¿ES ACOSO QUE ALGUIEN TE PIDA REPETIDAMENTE TU TELÉFONO?

¿ES ACOSO QUE ALGUIEN TE PIDA REPETIDAMENTE TU TELÉFONO?

Esto es lo que pasa cuando le dices NO a un pesado que hace poesía con tus tetas en Facebook

Vanesa tiene 22 años y estudia en la Universidad Complutense. Es libre de poner en su foto de perfil de Facebook una imagen de ella vistiendo un jersey de cuello alto o enseñando algo de escote. De hecho, es más propensa a lo segundo, y está en su derecho.

Sin embargo, es precisamente por esa foto de perfil (con escote, pero nada arriesgada ni chabacana) por lo que recibe cerca de una veintena de solicitudes de amistad semanales.

“Soy consciente de que cuanto más carne se ve en la foto de perfil, más solicitudes de amistad recibes, pero yo visto así, soy así, y en la foto de perfil también aparezco como soy”, comenta Vanesa.

Lo recomendado por Facebook es no aceptar ninguna solicitud de amistad de alguien que no conozcas, para atar en corto a los moscones. Pero entre las 20 solicitudes semanales, algunas escapan a su filtro.

“Piensas que podrías conocerles de la facultad, ser alguien del grupo de amigos, o simplemente alguien interesante con quien charlar algún día”, explica Vanesa.

No obstante, casi todas las conversaciones con desconocidos acaban siguiendo el mismo patrón: saludan, adulan, piden el número de móvil, piden una cita, bromean hablando de sexo, piden fotos…

Son conversaciones que a veces se alargan durante semanas, una frase cada tres días, hasta que los ligones desisten o se les bloquea.

La actitud de estos ligones en redes suele tardar poco en mostrar una actitud violenta y autoritaria sobre lo que una chica pretende poniendo una foto de perfil así.

“Realmente, no creo que sea sólo por el escote, me han escrito igualmente haciendo referencia a mi cara de viciosa, a que pongo morritos al hacerme el selfie, a que mis coletas piden guerra", dice.

La conversación que hemos transcrito literalmente en este vídeo es reciente y real, y demuestra cómo con muy pocas frases por parte de Vanesa, el ligón va sintiéndose en el derecho de exigirle más y más. Una actitud digna del argumento de una canción de regatón.

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