EL MATRIMONIO CRUZA SU ÚLTIMA FRONTERA

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Sologamia, o el rito de casarse con una misma

Laura Mesi, una profesora de fitness italiana de 40 años, se ha hecho viral en todo el mundo después de colgar en Facebook las fotografías de su boda. En las imágenes, tomadas en una villa de la Lombardía la semana pasada, se ve a Mesi con un vestido blanco de novia, rodeada de sus damas de honor y luciendo un anillo de diamantes. Parece una boda como las demás, tan hortera como la mayoría, hasta que advertimos la inquietante peculiaridad de que no hay ni rastro del novio, ni de otra mujer que pose junto a Mesi.

Laura Mesi, en su auto boda
Laura Mesi, en su auto boda | Facebook

Ni siquiera sobre la tarta aparece la pareja de la italiana: corona el pastel la figura solitaria de una novia, sosteniendo un ramo de flores. Como la propia Laura, a la que en una de las imágenes vemos cortando ella misma la tarta.Sorprendentemente, parece muy contenta. No es que la abandonaran en el altar: Laura Mesi está celebrando lo que en inglés se conoce como self-marriage (algo así como auto-matrimonio) o sologamy (sologamia).

En efecto, después de que su relación de 12 años terminara en 2015, Mesi decidió que se casaría consigo misma. “Les dije a mis amigos y familiares que si no había encontrado a mi alma gemela en mi 40 cumpleaños, me casaría conmigo misma”, declaró hace unos días la peculiar novia al diario italiano La Repubblica.

“No rechazo a los hombres. Si un día encuentro a uno con el que pueda planear un futuro seré feliz, pero mi felicidad no depende de él. Esta es la boda de mis sueños, solo que sin el Príncipe Encantador”.

Laura Mesi tiene el mérito de haber destacado en los periódicos la sologamia, pero no es es la primera mujer que decide celebrar una de estas bodas. Ya en 1993, una americana llamada Linda Barker hizo lo propio en una ceremonia con 75 familiares y amigos, la primera boda de estas características que se recuerda, que por supuesto carece de reconocimiento legal.

“Se trata de hacer las cosas por una misma y no esperar a otra persona que haga que sucedan”, dijo entonces Barker. Diez años después, la sologamia se puso de moda en todo el mundo cuando, en un episodio de ‘Sexo y Nueva York’, Carrie Bradshaw decidió casarse consigo misma, cansada de asistir a las de sus amigas. De nuevo, en 2010, uno de los personajes de la serie musical ‘Glee’ celebró una de estas bodas en solitario.

También en España hemos sido testigos de algunas: en 2015, la popular escritora Diana Aller tomó los votos consigo misma, rodeada de sus amigos. “Siempre he tenido una lucha interior con respecto a los casamientos”, explicó en su blog.

“Por un lado, me encanta la estética del lujo de alquiler, los vestidos nupciales, los banquetes, los ritos iniciáticos, la pompa festiva, y reunir a los amigos para celebrar algo. Por otro, me espanta la simbología tradicional de un padre entregando a su hija a otro hombre, el discurso interiorizado de la exclusividad y la eternidad en lo bueno y en lo malo, o las familias opinando”.

“¿Por qué me caso conmigo misma?”, se preguntaba en 2011 la activista May Serrano, de Mujeres Imperfectas. Y enumeraba los siguientes motivos: “Porque me quiero; me hago reír; no puedo vivir sin mí; tengo muchos proyectos para realizar conmigo; no imagino el futuro lejos de mí; me gusta meterme en la cama y acurrarme a mi lado; quiero hacer público mi compromiso hacia mí misma; quiero cuidar de mí el resto de mi vida; me necesito”.

Un vistazo a los resultados que en Instagram devuelve la busca del hashtag ‘selfmarriage’ sirve para comprobar que la sologamia es uno fenómeno femenino, y, para muchos, feminista. Casándose con ellas mismas, estas mujeres parecen querer cumplir con el destino nupcial que la sociedad todavía parece esperar de ellas, pero aprovechando el acto para celebrar su independencia.

“Amarse a uno mismo es el inicio de un romance que dura toda la vida”, dijo Oscar Wilde, y es la idea que parece subyacer detrás de este tipo de bodas, a caballo entre una novela de Jane Austen y un libro de autoayuda.

Otras feministas lo ven con malos ojos. Para Eva Wiseman, una periodista británica, la sologamia, lejos de ‘empoderar’ a las mujeres, solo perpetúa el problema de fondo. “En lugar de darle una patada al sistema y decir: ‘No necesito a un hombre para sentirme completa’, se lee como ‘pero necesito una boda’, opinó en su artículo el pasado mes de febrero.

“Es la última concesión al sistema. Reconoce el matrimonio como la única manera de estar completa. Pero en lugar de un romance entre la novia y su prometido, se trata de un romance entre la novia y la boda en sí misma. La industria nupcial debe de estar frotándose las manos”.

Efectivamente, cada vez son más las empresas dedicadas a organizar este tipo de eventos. Como la canadiense Marry Yourself Vancouver, o, en Japón, Cerca Travel, que por cerca de 3.000 euros ofrece un paquete de vestido, maquillaje, peluquería y cobertura fotográfica. Laura Mesi se gastó 10.000 en una ceremonia para 70 invitados y un viaje de luna de miel a Egipto. Tal vez la verdadera pega de estas bodas es que a uno le sigan invitando.

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