SOSTIENE TAMBIÉN QUE NO HAY PAÍSES DIGITALMENTE LIBRES

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Stallman: "Venezuela necesita otro Hugo Chávez, porque Maduro es el terror"

El mito de de la informática y padre del sistema GNU visitó recientemente España para impartir conferencias sobre el software libre, la causa en la que ha empeñado su vida. Hablamos con él sobre libertad, multinacionales, política, cambio climático...

Richard Stallman en su reciente visita a Sevilla
Richard Stallman en su reciente visita a Sevilla | Isaac Fernández

El día antes de mi entrevista con Richard Stallman en Sevilla, recibí un correo con indicaciones que esta leyenda viva de la informática había enviado a los organizadores del evento en el que iba a participar, una convención sobre seguridad informática con asistencia de 400 hackers.

Nadie nunca me había dado tantas pautas acerca de qué debía preguntar o no durante el encuentro o qué temas tenía que estudiar previamente.

“A veces los periodistas dan una respuesta vagamente afirmativa o que suena complaciente, pero que realmente no significa un 'sí'”, se leía en el mail.

Había escuchado mucho hablar de él, de sus extravagancias, y aquella letanía de normas me había aproximado aún más a la idea de lo que podía encontrarme.

“¿Stallman? Uf, suerte con él”, me deseó un amigo programador. Sin embargo, en la mañana de nuestra cita todo fue mucho más tremendo de lo que pudiera imaginar.

Stallman (Nueva York, 1953) llegó a la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Sevilla casi una hora antes de su conferencia. Con un polo azul sucio, el pelo graso y enmarañado, la barba larga, la voz de trueno.

Había ya algunos seguidores esperando a hacerse fotos con él. Los despachó enseguida: “¡No me hablen tan rápido!”, “¡No me hagan perder mi tiempo!”, bramó en su perfecto español mientras colocaba su merchandising sobre unas mesas.

“Si piensa hacerme una foto, quite la función de geolocalización. Y no la suba a Facebook, porque es el mal. Ni a WhatsApp ni a Instagram, porque esos son los tentáculos del mal”, le riñó a un estudiante imberbe, que bajó la cabeza y acabó guardando su móvil en el bolsillo.

Mucho antes de todo esto, antes de convertirse en un divo astroso y paranoico que rehúsa dormir en hoteles, porque teme que sus datos queden registrados, Stallman fue sólo un chico que se formaba en la América de los años 70.

Y tal vez antes de que le crecieran la barba y el ego, fue también un alumno postadolescente con ganas de aprender y la misma actitud que aquel chico al que acababa de despachar sin piedad.

En esa época, en fin, en la que el idealismo y la contracultura eran parte del mundo académico, se fue formando la ideología de Stallman. Fue un destacado estudiante de Física en Harvard. Enseguida, gracias a sus capacidades, se convirtió en un hacker del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT.

La informática era entonces un campo naciente y el joven Richard creyó ver en él, como muchos otros, una enorme ventana a la libertad y a la comunicación. Sin embargo, a comienzos de los 80 varias compañías terminaron de limitar el software libre para asegurarse de que el mundo navegaría de forma privativa. Y él no pudo sino dar un zapatazo y rebelarse.

Ahí empezó su lucha a favor de la libertad en la red y contra los abusos relacionados con el uso de datos y el cobro a los usuarios. Creó entonces su propio sistema operativo, GNU, una manera de proceder en libertad y bajo los parámetros de la ética.

Nunca imaginó la enorme repercusión que alcanzaría. Tres décadas y media después, llena 400 butacas de un salón de actos en Sevilla, un sábado por la mañana, y mantiene a su joven audiencia atónita durante dos horas y media.

También a mí, pues ha decidido que dejemos la entrevista para luego aunque hubiéramos acordado que hablaríamos media hora antes de su charla: “Tendrá que esperarme y escucharme”. Vale.

Una vez que termina su baño de masas, en una sala destartalada, nos dejan al fin solos. Está respondiendo algunos mails y, sin dejar de mirar a su pantalla, me riñe: “Me apena que haya venido con un ordenador Apple”.

Su escueto portátil fue un día un IBM; hoy, sólo contiene software libre: “Todos deberíamos hacer el esfuerzo de liberarlos, el ciudadano debe participar en esta y otras luchas, debe implicarse contra males de nuestro tiempo, como el espionaje”.

Stallman lleva toda su vida viajando por el mundo para concienciarnos del lado más siniestro de las marcas que compramos, de las aplicaciones que descargamos o de las redes sociales en las que consumimos nuestro tiempo y regalamos nuestra intimidad.

Mientras se mesa la barba y mira al infinito, comienzo a preguntar.

Richard Stallman | Isaac Fernández

¿Sigue pensando como en su juventud que la informática puede hacernos más libres?

