UN ÚLTIMO TABÚ

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¿Por qué no hay bisexuales en las series de televisión?

A día de hoy nadie duda de que las series de televisión han ayudado a normalizar al colectivo LGTB. Pero si nos acercamos veremos que no ha sido igual para todas sus siglas. Mientras que gays (en mayor medida) y lesbiana y transexuales (en menor) aparecen sin problemas en las ficciones, todavía hay cierto pudor a mostrar personajes bisexuales, ignorados y nunca definidos

Transparent es una de las pocas series de televisión en el que la sexualidad es totalmente libre y así se acepta en sus guiones. | D.R.

España, año 2016. Una abuela mira distraída la caja tonta que vocifera, atrayéndola y aturdiéndola al mismo tiempo. En pantalla, Bertín Osborne, sentado en un sofá, habla con el chiquito ese, el Luisma, el de Aída. La señora se inclina un poco hacia adelante y aguza el oído. Bien se ha reído ella con esa serie, que son todos muy simpáticos y trabajan muy bien. Bertín pregunta. La señora ya casi ríe antes de que el otro conteste. Qué gracioso este chico. Paco León, aka Luisma, abre la boca, los ojos azules chispeando, y dice:

"Cuando conocí a mi mujer, tenía novio. Yo es que he tenido novios y novias así, indistintamente".

Sube la intensidad de la música, entra un violincillo como de recreación de Cuarto Milenio. Bertín, pillado desprevenido por una vez, queda en silencio unos instantes. La abuela, en su salón, frunce el ceño. En los hogares españoles, la gente se remueve incómoda en el butacón. Si hace diez años nos hubiesen dicho que la bisexualidad en estado bruto iba a entrar en el hogar del televidente medio español de la mano de Bertín Osborne, no hubiésemos dado crédito.

Sin embargo, en los días posteriores, algunos medios encauzan y reinterpretan lo dicho, publicando robados de Paco León y su mujer bajo titulares como "Esta es la mujer por la que Paco León cambió de acera".

Paco León, el nieto gracioso de las abuelas de España, el coleguita de todo el país, ha sido víctima de un paleto BORRADO BISEXUAL. También conocido como bi erasure, el borrado bisexual es la tendencia a ignorar, eliminar o "excusar" las pruebas sobre bisexualidad en los registros históricos, noticias y otras fuentes primarias.

En el peor de los casos, no sólo se borran los hechos, sino que las cosas pueden llegar al extremo de negar la propia existencia de la bisexualidad. "No creo en la bisexualidad", habremos oído decir alguna vez a alguien. "Lamentablemente, querido y escéptico amigo -podríamos responderle- la bisexualidad no son los Reyes Magos".

Lo hemos visto en muchas series: personajes que, a lo largo de las temporadas, están tanto con hombres como con mujeres, pero que nunca son definidos con la palabra bisexual. Y se comete el error de considerar estos "pequeños cambios de una acera a otra" como experimentos, o de inscribirlos en casillas anuladoras en las que prima la heterosexualidad sobre cualquier otra tendencia (heterocuriosidad, heteroflexibilidad...).

En muchas ocasiones, las incursiones amorosas en el propio género son vistas con escepticismo como "pequeñas catas" antes de pasar definitivamente al otro lado y entrar de lleno en la gay zone. Pero, ¿y si no hubiese ninguna acera por la que caminar ni a la que cambiar? ¿Y si caminásemos por una calle ancha, que permitiese toda clase de bailes y movimientos?

Cualquier seguidor de Glee habrá visto a las animadoras Brittany y Santana liándose con tíos, pero también entre ellas, a lo largo de las temporadas de la serie. Willow, de Buffy Cazavampiros, tiene relaciones con hombres durante las primeras tres temporadas, pero después empieza una relación con la bruja Tara, y más tarde lo hace con su doppelgänger vampírico. En una ocasión se llama a sí misma gay, pero más adelante, se denomina distraídamente "algo así como gay".

Ni se menciona la palabra bisexual. Atención a ese autoborrado bisexual, aún más maligno que la anulación externa.

Y dirán ustedes: ¿Qué necesidad hay de etiquetar algo así? Hay incluso bisexuales que huyen del etiquetado y lo consideran eso, una estrecha clasificación, un nuevo 'entrar por el aro'. Pero detengámonos un momento a pensar: Los bisexuales son, con diferencia, el colectivo peor considerado dentro del mundo de la diversidad sexual.

