EL VIDEOARTISTA QUE ENTERRÓ MICRÓFONOS PARA ESCUCHAR LOS TERREMOTOS

EL VIDEOARTISTA QUE ENTERRÓ MICRÓFONOS PARA ESCUCHAR LOS TERREMOTOS

El videoarte desolador de Doug Aitken

Musica cautivadora, escenarios desacogedores, luces de neon, letreros gigantescos y videos. Muchos videos. Piezas audiovisuales de una calidad técnica superior a la que el mundo del videoarte nos tiene acostumbrados, proyectados en pantallas giratorias, paneles repetitivos que llenan habitaciones de techos infinitos. La desolación y la soledad son temas centrales en Electric Earth, la primera exposición en solitario de Doug Aitken en el Museo de arte contemporáneo de Los Ángeles (MOCA) .

Doug Aitken expone en el MOCA
Doug Aitken expone en el MOCA | MOCA

Esta revisión a los últimos veinte años de su carrera como artista presenta esculturas, fotografías, instalaciones y piezas de videoarte que no dejan indiferente al espectador. Con los pelos de punta y sintiendo escalofríos, sus creaciones absorben tu atención de forma casi inmediata.

La localización es una pieza clave de la experiencia. Y es que el plato escogido para paladear un manjar puede llegar a cambiar el sabor de las viandas. La ampliación “Geffen Contemporary” del MOCA es una nave industrial sumida en la penumbra, con un recorrido laberíntico que desorienta al visitante. Cuando piensas que ya lo has visto todo, encuentras otro recoveco que descubrir de la mano de Aitken.

Electric Earth, exposición en solitario de Doug Aitken | MOCA

Tras subir por las escaleras y cruzar un par de obras compuestas por luces de neon, te enfrentas a una cápsula recubierta de espejos. Se trata de “Black Mirror”, habitación octogonal que proyecta en cuatro pantallas enfrentadas una pieza de videoarte. La actriz indie Chloë Sevigny encarna el papel de una viajera nómada que explica sus experiencias al espectador.

La música rítmica acompaña sus mantras “Never stagnate, never stop” (Nunca te estanques, nunca pares.) “Exchange, connect, move on” (Intercambia, conecta, sigue adelante.) mientras circula por habitaciones de hotel y terminales de aeropuerto. Los espejos que rodean la sala crean una visión caleidoscópica que desorienta al espectador, emulando la vida fragmentada de la protagonista.

Salir de la cápsula significa enfrentarte a la es mi pieza favorita de la exposición, “Song I”. En el centro de la sala principal del museo vemos una proyección sobre ocho paneles dispuestos de forma circular. Las imágenes se mueven al ritmo de la música sesentera “I only have eyes for you” narrando una historia frenética entre grupos de personas que intentan comunicarse infructuosamente dentro de un escenario urbano estéril. La cámara fluye sin cesar entre los diferentes espacios casi de forma hipnótica.

Electric Earth, la primera exposición en solitario de Doug Aitken | MOCA

En las cuatro habitaciones que contienen la obra central de la exhibición, “Electric Earth”, disfrutamos de un relato al principio incomprensible. Un hombre joven y desorientado atraviesa la ciudad de noche. La semi abandonada metrópoli nos recuerda la soledad de nuestros cubículos, la contraposición de nuestro yo más primario con todo aquello que hemos construido. Las calles, los edificios, nuestra identidad como raza. El animal, versus el ser humano.

Mientras vaga por este ambiente yermo, crea una comunicación no verbal con los aparatos tecnológicos que le rodean. Por medio de espasmos, temblores y glitches mantiene una conversación afligida con las cámaras de vigilancia, los escáneres y las máquinas que pueblan la ciudad. Toda una metáfora de la solitaria vida moderna, que nos conecta intangiblemente a través de la tecnología pero impide una verdadera conexión social.

Este epitafio a los sueños rotos y el aislamiento ganó el premio internacional del año 1999 en la Bienal de Venecia. Ese mismo año la pieza fue adquirida por el MOCA.

Entre video y video, las esculturas gigantes gobiernan la exhibición. “99 cents dreams” emula un cartel publicitario típicamente americano, mientras hace referencia a los sueños de usar y tirar que nuestra sociedad nos inculca. Palabras sacadas de contexto como “NOW” (Ahora.) y “END” (Final.) evocan en el visitante un estado de desasosiego, haciéndonos culpables de la era en que vivimos.

Doug Aitken | Doug Aitken

Nos movemos rápido a través de los canales informativos, únicamente rozando la superficie de aquello que nos rodea en un constante estado de aceleración. “Electric Earth” nos obliga a pararnos y reflexionar, en una comprensión que nos lleva a disfrutar del mundo desde otra perspectiva. Aitken nos muestra el aislamiento que deriva de la industrialización y el uso de las tecnologías, aunque siempre de forma contemplativa y no desde la crítica. Expone los hechos pero no emite un juicio ante ellos.

El recorrido termina con algunos de los trabajos más recientes de Aitken, instalaciones artísticas que se salen del espacio expositivo y conectan con el mundo real. Como las modificaciones que realizó en su propia casa de Los Ángeles, instalando micrófonos ultra sensibles bajo tierra que detectan y reproducen por medio de altavoces el sonido de las placas tectónicas crujiendo y rozándose.

O el conjunto de esculturas submarinas “Underwater Pavillions”, cuevas rodeadas de espejos que el artista ha construido en las profundidades de la costa de la isla Catalina para ser exploradas por los bañistas.

Demasiadas veces el videoarte contemporáneo carece de perfeccionismo a nivel técnico, como si el hecho de crear contenido con calidad estética lo convirtiese en un producto mainstream. La forma no puede distraernos del contenido; pero ¿son estos dos conceptos claramente incompatibles? ¿Podemos tener un video tan visualmente atractivo como un anuncio o un cortometraje, y que además pueda alzarse con el estandarte de un discurso potente dentro del arte contemporáneo?

La obra de Aitken es de consumo fácil. La estética cuidada y la destreza técnica te hacen sentir cómodo dentro de sus creaciones. Entiendas o no de arte, te guste o no visitar museos, paladear su obra se convierte en una orgía para los sentidos.

Muchos le critican por ello, a mi me parece un genio.

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