MUCHOS JÓVENES YA NO QUIEREN TENER COCHE

MUCHOS JÓVENES YA NO QUIEREN TENER COCHE

¿Por qué hay millennials que ni tienen coche ni se sacan el carné de conducir?

La época en la que para ser un adulto de éxito había que comprar un vehículo parece tocar a su fin. Cada vez son más los jóvenes urbanos que pasan olímpicamente de tener coche.

Un atasco de coches
Un atasco de coches | Agencias

Échate novia, métete en una hipoteca, ten hijos y cómprate un coche. O dos.

Lo que durante varias generaciones pareció un mantra constante, sinónimo inequívoco de una vida provechosa, parece perder fuerza a gran velocidad. Los jóvenes que deciden vivir solos y en alquiler se multiplican. Las parejas sin hijos ya no son percibidas como infelices o egoístas. Y el coche, el símbolo de estatus social por antonomasia, interesa cada vez menos a la juventud.

Los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT) hablan por sí solos: el número de conductores jóvenes ha descendido un 31% desde 2009. Y si nos vamos más atrás en el tiempo, la cosa sigue cayendo en picado: en 1970, un 20% de los conductores tenía entre 18 y 24 años, un porcentaje que hoy a duras penas alcanza el 8%. ¿Qué nos está pasando?

La acuciante crisis económica que ha vivido España podría ser parte de la explicación. Sin embargo, el cambio de modelo parece un fenómeno más complejo que trasciende las fronteras españolas y europeas.

"Tras la Segunda Guerra Mundial, el coche se convirtió en un símbolo de madurez, prosperidad y libertad. Para los jóvenes americanos, adquirir un automóvil era considerado como un rito de entrada en la vida adulta. Y para las familias, era símbolo de buena vida. Los tiempos han cambiado: el coche ya no es un símbolo de libertad", señalaba un estudio realizado en Estados Unidos por Frontier Group y la organización US PIRG en 2014.

Maneras de vivir (y de moverse)

La libertad, ese concepto tan ambiguo. Los anuncios de coches venden constantemente libertad con eslóganes que invitan a comprarlos para vivir experiencias únicas. Coches que se mueven a gran velocidad por calles desiertas. Coches conducidos por gente guapa. Coches que te dan independencia, valor, seguridad en ti mismo.

Y pese al innegable poder de la publicidad, los jóvenes parecen no creerla a pies juntitas. Quizá, porque cada vez que salen a la calle ven ruidosos e interminables atascos. O quizá, porque nada hay menos libre que alguien atado al pago de un artículo tan caro, casi de lujo, como un coche.

Y es que el gasto que implica tener un automóvil en propiedad no es moco de pavo. Y no sólo en lo que se refiere al cuantioso desembolso inicial: si a ello se le suma el mantenimiento, el combustible, el seguro y los impuestos, un vehículo -normalito- viene a costar unos 2.000 euros al año, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE). Como para pensárselo dos veces.

Pero más allá del dinero, ¿es práctico tener un coche? De nuevo, la vida real es muy diferente a la de los anuncios de la tele. La velocidad media del tráfico en el primer cinturón de Madrid roza los 10 km/h, que ascienden hasta los 20 en el caso del segundo. Datos similares se producen en Barcelona, con 16 m/h de media.

Una lentitud que no desanima a la gran mayoría de los conductores, sobre todo a los de más edad. De hecho, el clásico "ir en coche hasta a por el pan", también se refleja en los datos del IDAE: el 50% de los trayectos motorizados son de menos de tres kilómetros, e incluso un llamativo 10%, de menos de 500 metros. Así somos.

Para los jóvenes, al menos los que viven en áreas urbanas, las alternativas al coche en materia de movilidad parecen más apetecibles, especialmente de cara a poder dedicar ese dinero al último modelo de teléfono móvil o a una nueva tablet. Y así, de manera paralela a la caída de interés por el vehículo privado, el uso del transporte público y de vehículos como la bicicleta está en auge. Un ejemplo: en 2015, y por primera vez desde que existen registros, se vendieron en España más bicicletas que coches.

Con carné, pero sin coche

"Me saqué el carnet hace nueve años y sólo he conducido una vez desde entonces. No tengo coche, ni intención de tenerlo", explica Laura Granell, valenciana de 29 años.

"En la ciudad, siempre me he movido con mis propias piernas o en bicicleta. Y para hacer viajes tampoco es necesario. Ni siquiera he alquilado nunca un coche: hay muchas opciones de transporte público", añade.

Teresa Valcárcel, también de 29 años y sevillana, lo tiene igual de claro. "No tengo coche porque me parece carísimo", cuenta.

"Vivo en el centro y aparcar es imposible. Además, no me da mayor libertad, pues entre atascos, que me provocan ansiedad y estrés, y la búsqueda de aparcamiento, tardo mucho menos en transporte público, andando o con las bicicletas del Sevici. ¿Que en qué empleo el dinero que ahorro? Básicamente, en vivir mejor: hasta sale más barato ir en taxi a todas partes", nos explica.

En ciudades más grandes, como Madrid, el paradigma se repite. Luis Ruiz, de 27 años, tampoco quiere saber nada de automóvil, al menos a la hora de moverse por las calles de la ciudad. De hecho, ha convertido su vehículo habitual, la bicicleta, en su forma de vida, dado que trabaja como bicimensajero.

"La bici activa partes de la personalidad que benefician la autoestima, la condición física y el buen humor, aparte de que no contamina. No considero que el coche no sea necesario, sino que la ciudad no es su hábitat. Cada cosa tiene su lugar, y, al igual que no tomo cerveza para desayunar, el coche no es apto para todas las facetas de la vida. Está bien en trayectos largos, para llevar cargas pesadas o en caso de urgencias como atenciones hospitalarias, pero poco más", afirma.

Parece evidente que el futuro en materia de movilidad urbana está dando un giro de 180 grados. Al menos, así se desprende de la manera de desplazarse que tienen los grandes protagonistas de ese cambio: los jóvenes.

¿Serán las ciudades del mañana lugares más amables, seguros, limpios y silenciosos?

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