Francia. “La ciudad cambia muchísimo y se masifica hasta límites inimaginables. Además, no es sólo que todo sea más caro: la calidad de la comida y la bebida empeora muchísimo. Ayer mismo, un amigo se compró un bocadillo que le costó 6 euros y ni siquiera pudo acabárselo de lo malo que estaba”.

Pero quizá lo que más le molesta son los turistas que tratan de imitar al autor de ‘El viejo y el mar’ a base de empinar el codo. “Los guiris borrachos son insoportables. Los peores, los ingleses, aunque los andaluces le siguen de cerca”, apunta.

"¿San Fermines? Para mí son unas vacaciones, estipuladas y establecidas como tal y marcadas en el calendario. El momento perfecto para huir de Pamplona", cuenta Eneko, dueño de una tienda de bicicletas en el casco viejo de la ciudad. Este año ha escapado a la costa mediterráneo en busca de tranquilidad, pero no siempre fue así. "Ha habido años que hemos abierto la tienda en estas fechas y... bueno. Sólo diré que tenías que entrar a la zona haciendo apnea para no respirar”, bromea. "Es para verlo: las caras, la actitud de la gente... Es algo realmente extremo".

Limpiar, limpiar sin parar

Más allá de los borrachos, que los hay, muchos señalan la basura como uno de los principales problemas. Y pese a que el paso de los servicios de limpieza es constante y de una eficiencia sorprendente, la cantidad de basura que se puede acumular en las calles de Pamplona durante los diez días que dura la fiesta es salvaje: cada año se recogen más de un millón de kilos de desperdicios. 1.000 toneladas de bolsas, envases, vidrios, restos de comida, vómito y heces.

Limpiar semejante cantidad de porquería le cuesta al Ayuntamiento más de 500.000 euros. Y por más que desde el consistorio se ha insistido en tratar de concienciar a la gente en la necesidad de no contribuir a ensuciar más de la cuenta, a la gente parece importarle tan poco como a Hemingway sus votos matrimoniales: el año pasado los residuos aumentaron un 6,64%.

Pese a todo, muchas de las personas entrevistadas se afanan en defender la fiesta, al menos en parte. “Es muy complicado encontrar a un navarro que te diga que odia los Sanfermines”, asegura Mariví. “Además, hay que reconocer que en los últimos años se ha mejorado mucho en materia de limpieza: afortunadamente, ya no es lo que era hace años”, añade Eneko.

Mariví también hace hincapié en los esfuerzos por parte del Ayuntamiento de perseguir y denunciar las agresiones sexuales, de las que tanto se habla estos días en los medios de comunicación. “Yo siempre le digo lo mismo a la gente: hay que venir para vivirlo”, apunta Mariví. Quizá el año que viene. O no.

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