AQUELLA ESPAÑA DEL FRANQUISMO

AQUELLA ESPAÑA DEL FRANQUISMO

Cinco anuncios de los años 60 que hoy estarían prohibidos

Algunos anuncios de los años 60 parecen sacados de una pesadilla. Muestran una España machista y racista. El hombre blanco era el único ciudadano libre de hacer lo que quisiera (bajo la atenta mirada del Régimen). El hombre tenía libertad para menospreciar a los otros seres inferiores: mujeres, niños y negros.Este lunes, retrocederemos en el tiempo y recordaremos estas y otras muchas curiosidades características de la época a través del programa 'Me cambio de década' de Antena 3.

Anuncios en los años 60
Anuncios en los años 60 | Agencias

Los anuncios de aquella época podrían trasladarse a la actualidad como guiones de thrillers de psicópatas en las que alguien se come a unos niños negros porque cree que son de chocolate, y dónde al casarse a las mujeres se les ponía un anillo en el dedo y un grillete atado a su cocina.

En la publicidad de aquella época la mujer era una esclava que debía comportarse con temor de fracasar como ama de casa y de que su marido deje de quererla. La publicidad mostraba a la mujer como un animalillo dócil y con una candidez absurda, una especie de robot, geisha o niñas rara.

Violencia de género: la culpa es de la mujer

 

Probablemente, se trate del anuncio de televisión más terrible de la historia, donde una pitonisa explica a una mujer que si su marido siente desprecio por ella, hasta el punto de maltratarla, la culpa es solo de ella por no cuidarlo bien y no haberse preocupado de comprarle buen alcohol. Lo más interesante de este anuncio es que no fue un simple spot desafortunado, sino que se planteó como cortometraje contando incluso con una estrella del cine de la época, Laura Valenzuela.

Racismo: los habitantes de África están para comérselos

 

Por lo general el españolito de los años 60 no había visto más razas que la suya. Ver a un chino o un negro era algo exótico, como ver a un extraterrestre. Por eso la publicidad no tenía ningún pudor a retratar la vida de los negros como un cuento surrealista en la que los están hechos de chocolate y cacahuete. Los niños del congo se llaman conguitos, y cuando salen a dar un paseo con su padre son devorados por un niño español, uno a uno.

Cosificación de la mujer: las chicas feas merecen estar tristes

 

Había dos tipos de mujer, las solteras y las casadas. Las que aún no habían encontrado un hombre debían darse prisa y ponerse guapas. Este anuncio explica que si no estás guapa: eres una triste. Esta chica consigue en solo siete días tener un séquito de pretendientes. Espero que sepa guisar... eso será lo siguiente que le pregunten los chicos.

Machismo puro: la mujer dócil es feliz

 

Hay decenas de anuncios de los años 60 que empiezan de la misma forma: un esposo trajeado llega a casa y su mujer corre a recibirlo con una alegría deperro fiel. Entonces él pregunta por la comida mientras ella le sirve algún licor, le acerca el periódico y le pone las zapatillas. Los productos para la mujer no son consejos, son imposiciones: una voz en off masculina suele decir “Pida desde hoy, Aceite Vetusta”, en este caso: porque a tu marido le enamorará y no serás culpable de que no te quiera. Los productos domésticos “para la mujer” no pretendían convencerla de que son mejores, sino simplemente obligarla a comprarlos.

 

Este es otro ejemplo de mujer que sirve la comida a su marido. El diálogo muestra lo que piensan. Hoy podríamos hacer un buen thriller psicológico con este guión.

Lavado de cerebro: lavar es un capricho

 

La publicidad deja muy claro que el hombre sí podía sentirse agotado con su trabajo, pero la mujer no sólo no podía quejarse de limpiar, cocinar y educar, sino que siempre debía hacerlo con una sonrisa. Cuando se publicitaba un producto para facilitar el trabajo del ama de casa, el mensaje solía ir envuelto en una mirada paternalista en la que el hombre cede, como si el progreso para la mujer fuera siempre un regalo que le hace el hombre. En este anuncio, cuando llega una nueva lavadora en casa, el locutor dice “¡Vaya parece que no le privan de ningún antojo!”.

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