OBRA DE OLIVER ASSAYAS

OBRA DE OLIVER ASSAYAS

‘Personal Shopper’, la fantasmal búsqueda de la identidad millennial de Assayas y Kristen Stetwart

‘Personal Shopper’, es la obra por la que Oliver Assayas ganó el premio al mejor director del festival de Cannes del año pasado: una historia de fantasmas, un thriller con notas de erotismo o un viaje interior a la identidad personal. Pero, sobre todo es otra colaboración importante del director con Kristen Stewart, tras ‘Viaje a Sils Maria’.

‘Personal Shopper’
‘Personal Shopper’ | Agencias

Maureen Cartwright, es una americana de 27 años en París. Tiene un trabajo que no le gusta para pagar el alquiler; pero permanece en la ciudad francesa con el propósito de estar cerca de la villa en donde vivió y murió su hermano gemelo hace algunos meses.

Lewis falleció a causa de un desorden congénito del corazón que ella también tiene por lo que aguanta en su vida actual con la esperanza de contactar con su espíritu. Con esta premisa, Stewart se convierte en el centro de una obra que, aunque plagada de personajes, gira alrededor de ella.

Ella es el centro de las mejores escenas de la cinta, de las que actúa sola, y en las que aparece enfrentándose, desde a un fantasma realizado con efectos digitales, una serie de mensajes de texto amenazadores a todo un armario elegante con el que probarse modelitos. Hay muchos, muchos modelitos.

Assayas, unos de los pocos auteurs que se atreven a plantar cara a la herencia nouvelle vague de su país, ya se ha aventurado en el escenario del género antes, con la película de ciencia ficción ‘Demonlover’ (2002) y el thriller ‘Boarding Gate’ (2007), y con ‘Personal Shopper’ da pasos hacia el territorio del horror.

Pero claro, esta es la idea de un cinéfilo provocador de lo que es una película de terror, y toma sus principales ingredientes para elevarlos (o degradarlos) a un plano abstracto. La cámara lenta, la tensión a fuego lento y un puñado de misteriosas circunstancias crean una textura de género, como puede trabajar Lynch, pero sin buscar desorientar de una forma tan consciente.

 

Tiene que ver con otra propuesta radical reciente ‘The Neon Demon’ que transcurre en el mundo de la alta costura, pero sus intenciones son muy diferentes. Maureen no disfruta con su trabajo de asistente personal (comprar y probarse vestidos y joyas para su cliente de alto standing) y su interés parece ser el arte.

Dentro de ese dilema tan millennial y tan de toda la vida, se ve envuelta en medio de una horrible historia de crimen, con o sin relación con su sus propias tribulaciones metafísicas, digitales e íntimas. La obra abarca los ejes de la pérdida de control cuando Assayas pone en escena la desesperación del duelo, la soledad práctica del artista, la soledad incidental de la relación a larga distancia y el desamparo vulnerable causado por la llegada de comunicaciones digitales inesperadas.

Para esta empresa, encuentra en Stewart su musa perfecta, filtrando emociones a través de la actriz con una exhibición mínima por fuera. Una marca de identidad de sus personajes en la que su talento dominante parece ser ella misma: su hartazgo es espontáneo, angular, incómodo.

Proyecta la imagen de la freak que se convirtió sin querer en ‘It girl’ sin que parezca que haya cambiado nada en ella. La actriz es, en efecto, un modelo para personajes mumblecore y representa a la perfección los teoremas sobre la alienación del francés.

Las intenciones de la película no siempre acaban donde parece que deberían, con escenas cortadas abruptamente con fundidos que subestiman la intriga narrativa y diálogos profundos sobre la necesidad de lidiar con la muerte que se nos restriegan en la nariz.

Personal Shopper | Agencias

La primera parte de la película es una historia de fantasmas, con su vieja casa encantada y sonidos misteriosos, e incluso una aparición espectral. Se convierte en un thriller durante las excesivas secuencias con mensajes de texto, en la que nos preguntamos la identidad del stalker y sus motivos, para convertirse en un misterio de asesinato.

La sobredosis de WhatsApp la hace relacionarse con el asesino en serie postmoderno de ‘Scream’. Una mezcla constante que genera un tono de imprevisibilidad reforzado por el hecho de que no hay reglas para lo que puede suceder.

Detrás de su fotografía inteligente y algo gótica, hay meditaciones filosóficas sobre la perspectiva de la muerte y el más allá, un extraño enigma sin resolver en el prolongado misterio sexual y un amago de retrato generacional involuntario.

No se puede negar que Assayas es talentoso tanto en el drama como en sus momentos más tensos y psicológicos, la intensidad constante y su belleza cincelada acaba resultando esencial tanto para el argumento como para los estado de ánimo, lo único realmente inconsistente es el libreto de Assayas.

Personal Shopper | Agencias

Hay, intencionadamente o no, algunos agujeros que se revelan en otras claves narrativas que han ido soltando lastre para añadir un suspense que realmente sólo sirven para diluir el sentido de la finalidad del misterio central. Se introducen personajes importantes y simultáneamente se evitan en el espacio de una conversación.

La turbulencia emocional central se suma a los efectos fantasmales tradicionales y el día a día de Stewart se muestra con un frustrante trabajo de montaje con tendencia a las líneas de fuga. Assayas trata de construir algo con tres películas diferentes pero al tratar de pegarlas con cinta americana deja libres sus callejones sin salida, demasiadas ideas subdesarrolladas, buenas ideas, pero no suficientes.

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