PALLAVI SHARDA ESTUVO EN L.A. PARA PARTICIPAR EN VARIAS AUDICIONES

PALLAVI SHARDA ESTUVO EN L.A. PARA PARTICIPAR EN VARIAS AUDICIONES

Conviví una semana con una estrella de Bollywood que vino a buscarse la vida a Los Ángeles

¿Quién me iba a decir a mí que, nacida en Albacete, acabaría compartiendo nevera y charlas en la terraza de mi piso angelino con una auténtica estrella del cine hindi?

Pallavi pelicula
Pallavi pelicula | Agencias

Llevaba un par de semanas en el que iba a ser mi casa en Los Ángeles durante tres meses. Mi casera, Amanda, ya me había avisado de que a veces solía alquilar la otra habitación libre que le quedaba. No os creáis que el piso era una mansión, pero estaba ubicado en West Hollywood, una de las zonas más seguras de la ciudad, y contaba con tres dormitorios.

Amanda, que en el pasado había sido modelo y actriz, me avisó de que muchos aspirantes a famoso se habían alojado en el que estaba siendo mi hogar. He de decir que no la creí. En una ciudad donde todos afirman ser celebrities, di por hecho que se estaba viniendo arriba y echándose flores. Pero no, llevaba toda la razón.

Eran las 9 de la mañana de un miércoles cuando sonó el timbre. “Es Pallavi, la chica de la que te hablé el otro día que viene para quedarse una semana con nosotras”, me gritó Amanda desde la ducha. Corrí a abrir, aún en pijama, y me quise morir en cuanto abrí la puerta.

Ante mí se encontraba una espectacular chica de piel tostada, ojos negros y un melenón que ni ‘El rey León’. Cargaba una maleta enorme y me sonrió dejando al descubierto una fila de dientes blancos impecables. “Hi, I’m Pallavi. Nice to meet you”, me dijo. Yo maldije la hora en la que ni siquiera me había peinado y le conteste que encantada de saludarla y que perdonara las pintas.

“Tranquila, está bien. ¡Estás en tu casa! ¿Qué tal? ¿Cómo te llamas?”, continuó. Enseguida me di cuenta de que la conversación corría de su cuenta. Es decir. Era de esas personas que cogen las riendas de un encuentro como este con una naturalidad y una frescura que te obligan a dejarte llevar.

Le conté un poco mi vida (pero poco, que tampoco es tan interesante) y ahí es cuando llegó la bomba: “Yo soy actriz de Bollywood, pero he venido siete días para hacer audiciones”. “El eterno bucle de los castings”, pensé yo. Enseguida le pregunté que si había hecho algo que yo hubiese visto (por cortesía, más que nada) y me dijo: “Puede. Fui una de las actrices secundarias de Lion con Dev Patel y Nicole Kidman”.

Vale. Stop. ¿Estaba hablando con una chica que había trabajado con el protagonista de Slumdog Millionaire y la ganadora de un Oscar en una de las cintas más aclamadas por la crítica del año 2017 y nominada a seis premios de la academia de cine de Hollywood?

Tras este primer intercambio de palabras, corrí a mi cuarto a buscarla en Internet. Sí, lo siento. Quería saber si realmente aparecía en Lion o se estaba quedando conmigo. ¡Bingo! Pallavi Sharda, nacida en Perth (Australia) en 1990, reconocida actriz de Bollywood que puso un pie en Hollywood con Lion y se ha hecho un hueco en la televisión norteamericana con la serie Pulse.

Los ojos me hacían chiribitas. Nunca he sido muy mitómana ni he sentido especial admiración por los actores, pero me parecía fascinante que yo fuese a compartir techo con alguien como ella y viceversa. ¿Qué posibilidades hay de que una chica de Albacete comparta piso con una actriz de Bollywood? En España ninguna, en Los Ángeles millones.

Al principio pensé que estaría muy ocupada y que no querría mucha conversación ni estaría mucho por casa. Nada más lejos de la realidad. Pallavi nunca cierra la puerta de su cuarto y, aunque yo dejé de fumar cuando llegué a Estados Unidos, me dice que ella solo fuma de vez en cuando y que me invita a uno. Es entonces cuando se establece un vínculo de “compañeras de piti”. Y sí, yo volví a fumar, amigos míos.

En nuestras primeras conversaciones me cuenta que, aunque nació en Australia, tras estudiar Derecho decidió buscar suerte en Bollywood. Y parece ser que la encontró: “No me va mal, pero Hollywood son palabras mayores”. Me confiesa que este viaje lo planificó su agencia de representación, pero que todos los gastos corren de su bolsillo.

“Los Ángeles es carísimo, pero me encanta”, me dice y continúa: “No sé cómo vas a estar aquí tres meses”. La miro dispuesta a mentirle, pero no puedo: “Voy a fundirme los ahorros de toda mi vida”. Se ríe.

Me hace gracia ver lo normal que es. Sí, ahora es cuando vais a decirme que es una persona humana como yo y toda la pesca, pero en serio que me parece surrealista. Sinceramente me esperaba otra cosa. Pensaba que su semana aquí sería un ir y venir de coches privados, fiestas, reuniones en Beverly Hills, meetings con publicistas… Nada de eso.

La primera noche, Pallavi le pide permiso a Amanda para que pueda venir un amigo suyo a ayudarla con una grabación. “Claro, usad el salón sin problema”, contesta mi casera. Al día siguiente, observo desde la puerta de mi cuarto que Pallavi está grabando unas frases frente a la cámara.

Nada glamouroso, he de decir. Parecen dos amigos que juegan a ser actores en el salón de casa de sus padres. De eso nada, monada. Aunque mi inglés es limitado, alcanzo a entender que esa prueba es para una serie nueva que Netflix está preparando y que le quieren echar el ojo a Viola Davis para que sea su protagonista. ¡Toma ya!

Entre grabación casera y reunión con su agencia, me doy cuenta de que Pallavi se adapta enseguida al ritmo angelino. Todas las mañanas va a hacer deporte (creo que Yoga), compra en Whole Foods comida orgánica, se mueve en Uber para ir de un sitio a otro y sale de fiesta por Santa Mónica, que es donde va la gente que es (o quiere ser) alguien.

¿Con quién? Conoce a mucha gente del mundillo que pasa largas temporadas en Los Ángeles y es su momento de hacer networking. Exacto. No solo los mortales tenemos que sonreír y saludar a un montón de gente (cual pingüinos de Madagascar) para ganarnos las lentejas.

“La gente se cree que los actores vivimos alejados de la realidad, pero puede asegurarte que somos los que más tenemos los pies en la tierra”, me dice durante su última noche en Los Ángeles. Lleva razón. Está agotada y creo que también algo frustrada.

Ha pasados siete días sin parar, gastando dinero, grabando audiciones en el sofá de una casa alquilada, manteniéndose en forma (el físico en Hollywood lo es todo), reuniéndose con publicistas… y se va de aquí sin saber si algo de eso se traducirá en un contrato de trabajo.

¿La envidio? Sinceramente, no. Pero admiro la manera en la que Pallavi se enfrenta a la meca del cine. Consciente de que es una más entre un millón (por mucho que haya trabajado en Lion), sabe que la paciencia y el sacrificio son parte del estilo de vida que ha elegido.

Sin embargo, he de decir que es una chica muy lista. No obstante, estudió Derecho como bolsa de oxigeno por si Hollywood o Bollywood la destierran algún día. Realmente espero que no lo hagan. Y si lo hacen, mi casa en Albacete siempre estará abierta para ella.

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