VUELVE EL CLÁSICO DE RIDLEY SCOTT

VUELVE EL CLÁSICO DE RIDLEY SCOTT

‘Blade Runner 2049’ es una película imperfecta pero está a la altura de la original

Denis Villeneuve vive ese momento de la carrera de un director en el que parece estar alcanzando su total madurez creativa. El proyecto de llevar a buen puerto una secuela del ya clásico de Ridley Scott llega tras haber demostrado que existe otra manera de proyectar un blockbuster de ciencia ficción con la espléndida ‘La llegada’. Con ‘Blade Runner 2049’ crea su obra más difícil y arriesgada.

Blade Runner 2046
Blade Runner 2046 | Agencias

‘Blade Runner 2049’ es una película más Villeneuve que ‘Blade Runner’. Es decir, el director ha hecho completamente suya la iconografía visual de aquella y le ha inyectado temas comunes de su obra llevándola a su terreno.

Por supuesto, el estilo gélido y macerado a fuego lento del autor se corresponde al del de la cinta de 1982 y ante todo, lo que encontramos comienza con lo que es, esencialmente, una historia clásica de detectives, en la que un nuevo Blade Runner, K (Ryan Goslig) debe resolver un misterio que le lleva por sendas salpicadas por enigmas sobre su propio pasado, la historia de los replicantes, el poder de la memoria y lo que significa ser un ser humano. Otros nombres grandes aparecen por aquí, con Robin Wright, Jared Leto, y Harrison Ford acompañando.

Una oleada de imágenes con fotografía del legendario Roger Deakins, y un equipo de efectos visuales merecedores de cualquier premio posible, consiguen transportarnos de lleno al Los Ángeles de 2049. El lenguaje visual es seguro y fuerte con un diseño apolíneo y vanguardista, de una hermosura impepinable.

No sólo en los aspectos futuristas de su visión, sino que sus estampas más llamativas a menudo se relaciona con la naturaleza. El clima, sus efectos, los fenómenos meteorológicos que dominan cualquier aspecto global hasta los elementos: nieve, agua, desierto sobre la existencia de núcleos urbanos sitiados, asfixiada por las tempestades como un reflejo futuro despiadado sobre nuestra realidad pre cambio climático.

 

En algunos de estos momentos, de concepción grandiosa, Villeneuve amplía tanto la escala con la que capta el universo visual heredado de Scott que el contraste con las escenas rodadas con primeros planos, en interiores, hacen un juego de pelota demasiado evidente, demasiado exagerado.

Y, en parte, es por la tendencia a la naturalidad del canadiense, que funciona en la descripción de sus personajes sin artificios, con pocos añadidos al actor desnudo, puro, pero que no puede evitar chirriar con las hipnóticas visiones ultrapanorámicas del vertedero en el que se ha convertido el mundo.

Con todo, es de esas pocas obras que invita a verla de nuevo, sólo para disfrutar de sus óleos en movimiento, sin ni siquiera intentar seguir su argumento. Por otra parte, el diseño de sonido es tan abrumador que rompe la sensación de pasividad del espectador, se experimenta de forma activa.

La pregunta más obvia ante un espectáculo visual así es si realmente da un paso más allá o es un ejercicio estetico hueco. No puedo, ni debo, adentrarme en ningún detalle de la trama puesto que es una película que hay que ir descubriendo paso a paso.

Lo que sí puedo adelantar es que es una obra compleja, mucho más de lo que puede esperarse en un estreno comercial de estas características. Sí, por supuesto tienes a caras conocidas como Gosling, perfecto para el papel, con esa vulnerabilidad debajo de la fachada inamovible que permite que el miedo y la confusión penetren en K, pero parece más una película independiente con dinero que una típica maniobra comercial de Sony.

Blade Runner 2049 | Agencias

Y eso que era muy jugosa la posibilidad de apoyarse en la nostalgia o en la densa mitología. La presencia de Ford podría haber sido el talón de Aquiles de la película, pero se utiliza con moderación y participa de manera adecuada como parte esencial de la trama pero nunca como el foco sobre el que gira esta.

Muchos fans del ‘Blade Runner’ original se sentirán decepcionados, pero al terminar los créditos comprobarán que es la mejor manera posible de utilizarlo. Esta y otras son decisiones valientes, fuera de lo convencional, que elevan la propuesta de un director dispuesto a convertir su visión en una compañera espiritual, pero no un típico reboot al uso enmascarado como secuela.

Una obra plenamente adulta, cargada de temas filosóficos y metafísicos proyectados desde los tentáculos de las posibilidades de la tecnología actual; los drones, los siri, las inteligencias artificiales y el aislamiento del individuo provocado por la tecnología dan lugar, sin embargo, a algunos baches narrativos insorteables. Hay escenas estiradas en exceso que aportan poco, o muy poco a la trama principal que son justificadas con finísimos imperdibles narrativos.

En especial todos los relacionados con la vida “privada” de K, que se enamoran demasiado de sí mismos y quedan atrapados allí como moscas en melaza, mientras los espectadores tienen la cabeza en el siguiente paso de la historia, que llega a veces algo tarde tras haberse quedado entretenido en fases que no interesan tanto a los demás como lo hacen a su director.

Ryan Gosling en 'Blade Runner 2049' | seestrena.com

Diálogos como el “Todos estamos buscando algo real" de Robin Wright, quien interpreta a la jefa de K, o la mayoría de frases de Jared Leto dan vueltas sobre los temas de la película de forma demasiado obvia. Exposiciones que recalcan más que añaden, que dan volantazos hacia lo grandilocuente y generan espasmos de anestesia no buscada. Que deslucen el resultado final de una obra valiente, quizá la más imperfecta de las recientes aportaciones del director, pero nunca es repetitiva.

No trata nunca de mejorar o reemplazar, no imita sino que emite el mismo tipo de preguntas atemporales negándonos dar todas las respuestas. Sus secretos van transformando la experiencia hasta su epílogo perfectamente esculpido.

‘Blade Runner 2049’ es una obra difícil y llena de recovecos. Tiene más puntos en común con ‘Incendies’, una de las grandes películas de sus director, que con la mayoría de adaptaciones de Philip K. Dick. Además la obra lidia mejor que ellas con grandes temas de la metafísica de ciencia ficción del creador del relato: desde lo que significa ser humano, de la oscura melancolía de la naturaleza huérfana de alma del androide a la deriva existencial que esto provoca.

Si ‘Inteligencia artificial’ de Spielberg exploraba la tristeza de la falta de una dirección vital a través de ‘Pinocho’, Villeneuve lo hace a través de ‘La isla del tesoro’, creando un sucesor de la de Scott más que digno, un banquete visual sombrío y lleno de capas, del que brota simbolismo y detalles que seguro que no podremos relacionar hasta revisarla por segunda vez.

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