UNA EXPERIENCIA EXTRASENSORIAL EN PRIMERA PERSONA

UNA EXPERIENCIA EXTRASENSORIAL EN PRIMERA PERSONA

James Turrell y las alucinaciones inducidas

Después de casi dos meses en la lista espera, Amarna Miller consiguió visitar la 'Light Reignfall', la exposición permanente del artista James Turrell en el LAMCA de Los Ángeles

La actriz y escritora Amarna Miller visitó la instalación de James Turrell en el LACMA.
La actriz y escritora Amarna Miller visitó la instalación de James Turrell en el LACMA. | A.M.

Turrell es un artista, y cómo tal, observa y reflexiona sobre aquellos matices de la vida que son invisibles a los ojos de los no entrenados. El cerebro adiestrado en las artes sabe analizar los tonos que pasan desapercibidos cuando observamos un color. El degradado rojizo que arrasa nuestras retinas cada vez que el sol traspasa el cristal de la ventana. Las sombras violetas que se levantan en la carne humana durante una noche oscura.

Pero aunque tengamos nuestros sentidos instruidos en entender los más sigilosos detalles de la creación, nuestra manera de entender el mundo sigue estando claramente limitada por nuestros sentidos. Podemos nombrar, catalogar y analizar únicamente todo aquello que podemos percibir, pero no todo aquello que existe. Y por tanto, ¿no es ese concepto al que tan rotundamente nos referimos como "la realidad" un simple campo de juego, que podríamos manipular?

Después de tener que aguantar dos meses pacientemente en la lista de espera, conseguí comprar un par de entradas para 'Light Reignfall', la instalación permanente que Turrell tiene en el Museo de Arte del condado de Los Angeles -LACMA- desde mayo de este año. Las reseñas a las que había echado un ojo definían la obra como una maravilla para los sentidos así que cuando la semana pasada conseguí sentarme en lo que el artista define como 'Perceptual cells' (estructuras cerradas que proveen de una experiencia inmersiva a un único espectador). No cabía en mi de emoción.

Para visitar 'Light Reignfall' hay que firmar un consentimiento. | A.M.

La cápsula tiene forma de esfera perfecta, sujeta al suelo del museo por vigas metálicas. Unas escaleras conducen al espectador a una camilla blanca que sobresale por uno de los lados de la estructura. Se trata de una superficie acolchada y con rieles a los lados que permite que una persona pueda introducirse tumbada dentro de la esfera. Parece recién sacado de '2001: Una odisea en el espacio' y todo tiene un aire aséptico y un tanto alienígena. Como si hubiesen traído del futuro una máquina de viajar en el tiempo y la hubiesen plantado aquí mismo, en medio del museo.

Un segundo vistazo al artilugio me hizo recordar algunas de las máquinas que he visto en hospitales, algo así como un escáner TAC, pero mucho más grande. Hay pases cada 15 minutos en los que un único espectador se introduce dentro de la esfera tumbado en la camilla y disfruta de la obra durante 11 minutos. Una experiencia única dirigida a un único usuario, algo prácticamente imposible de concebir en un museo.

Hay dos asistentes vestidos con batas de laboratorio que le añaden un aire aún más higienizado a la escena. Me hacen firmar unos papeles en los que básicamente exonero de toda culpa y responsabilidad al museo en caso de padecer algún ataque o condición física mientras estoy disfrutando la obra. De alguna manera firmarlo me hace sentir inquieta. Me preguntan si quiero la experiencia 'soft' o la 'hard'. Por supuesto, elijo la más intensa.

Me descalzo, me quito las gafas y me tumbo en la camilla. Me tienden unos auriculares que he de llevar puestos durante el visitando de la obra y un mando de emergencia con un botón que puedo pulsar si quiero salir de la cápsula antes de tiempo. La chica empuja la camilla, introduciéndola dentro de la esfera totalmente pintada de blanco. La superficie es tan brillante que no sé percibir su profundidad. Tengo ganas de levantar los brazos para ver si puedo tocar el techo pero me mantengo quieta, concentrada en cualquier cambio que pueda suceder.

Después de un minuto, empiezo a escuchar un ruido ambiental muy ligero a través de los auriculares, casi como el sonido que las televisiones antiguas hacían cuando estaban mal sintonizadas. El ruido estático va subiendo de volumen pero no es molesto y rápidamente me acostumbro a él. La superficie curva que tengo delante de mi empieza a cambiar de color y pasa a ser verde pistacho. Lo primero que pienso es, ¿cómo puede estar pasando? ¿Hay proyectores colocados a los lados, que no he visto al entrar?

Intento concentrarme en el baile de colores que pasa ante mis ojos. Cada color se degrada en el siguiente tono (verde, azul, amarillo, rojo) primero muy despacio pero cada vez más deprisa. Los colores pasan tan rápido que repiquetean contra mi cerebro y me sorprendo a mí misma conteniendo la respiración. Cada vez que el rojo retumba en la proyección, se me pone la piel de gallina.

Turrel propone una experiencia inmersiva. | A.M.

La sucesión de colores va in crescendo como si se tratase de la parte clave de una canción, un estribillo perceptivo. Me doy cuenta de que ciertos patrones se repiten en los colores que van pasando ante mis ojos: rombos, cuadrados, incluso algo parecido a una flor de lis que se diluye y aparece y desaparece como en una alucinación lisérgica. Llegado cierto punto la sobrestimulación es tan grande que no tengo claro si tengo los ojos abiertos o cerrados y levanto las manos - esta vez sí - simplemente para entender en qué plano de la realidad está mi cuerpo. Respiro despacio y me giro hacia los lados de la camilla, entendiendo que sigo en la esfera y que esto es simplemente brutal. Los colores vuelven a su estado letárgico y desaceleran el ritmo de aparición. Volvemos a los degradados suaves, los atardeceres de las pupilas.

Cuando empiezo a acostumbrarme a los colores me sacan de la esfera tirando de la camilla. Estoy un poco mareada pero con una sonrisa de oreja a oreja.

La instalación me recuerda inevitablemente a un tanque de privación sensorial. Esas cápsulas llenas de agua salada donde flotas meditando sin ningún tipo de estímulo. Pero en este caso funciona exactamente al contrario, 'Light reignfall' es un tanque de sobre saturación, donde tus sentidos tienen que procesar un nivel de información tan grande que te hace perder la noción del espacio tiempo. Nuestros sentidos actúan como un embudo que descompone la información que nos lanza la realidad pero si conseguimos emborronar los bordes del embudo llegamos a palpar con la punta de los dedos lo que es un estado de conciencia alterado.

Hay que esperar hasta dos meses para ver 'Light Reignfall'. | A.M.

Horas mas tarde leería que Turrell aprovecha el llamado 'Ganzfeldt effect' para componer sus obras. Se trata de un fenómeno de la percepción a través del cual nuestro cerebro toma una imagen recibida y la "completa" a través del cortex visual, creando en nuestra mente imágenes que realmente no estamos viendo. Los rombos, cuadrados y flores de lis que creí observar en las proyecciones de color no eran sino alucinaciones creadas por mi cerebro.

Lo que James propone a través de su trayectoria artística es interactuar con nuestra propia percepción del mundo, obligando al cuerpo a reaccionar y reflexionar ante diversos efectos lumínicos. Somos nosotros los espectadores los que finalizamos la obra artística, canalizando las intenciones de Turrell a través de nuestro cuerpo. La obra no existe sin la interactuación del usuario, y esto le convierte en sujeto activo de la creación artística.

Adoro el arte contemporáneo.

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