EL ZOÓTROPO, O RUEDA DEL DIABLO, EL ANTECEDENTE MÁS ANTIGO DE LOS GIFS ANIMADOS

EL ZOÓTROPO, O RUEDA DEL DIABLO, EL ANTECEDENTE MÁS ANTIGO DE LOS GIFS ANIMADOS

Querido community manager, te presento al tatarabuelo del gif animado que tanto usas

Los GIFs animados están de moda. El hecho de que Facebook, WhatsApp, Telegram o Twitter hayan permitido que se integren fácilmente en sus plataformas es la prueba de que esta forma de comunicación se ha popularizado en las redes sociales. Los hay de todo tipo: caras que expresan emociones, fragmentos de escenas de películas conocidas y desconocidas, psicodélicos o capturas de momentos de la actualidad mediática.

Instalación artística de la artista Leah Reynolds basada en el Zoótropo
Instalación artística de la artista Leah Reynolds basada en el Zoótropo | Leah Reynolds

Revisemos un momento qué define al GIF y lo diferencia de otros formatos:

Primero. Un GIF es una pieza que se reproduce en bucle.

Segundo. Un GIF es una pieza que no tiene sonido.

Tercero. Un GIF sintetiza en una imagen una idea/emoción/reflexión, que con palabras probablemente implicaría más complejidad.

Y cuarto. Un GIF no suele tener autoría.

“La gramática del GIF se constituye desde los restos de las estéticas del audiovisual contemporáneo. Si la producción audiovisual fuera una fábrica de telas, los GIFs serían los retazos que quedan al final de cada jornada de explotación", comenta Lucas Tello en Micronarrativas Audiovisuales.

"En las narrativas televisivas, cinematográficas y de la publicidad se tiende a ordenar el discurso en torno al momento espectacular, al instante del impacto sobre el espectador. El GIF, como expresión visual mínima, condensa la fastuosidad del momento y la reproduce en bucle”, añade.

Lo que ocurre es que casi como cualquier otra disciplina o práctica comunicativa contemporánea, los GIFs animados pueden encontrar claros antecedentes en los orígenes del cine.

Desde el famoso caballo de Muybridge que siempre se estudia como claro ejemplo de ilusión de movimiento, y como el momento en que la fotografía se empezó a transformar en cine, o hasta o a los más primitivos Flip Books.

File:Muybridge race horse animated.gif

Y, quizás, el antecedente más claro y de los más antiguos de lo que supone un GIF animado es el Zoótropo. De etimología griega Zoós, un adjetivo que significa "vivo" (aquí en el sentido de "activo") y 'Tropé', un sustantivo que designaba tanto la revolución del sol o el punto en el que se vuelve, y el "solsticio" (de ahí el punto de fuga).

El eslabón perdido del GIF

El Zoótropo es una máquina estroboscópica creada en 1834 por el matemático británico William George Horner, compuesta por un tambor circular con unos cortes, a través de los cuales mira el espectador para que los dibujos dispuestos en tiras sobre el tambor, al girar, den la ilusión de movimiento.

 

El Zoótropo no deja de ser un viejo artilugio que nos recuerda el funcionamiento básico de la imagen en movimiento. En internet, puedes ver cómo hacer tu propio Zoótropo, una versión 3D del mismo (que explica en realidad también el funcionamiento básico de la animación), un spot de una conocida marca de tecnología que instaló en medio de una calle un Zoótropo 2.0 gigante, incluso es posible adquirirlo en Amazon.

Y si el Zoótropo contiene algo que sigue presente en el GIF animado, y en lo que deberíamos detenernos, es en el 'loop', el bucle. Puede que la propia idea de bucle está muy inserta en nuestra noción de cultura digital.

Como se pregunta Chris Baraniuk en este brillante texto (en inglés) titulado 'La rueda del diablo: sobre vines y GIFs y el poder del bucle': “¿Por qué no deberían ir los vídeos en bucle? Crear 'loops' es realmente fácil con la tecnología actual. Pero lo que deberíamos preguntarnos es si la capacidad incesante del bucle destruye toda noción de principio, de fin, de ser, de progreso… nuestra intención de conseguir algo”.

No en vano, el Zoótropo era conocido también como “La rueda del diablo”.

Y en un contexto de democratización en el acceso a medios para crear contenidos, quizás estemos ante multitud de diablos sonrientes y malvados que juegan a producir bucles infinitos y a los que como dijo Charles Beckett refiriéndose a la escritura contemporánea “no importa mucho quién dijo qué”.

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