POLÉMICA ANTES DE LOS PREMIOS OSCAR

POLÉMICA ANTES DE LOS PREMIOS OSCAR

Cómo una acusación de abusos sexuales puede acabar con El nacimiento de una nación

¿Merecía El nacimiento de una nación estar nominada a los óscar? ¿Tiene algo que ver su recepción crítica con las polémicas extra cinematográficas de su máximo motor creativo, Nate Parker? Hemos visto la película y tenemos una opinión al respecto.

El nacimiento de una nación.
El nacimiento de una nación. | D.R.

La historia de El nacimiento de una nación no es la primera. Película lo peta en Sundance y comienza su carrera de aplausos y parabienes. La cosa huele a Óscar. Todos se congratulan y se abrazan. La cosa va en aumento, como un cohete. Pero en algún momento de la trayectoria el cohete se transforma en globo, se deshincha y deja de tener interés.

¿Qué ha pasado? Pues, bueno, depende del caso, a veces porque en realidad no es tan buena, a veces porque su productora decide no apoyar el filme, o sencillamente porque pasa demasiado tiempo desde ese buzz inicial y se incorporan demasiadas películas con el sello de calidad necesario para entrar en la carrera por los premios más preciados.

La película de Nate Parker puede tener un poquito de todo eso, pero no nos engañemos, cuando su máximo responsable (actor, coguionista, productor y director) lleva a rastras una acusación por violación en sus años de universidad y esta sale a la luz en pleno sprint por la estatuilla, las flores iniciales se transforman en incomodidad de las salas, falta de apoyos en las promociones y una actitud general de rechazo silencioso evidente.

Ninguna institución de cultura quiere tener que ver con un cineasta con polémicas extrañas. Parker fue juzgado y salió absuelto, pero la chica que le acusó a él y a otro amigo suyo se suicidó años más tarde. Una historia turbia que incluso ha creado opinión entre alguna de las actrices del reparto. El caso es extenso pero la película ya tenía una llaga difícil de curar en tan poco tiempo.

Pronto, la necesidad de películas con temas de raza, tras una ceremonia con polémica el año anterior y una etapa especialmente convulsa en América, se vio soliviantada con películas como Figuras Ocultas, Loving, Fences, o la gran favorita y probable sustituta de El nacimiento de una Nación, Moonlight. No hay mucho espacio para la epopeya racial de Parker. La pregunta es: ¿Realmente era merecedora de competir por el premio a la mejor película? O al menos, existiendo todas las demás, la cuestión es si el murmullo general de los inicios estaba justificado. La respuesta no es sencilla, pero sí podemos juzgar el trabajo de Parker.

La película es un manifiesto en sí mismo, y para bien o para mal, es la cara menos amable de todo el pack de películas de conflicto racial en los Estados Unidos que nos están llegado estos meses. Sí, por una parte está planteada como el típico drama con todos los elementos necesarios para competir en los Óscar. Tiene el aspecto dramático, las interpretaciones sentidas, la banda sonora hiperclasicista y un gusto por el lirismo visual apropiado para crear impacto.

Por otra parte, es más osada que la mayoría al plantearse como la otra cara de la moneda de la película del mismo nombre, de principios del siglo XX, que no era sino una justificación del nacimiento del Ku Klux Klan. Y no, no se corta en absoluto en mostrar el sufrimiento de los esclavos negros por parte de los terratenientes y amos.

Esos amos que suelen estar calzados en el zapato de amos “buenos y malos”. Una película como Doce Años de esclavitud contaba el sufrimiento de los hombre de raza negra del sur de forma más elegante pero igualmente heladora, aunque sus resoluciones son diferentes y en aquella todavía se pintaba la figura del “amo bueno” con las facciones de un Brad Pitt vergonzosamente mesiánico. Parker dibuja una figura parecida pero permanece menos indolente que su colega Steve McQueen.

Aquí el “amo bueno” tiene una mano para ofrecer comida y amistad y otra para indicar la hora de los latigazos. Y las consecuencias son menos complacientes. Justificado o no, El nacimiento de una nación narra una mini revuelta de esclavos con la rigidez y salvajismo de un Mel Gibson post Braveheart. En cierta forma esto es una pequeña versión de aquello, en el microcosmos de unos campos de algodón y sus mansiones sureñas.

Pero claro, Nate Parker no es Mel Gibson, ni actuando ni dirigiendo. Su interpretación está falta de carisma y profundidad, es solvente pero no tiene una entidad que de cuerpo a una película que se basa demasiado en su figura. Apenas se aprecia densidad en los matices de su personalidad, su faceta de predicador y religioso parecen un atrezzo más que el verdadero motor de la contradicción de su propio dilema. Y hubiera sido necesario en un filme tan dividido en dos partes muy descompensadas.

Toda la narración de los sufrimientos y torturas, la vida en las mansiones y el planteamiento del conflicto ocupan más de la mitad de la película, mientras el momento de la rebelión, la estrategia y la venganza están limitados a un tercer acto que pedía a gritos algo más de metraje.

Por el contrario, sí es destacable la honestidad de la exposición del conflicto ético que supone la justificación de la violencia a ojos de los hombres y a ojos de su Dios. La película deja clara su postura y no entra a juzgar las terribles acciones de venganza contra sus amos. Pero lo muestra crudo y frío. Piedra contra piedra. Proponiendo la rebelión como una analogía al éxodo hebreo en busca de Jerusalem, (el pueblo que van buscando los esclavos) y proponiendo a un predicador como Moisés rebelándose contra sus amos y conduciendo a su pueblo de camino a crear el pueblo de Israel.

La colección de imágenes casi oníricas, fantasmagóricas, que muestran mariposas sobre cadáveres ahorcados o la estampa de una niña blanca llevando a otra, de color, como si fuera su perro, tienen un poder especial, y en ellas se aprecia a un buen director, pero aunque no esté de más recordar sobre dónde se asientan los cimientos del pueblo americano, no deja de ser una película que vimos hace un par de años de forma casi impecable. Tanto 12 años de esclavitud como, aunque tenga un tono más ligero, Django, tratan temas similares con más nervio y pulcritud.

Esto no quiere decir que El nacimiento de una nación no sea valiente y necesaria, pero quizá aligerar algo las alforjas autorales, para intensificar su controversia o revisar su estructura, le habrían dado una ventaja sobre la cantidad de películas más conciliadoras y emocionales con las que competía.

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