UN PASEO POR SPANNABIS

UN PASEO POR SPANNABIS

Hace diez años que no fumo marihuana pero fui a una feria de cannabis

Madrid acogió este fin de semana Spannabis, la cita más importante relacionada del sector de la marihuana. Mucho más que porros.

Spannabis, feria de cannabis en Madrid
Spannabis, feria de cannabis en Madrid | Spannabis

Voy a empezar con una confesión: hace casi diez años que me lié mi último porro. Cuando era más joven fumaba. Mucho durante la adolescencia, de vez en cuando al entrar en la vida adulta. Y de manera esporádica, casi residual, al llegar a los 30.

Ya entonces comenzaron a parecerme más los inconvenientes que las virtudes: mi cabeza, que por sí sola tiene cierta tendencia a dar más vueltas de las que debe, se volvía indomable bajo los efectos de los canutos. Al mismo tiempo, las ganas de hacer cosas disminuían significativamente. Y las ideas que por la noche, estando fumado, me parecían maravillosas se revelaban como basura inútil y absurda a la mañana siguiente. Poco a poco, las risas dieron paso a la apatía, y un buen día del verano de 2008 los porros desaparecieron de mi vida.

Por todo ello, acreditarme para Spannabis 2017 no resultaba, a priori, un plan demasiado apetecible. O al menos, no en la medida en que lo hubiera sido unos cuantos años atrás. No en vano, la feria presume de ser la más importante del planeta en lo que a materia cannabica se refiere. El paraíso del fumeta.

Así lo entendieron, al menos, muchos de los lectores de los medios más conservadores de este país, algunos de los cuales se llevaron las manos a la cabeza al enterrarse de que el Ayuntamiento de Madrid había cedido las imponentes instalaciones del Pabellón de Cristal, en la Casa de Campo, para un evento de esas características. 20.200 metros cuadrados y 200 expositores dedicados a “la apología de la droga”, en palabras de esos mismos lectores. Había que verlo.

Prohibido fumar

La realidad es que sería ingenuo obviar que buena parte de los que se acercan a Spannabis sólo contemplan la marihuana desde un punto de vista puramente recreativo.

Empezando por los grupos de chavales cuyas siluetas se adivinaban tras una densa humareda en el párking, armados con mastodónticos canutos que tumbarían al mismísimo Bob Marley, y siguiendo por la grandísima cantidad de stands centrados en el atocultivo, de cara a que te crezcan unas plantas hermosas y no precisamente para adornar el balcón.

Pero bastó cruzar el umbral del Pabellón de Cristal para confirmar que Spannabis es mucho más: conferencias, gastronomía, música en directo… y todo tipo de parafernalia relacionada con la que probablemente sea la planta más icónica del planeta. Desde camisetas hasta tatuajes, pasando por cervezas e incluso fragancias.

Spannabis contó con 200 expositores y 20.200 metros cuadrados dedicados a la planta más icónica que existe

Y es que la inmensa variedad de expositores de Spannabis, así como la gran cantidad de idiomas que uno escucha hablar a sus miles de asistentes, sirven para hacerse una idea fidedigna de la importancia de un sector que mueve unos 12.000 millones de euros al año en Europa, según datos de Arcview Group, organización que reúne a los distintos actores del mundo del cannabis.

Eso sí: en el interior de las instalaciones, y como no podía ser de otra manera, fumar está prohibido. Fuera, donde actúa un tipo que combina la música electrónica con los hipnóticos sonidos del didgeridoo, ya es otro cantar. El característico olor de la hierba lo inunda todo, en un ambiente festivo en el que hay food-trucks, mesas y gentes de todo tipo y edad.

“Queremos huir del estereotipo de chaval joven, pasota y que escucha reggae”, me cuenta Raúl del Pino, portavoz de la feria. “El cannabis está presente en todas las capas de la sociedad y en ciudadanos de todas las edades. Al fin y al cabo, todo el mundo conoce a alguien que fuma, ya sea de vez en cuando o a diario”. Cierto es.

“Queremos huir del estereotipo de chaval joven, pasota y que escucha reggae”,

Extendido, pero aún ilegal. Del Pino lamenta que, en esta materia, España esté atrasada frente a otros países de su entorno, con multas por tenencia que ascienden hasta los 3.000 euros y que, en el caso del autocultivo y desde la aprobación de la llamada Ley Mordaza, pueden llegar a los 30.000.

“Esto genera muchísima desazón, porque se sanciona fundamentalmente a gente joven sin recursos y cuyas familias tienen que hacer frente a esas multas. España se está quedando atrás. En Italia, el ejército está cultivando la marihuana terapéutica para los enfermos. En Alemania se ha legalizado. En otros lugares del mundo, como Colombia o varios estados de EEUU, también dan pasos decisivos. Y en España, que tenemos una grandísima cultura cannábica, nos estamos quedando atrás. ¿Qué está pasando para que la clase política no se moje con este asunto?”, se pregunta el portavoz de Spannabis.

Si en algo existe un mayor consenso, incluso entre la gente que no comparte la legalización de la marihuana, es en la necesidad de regularla con fines terapéuticos, dadas las demostradas propiedades medicinales de la planta.

“El cannabis se ha usado como medicina durante cientos de años”, explica Alberto Sainz Cort, psicólogo y especialista en neurociencia. Cort trabaja para Green House Medical y colabora con la organización ICEERS, y pronunció una de las muchas ponencias dedicadas a los usos medicinales del cannabis. En concreto, las que estudian el potencial de los cannabinoides en la lucha contra las enfermedades psicóticas.

Consumir sin viajar

Sí: has leído bien. A pesar de que muchos estudios establecen una relación entre el consumo de cannabis y la posibilidad de desarrollar enfermedades como la esquizofrenia, algunos componentes de la marihuana pueden servir precisamente para mitigar dichas dolencias.

La clave está en que el componente psicoactivo del cannabis, el tetrahidrocannabinol (THC), es sólo uno de los muchos que lo conforman. Otros, como cannabidiol (CBD) -presente en mayor cantidad en derivados como el hachís-, causan el efecto contrario, así como una serie de beneficios directos en pacientes con dolencias de todo tipo, desde el citado cáncer o la esclerosis múltiple o la epilepsia.

Es por ello que son muchos los pacientes, como la presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal, Carola Pérez, han encontrado en su consumo, generalmente vaporizado o administrado vía sublingual, un alivio idóneo para sobrellevar el dolor. Y todo ello, sin sufrir las consecuencias. Porque no: no a todo el mundo le agradan los efectos psicoactivos del cannabis.

Una cosa queda clara tras visitar una feria de las dimensiones de Spannabis: el uso de la marihuana, ya sea lúdico o terapéutico, parece una realidad demasiado arraigada en nuestra sociedad como para seguir mirando hacia otro lado o ejerciendo un paternalismo desde el Estado que no se manifiesta en el caso de drogas igual o más peligrosas, como el tabaco o el alcohol.

La persecución del consumo de cannabis se ha demostrado inútil, y sus beneficios en el campo de la medicina parecen estar basados en evidencias más que suficientes como para abrir la mano. Y pese a ello, no: ni siquiera en el caso de que la marihuana fuera completamente legal volvería a fumar.

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