En los años cincuenta, había muy pocos usuarios de computadoras pero entre ellos había muchos que utilizaban software libre. Yo comencé a usar ordenadores en el año 1969, una fecha en la que había tanto privativo como libre. Pero en esa época los sistemas operativos sí solían ser libres.

Cuando fui a la universidad, en Cambridge, investigaba todos los laboratorios y encontré el de Inteligencia Artificial del MIT. Me encantó porque sólo tenía software libre. Allí me dieron trabajo como desarrollador.

Mi tarea consistió en contribuir en los programas libres que facilitaban la labor del laboratorio. Entonces descubrí sus ventajas, vi que aquello era una vida fundamentada en colaborar. Apreciaba mucho esa libertad, no sólo yo sino todos los desarrolladores que trabajábamos allí.

¿En qué momento vio que iban a tener que batallar para mantener aquella filosofía?

Fue más tarde cuando descubrimos las verdaderas posibilidades de nuestra investigación. Durante los 60, y hasta 1981, no me parecía sentirme amenazado. Estaba contento con mi trabajo pero fuera del laboratorio el software libre había ido desapareciendo, sólo existía el privativo, toda una comunidad había sido destruida por conflictos comerciales.

Al mismo tiempo, la computadora con la que trabajábamos en la universidad había quedado obsoleta y los nuevos modelos eran solo privativos. Me di cuenta de que había perdido una oportunidad y mi libertad. La única manera de escaparme fue desarrollar una nueva comunidad libre, que es lo que hacía falta.

Aplicado a la vida, los conceptos que maneja son claramente izquierdistas y están muy vinculados a la contracultura de los años 70. ¿El software tiene ideología?

No sigo corrientes artísticas ni ideológicas pero el software libre combina una influencia capitalista, una socialista y una anarquista, todas están en las ideas del movimiento. Por ejemplo, no estamos en contra del negocio, de vender copias de software libre o desarrollo, soporte… todo esto es legítimo.

Estamos a favor del negocio pero en contra de los que no respetan la libertad de los usuarios. No nos negamos al capitalismo salvo cuando somete a las personas. Si un estado comunista somete a las personas, también nos oponemos.

Otro ejemplo, el socialismo está patente en nuestra lucha en cuanto a que creemos en generar programas libres y en publicarlos publicarlos para mejorar el mundo, para que estén disponibles para todos. Igualmente, también reivindicamos limitar el poder de propiedad para someter a las personas.

No queremos acabar con la propiedad privada. Si tienes una copia de un programa libre, esta es de tu propiedad, mientras que con el privativo no te pertenece a ti sino a la empresa”.

Richard Stallman en España | Isaac Fernández

¿Un hacker de entonces era por fuerza un idealista? ¿Debe serlo hoy?

Un hacker es alguien que suele usar su inteligencia con un espíritu juguetón. En cualquier campo, no necesariamente con computadoras. Se trata de ir en la dirección incorrecta en una escalera mecánica.

Usar un sistema pero no de la manera concebida para usarlo. Es una manera de jugar, un cambio de las reglas. En mi caso, como hacker siempre he jugado pero con un objetivo. Hay una expresión de los hackers, “Ha, Ha, Only Serious”, HHOS, que significa que les gusta bromear pero con algo serio al fondo de su intención.

Lamento formularle así esta pregunta: ¿En qué momento vio que su lucha era una batalla perdida?

Hace más o menos 15 años empecé a ver que nuestra lucha iba a ser compleja. No tomé nota del momento, simplemente lo supe. Tenía dos opciones, seguir luchando o rendirme. Escogí la primera. Rendirse garantiza el fracaso inmediato; la otra, no.

En sus conferencias señala con nombres y a apellidos a multinacionales que considera peligrosas, las mismas que forman parte del día a día de cualquier persona del mundo desarrollado en el siglo XXI. ¿Cuáles le parecen más nocivas?

No sabría decir cuál es la peor. Apple, Facebook, IBM, Google… Hay empresas muy mezquinas pero que a la vez pueden estar haciendo bien por otro lado. No puedo adivinar el futuro, de manera que me cuesta evaluar los peligros de cada una.

Basta saber en qué dirección no se debe ir para saber cómo luchar. Si ves que un camino es malo, no tomarlo es suficiente. No es necesario saber hasta dónde llega si ya sabes será cuesta abajo.

Para mí, las funcionalidades malévolas en los programas privativos atacan la libertad de forma directa. El software privativo es la base para someter a la gente. Cualquier informática que niega al usuario su control de esa informática es mala”.

Richard Stallman | Isaac Fernández

Como norteamericano, ¿qué espera de la era Trump? ¿Qué es lo que más temor le produce?

Trump es un acosador, malévolo y fomenta la fuerza de los prejuicios. Si él no es un nazi, puede que los que sí lo son acaben tomando el poder gracias a él ocupando la presidencia Estados Unidos.

