UN LUGAR DONDE PERROS, GATOS Y OTROS ANIMALES ENCUENTRAN DESCANSO

UN LUGAR DONDE PERROS, GATOS Y OTROS ANIMALES ENCUENTRAN DESCANSO

Visitamos el cementerio para mascotas más grande de España

Un paseo por el cementerio para mascotas, El Último Parque. Un lugar en el que perros, gatos y otros animales encuentran descanso… y que no dista mucho de cualquier otro camposanto.

Cementerio animales
Cementerio animales | Ruth Montiel Arias

Es una de las preguntas clásicas, y un debate que levanta pasiones. ¿Eres más de perro o de gato? Si atendemos a los datos, los españoles se decantan por los primeros: se calcula que en las casas de nuestro país hay 5,5 millones de perros y otros cuatro millones de gatos. Pero, ¿qué ocurre cuando llega el final? ¿A dónde van nuestros compañeros de cuatro patas?

Las opciones son las mismas que cuando fallece un ser humano: incineración -colectiva o individualizada, a lo que sigue la pertinente entrega de las cenizas- o entierro. Y, sin embargo, en el caso de ésta último las posibilidades se limitan. Cuando recientemente falleció uno de mis dos perros, me plantee la posibilidad de enterrarlo en el pueblo, el lugar donde fue, con diferencia, más feliz.

Pero había un problema: no dispongo de terreno. Y cavar una fosa en medio del monte, además de ilegal, hubiera acabado siendo un festín para los animales del bosque. Finalmente opté por la incineración, y hoy sus cenizas descansas en un modesto bote en la estantería del salón. El precio de todo ello rondó los 500 euros.

Había otra forma de hacer las cosas. Cuando una amiga me habló de El Último Parque, el cementerio de mascotas más importante de España, me picó la curiosidad. Ya no para llevar allí a mi añorado compañero, pero sí para un reportaje que sirviera, al mismo tiempo, de modesto homenaje.

Para toda la eternidad

Ubicado a unos 30 kilómetros de Madrid, en la localidad de Arganda del Rey, El Último Parque no se diferencia demasiado de cualquier otro cementerio. Hay tumbas, nichos, flores y emotivas frases de recuerdo a los que ya no están.

Hay un inquietante enterrador que te recuerda que la hora de visitas termina a las dos, y que si no entonces no vuelves a la puerta quedarás encerrado en el interior del camposanto. Y hay familias enteras que se acercan con otros animales a colocar flores, limpiar cuidadosamente las lápidas y llorar a los más de 4.000 animales que yacen aquí.

“Venimos aquí todas las semanas”, me cuenta una pareja con un niño. Les acompaña un podenco, puro nervio, que ladra a todo lo que se mueve. “La tumba de nuestro anterior perro está ahí”, señala hacia la lejanía. “Nos costó unos 1.000 euros, aunque lo bueno es que tiene capacidad para otros tres animales”. El pequeño podenco ladra sin parar. No parece gustarle la idea.

Ese dinero es una de las cantidades más asequibles que se pueden desembolsar para contar con un hueco en un lugar como este. Porque como en la vida, en El Último Parque también hay clases sociales. A escasos metros del lugar en el que charlo con la familia se encuentra lo que ellos llaman “El pabellón de los ilustres”. Un bucólico lugar rodeado por un riachuelo, en el que para acercarse hay que subir una pequeña escalinata, y donde los distinguidos animales están ubicados en tumbas que forman un círculo, en una suerte de Stonehenge mortuorio. “Es la zona de los pijos”, ríen. Así es.

Cementerio animales | Ruth Montiel Arias

“Tenemos un serio déficit de educación emocional a la hora de afrontar la muerte de nuestras mascotas”, me cuenta Carlos Rodríguez, presentador del veterano programa radiofónico 'Como el perro y el gato', de Onda Cero.

"En el caso de nuestros animales de compañía aún existe mucha incomprensión: hay quien no entiende que se pueda sufrir tanto o más por la muerte de un perro que por la de un familiar. Pero es que, al fin y al cabo, un animal también es parte de la familia. Un ser con el que, en muchos casos, se crea un vínculo igual de estrecho, o incluso mayor, que el que se establece con cualquier otro ser humano".

¿Es buena idea enterrar a un perro y seguir velándole durante años? Carlos lo tiene claro: “Cada uno vive la muerte a su manera. Conozco a una persona que, al morir su perro, acudió a un taxidermista para que lo disecara y poder tenerle en el salón. Puede parecernos bastante ‘gore’, pero a esta persona le ayudaba a sobrellevar su pérdida. ¿Quién puede decirle que algo así está mal?”.

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