En ocasiones, también son denostados o mirados con suficiencia y escepticismo por los propios homosexuales, cuando no directamente confinados a la nada, a la inexistencia de su propia opción sexual. En Glee, cuando Blaine duda de su condición de gay "puro", su novio Kurt le espeta que 'bisexual' es la palabra que usan los chicos gays en el instituto cuando quieren darse la mano con una chica y sentirse normales por una vez.

Cualquiera que haya pertenecido a un grupo marginal, sea cual sea éste, se habrá dado cuenta de cuánto facilita las cosas un etiquetado que visibilice, un referente al que apegarse. Y para eso los medios mainstream son . Una amiga lesbiana no comprendió lo que le sucedía hasta que, a los doce años, vio un capítulo de Friends con Winona Ryder como estrella invitada.

Rachel se reencontraba con Winona, que hacía de una antigua compañera del colegio, y le recordaba que una vez se habían besado, vestidas las dos de hawaianas con sendos sujetadores hechos con cocos, en el apogeo de ebriedad y locura de una fiesta. La otra fingía no saber nada de todo aquello, y entonces Rachel, con objeto de hacerla recordar, la besaba. Winona dejaba caer su muro y le confesaba su amor. "Aún puedo recordar nuestros cocos chocando entre sí", le susurraba.

Mi amiga considera esta frase una especie de lema fundacional de su propia sexualidad. Sirva esta historia como ejemplo de cuán importantes son los referentes, y de cómo la cultura pop y el mainstream, con su fuerza destructora-arrolladora, pueden destruirnos o reducirnos a la nada, pero también ayudar a que nos construyamos a nosotros mismos.

En los últimos años, el número de veces que la palabra 'bisexual' ha sido pronunciada en una serie, y la cantidad de personajes que sienten atracción indistintamente por hombres y mujeres, sin que esto suponga ningún drama, ha crecido exponencialmente. Joe MacMillan en Halt and catch fire, Callie de Anatomía de Grey, Annalise de How to get away with a murder, Stella Gibson en The fall, Piper Chapman en Orange is the new black, e incluso Irene, el personaje interpretado por Cayetana Guillén Cuervo en la serie española El ministerio del tiempo...

Todos ellos han regalado al espectador grandes escenas de amor y/o sexo con personas de ambos sexos. Algunos de forma declarada, dando la cara, otros sin explicar claramente lo que son, ante el asombro de algunos fans desorientados. En un foro de seguidores de Anatomía de Grey, una usuaria decía sufrir por el empeño de Callie de "seguir fingiendo", asegurando que su personaje favorito era sin duda lesbiana, y que fingía placer cuando se acostaba con hombres.

Más tarde, Callie se definiría claramente como bisexual. En varios blogs, los seguidores de The Fall exigían a Stella Gibbons que se decidiera. Todos ellos deseaban arrinconar a sus personajes en el lado que consideraban real y correcto. Flotaba sobre estos comentarios un cierto desasosiego, una necesidad de definición, que sin duda podría encontrar respuesta en la libre etiqueta de la bisexualidad, pero que aún se hace extraña y, de alguna manera, poco fiable, para el gran público. Incluso dentro de las propias series, cuando el personaje se define como bisexual, recibe en ocasiones las acostumbradas miradas de desconfianza. Es el ejemplo de Alice Pieszecki, la única bisexual del gran grupo de lesbianas de The L word.

No obstante, hay productos audiovisuales que ya han trascendido la barrera de las etiquetas. Transparent, disfuncional y maravilloso retrato de una familia atípica, es la serie en la que el etiquetado de bisexual pasa a un plano lejanísimo y desaparece, por la sencilla razón de que no hace falta. Los personajes son libres y toda fluctuación es normal. No hay espectaculares salidas del armario ni valerosas reafirmaciones de la sexualidad. Todos están ocupados en un fenómeno de mayor envergadura: los primeros pasos como mujer trans del padre de familia, que pasa de ser 'Papa' a ser 'Mapa' sin mayores conflictos para los hijos.

Pero no aspiremos a tanto. El desetiquetado definitivo por innecesario aún queda lejos. Algunos procesos conllevan una entrada progresiva para ser comprendidos. Quizás, mientras tanto, haya que cuidar y poner firme la etiqueta. Así evitaremos ser arrastrados constantemente de una acera a otra, y podremos simplemente poder disfrutar de la totalidad de esta calle ancha y concurrida. Pero puede ser que, para que la etiqueta quede impregnada en la retina y el cerebro del gran público, sea necesario situar a los personajes bisexuales en escenarios más visibles que los de las series de Netflix, patrimonio general de gente joven con una mayor aceptación de la diversidad sexual. Quizás, para que la idea de la bisexualidad se implante en la población, sea necesario sentarla muchas veces en el sofá de Bertín Osborne.

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