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De Polybius a La Ballena Azul: así son los juegos que matan

‘La Ballena Azul’ es el último juego virtual sospechoso de provocar una oleada de suicidios entre los jóvenes. El fenómeno es frecuente desde principios de los ochenta, pero enmascara algo mucho más antiguo y oscuro que los videojuegos.

El juego de la Ballena Azul
El juego de la Ballena Azul | El juego de la Ballena Azul

Está ocurriendo de nuevo. Desde la semana pasada, una chica de 15 años se encuentra ingresada en la unidad de psiquiatría de un hospital de Barcelona después de participar en un juego online que supuestamente la incitó a suicidarse, La Ballena Azul.

El juego consiste en una serie de retos planteados por un ‘curador’ a través de Facebook o Snapchat que hay que ir superando. Por ejemplo, ver ciertas películas de terror o tatuarse una ballena en el brazo con unas tijeras. Una especie de yincana tan macabra como absurda en la que la violencia de las pruebas propuestas va progresando sin que aparentemente el jugador obtenga nada a cambio. Para superar el último desafío, hay que quitarse la vida.

Juegos que matan niños

No es el primer juego que mata. Cuenta la leyenda que en 1981, un videojuego conocido como ‘Polybius’ apareció en las salas de recreativos de Portland, Oregón. Su dinámica era muy similar al famoso Arcade de los marcianitos: el jugador manejaba una nave espacial y tenía que disparar a una serie de enemigos.

El juego, sin embargo, se hizo muy popular, llegando a convertirse en una auténtica adicción para muchos jugadores. Hasta que un joven murió de un ataque epiléptico y tuvieron que retirarlo, haciéndolo desaparecer para siempre de la circulación.

Mensajes subliminales

Algunos dijeron que ‘Polybius’ estaba plagado de mensajes subliminales. Frases como “Kill yourself” (“Suicídate) o “Surrender” (“Ríndete”) cruzaban la pantalla a una velocidad casi imperceptible para el ojo humano, influyendo el subconsciente de los jugadores, algo que unido a los vivos colores y al parpadeo de las luces del juego producía mareos, tics nerviosos, amnesia, ataques de epilepsia y pesadillas. También tendencias suicidas, lo mismo que ‘La Ballena Azul’, 36 años más tarde.

‘Polybius’, por supuesto, no existió nunca. Su leyenda, no obstante, prefiguró la mala fama de algunos videojuegos, una fama que también compartieron los juegos de rol y que en la actualidad todavía arrastran.

En 2014, por ejemplo, se sospechó que el famoso juego ‘Call of Duty’ podía estar detrás de la muerte de un chico de Manchester que apareció asfixiado en su cuarto después de haber estado jugando al mismo. Otros dos aficionados habían hecho lo mismo los años anteriores. En 2004, los padres de un niño demandaron en China a la distribuidora de ‘Warcraft III’ después de que su hijo se arrojara por la ventana. Había dejado una nota diciendo que quería unirse a sus héroes.

Leyendas urbanas o amenazas

Suponer que el suicidio puede propagarse entre los adolescentes, como la peste negra o la última canción de Rihanna es ignorar el instinto de supervivencia que hay en el corazón de los seres humanos, por muy jóvenes o estúpidos que estos sean. No obstante, la Historia demuestra que hay algo de racional en el pavor que La Ballena Azul ha despertado en los padres.

En las sociedades antiguas, efectivamente, uno de los momentos cruciales en la vida de cualquier joven era aquel en el que dejaba de ser niño y, mediante un ritual, se convertía en adulto. El dolor era el vehículo por el alcanzaban la madurez.

Es lo que se conoce como ‘rito de paso’, que iniciaba al niño en la vida adulta y que podía consistir en el espeluznante secuestro del crío por parte de un monstruo, en su peregrinación por el desierto o en ser abandonado en un agujero durante varias horas.

Rituales antiguos

Lo más frecuente, sin embargo, era que al niño se le hiciera algún tipo de mutilación o corte, como el que ahora parece ser que algunos adolescentes se están procurando en los brazos en forma de ballena. Peor era el ritual dominante entre la tribu de los Satere-Mawe en el Amazonas, consistente en enfundarse durante 10 minutos un guante lleno de hormigas paraponeras. La picadura de este insecto duele como el disparo de una bala.

En nuestra sociedad no existen ya ‘ritos de paso’. El empeño por lograr la felicidad, entendida esta como la dicha sin mácula que solo llegan a conocer las criaturas de Disney, ha disminuido nuestra resistencia del dolor hasta hacerla caber en una taza de Mr. Wonderful.

Solo quedan algunos vestigios de los viejos ritos, como por ejemplo la bofetada que el sacerdote propina a los adolescentes en el sacramento de la Confirmación, pero se han suavizado tanto que han perdido toda su carga iniciática.

La violencia, no obstante, siempre encuentra su camino de vuelta. Si no fuese con ‘La Ballena Azul’, sería con otra cosa.

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