***

Continuamos hablando de política. Fidel Castro acababa de fallecer en el momento de la entrevista. A él se le ha relacionado con gobiernos de izquierda de América Latina, como el de Venezuela, con el que ha colaborado.

Quiere zanjar rápido el tema cubano: “Castro acabó con los derechos humanos democráticos en Cuba, pero ha logrado cosas buenas, como el sistema sanitario y la educación en el país. La cuestión es cómo admitir derechos humanos sin ceder al imperio que terminaría acabando con los mismos derechos humanos. Sólo he estado allí una vez, también para impartir conferencias”.

Pero, antes de pasar al siguiente asunto, busca algo en su ordenador.

No entiendo nada del código que maneja, lo que leo es una especie de pantalla tipo Matrix en la que, después de unos segundos de tecleo, aparece una palabra: “Guantanamero”.

Me explica: “Una vez estuve en La Habana y grabé está canción con músicos de allí. Usted conocerá 'Guantanamera' pero esta es diferente, no la conoce seguro”. Pulsa el Play.

Efectivamente, es él el que canta la versión del clásico pero aludiendo en la letra a los presos de Guantánamo. El tema dura casi siete minutos.

Intento seguir preguntando pero no me deja, quiere que escuche su creación: “¡No le escucho!”, me grita mientras sigue hurgándose el pelo en gestos sinceramente nauseabundos. Él no cree en la ofensa al otro, lo dirá un poco después. Me ha quedado claro, Richard. Cuando al fin termina el trance, continuamos con la batería de preguntas y respuestas.

***

¿Y con Venezuela sigue en contacto?

Apenas, actualmente. Nicolás Maduro no sabe hacer bien las cosas como presidente, es el terror y ha destruido la economía. Venezuela necesita otro Hugo Chávez. La intención ha sido subvencionar los productos diarios para los pobres. Esto se hace en Estados Unidos sin fomentar el contrabandismo ni perjudicar al mercado.

Digitalmente, ¿sabría decirme qué países son más libres?

No hay países digitalmente libres. De todas formas, no sigo la actualidad hasta ese punto de conocer lo que ocurre en cada país. Sé que insultar u ofender a alguien es un delito en muchas naciones. Es una locura, algo inimaginable para mí. Existe censura de todo tipo, espionaje, seguimiento, husmeo.

Y existe en países en los que conviven software libre y privativo… Si algo tengo claro es que el Estado no debería nunca abandonar su control de la informática a manos privadas. Y absolutamente en todos hay derechos de autor que funcionan de manera injusta.

De todas maneras, el mayor mal es prohibir la comultiplicación de copias. Fíjese que no empleo la palabra compartir sino comultiplicar. Porque no hablamos de dividir sino multiplicar. En fin, hay países a los que no iría. Así, Pakistán, Egipto, Irán…

En España hay injusticias, pero no llegan al nivel de la violencia personal. Aquí no me siento amenazado. Sé en cambio que algunos ricos sienten amenazados sus bolsillos por lo que promovemos.

Así las cosas, ¿le queda optimismo en alguna parte de su espíritu?

No albergo demasiada esperanza. Es muy probable que la civilización técnica cese en unas décadas por todos los problemas globales. Calentamiento, crecimiento de la población humana, la pérdida de tierra cultivable.

Según algunos expertos, nos quedan sesenta recolecciones antes de que no podamos continuar con la agricultura. No sé qué pasará pero no se me ocurre otra cosa que no sea intentar hacer algo. Mi campo es la informática, aquí es como lucho contra la injusticia. Y siendo una sola persona, creo que me doy por satisfecho con lo que he logrado.

¿Cómo querría ser recordado?

Como el libertador del ciberespacio… si es que logramos liberarlo. La amenaza principal, la raíz de todos los peligros, es la plutocracia.

Muchas veces en mi vida he usado antibióticos, me imagino que como cualquiera, pero puede que en cinco años no sirvan ya porque las grandes compañías están dándoselos a los animales, que provocan resistencia a las bacterias que nos atacan.

El sistema, siendo tan plutócrata, es incapaz de restringir a las empresas de ganaderos. No lo hace porque esto supone un coste.

Pero ¿cuánto cuesta abrir los ojos? ¿Cuántos humanos morirán por no hacerlo?

La causa del calentamiento global es la plutocracia, por ello no le hemos podido poner fin. Los plutócratas han comprado partidos políticos en mi país y siguen camino de que perdamos todo. Me parece bastante probable que en 40 años empiecen a morir millones de personas a la vez por estos problemas.

A finales de siglo muchas regiones serán inhabitables. Incluido el sur de Estados Unidos. Allá donde haga demasiado calor y humedad, empezarán a morir todos los humanos”.

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