EN VERDAD OS DIGO QUE ME DIERON GANAS DE CASARME

EN VERDAD OS DIGO QUE ME DIERON GANAS DE CASARME

Fui a una boda a las Vegas y quien casó a mis amigos era Elvis

La habitación es pequeña, tiene moqueta, hay dos focos y el novio ya ha ocupado su lugar. Nos piden por favor que no hagamos fotos ni vídeos. Es entonces cuando escucho una voz ronca (ya quisiera decir yo que aterciopelada) que comienza a cantar ‘Love Me Tender’. ¡Dios mío! Es el rey.

Elvis Presley casa a dos novios en Las Vegas
Elvis Presley casa a dos novios en Las Vegas | Getty Images

“¿Vas a una boda en Las Vegas? Eso suena bastante friki, ¿no?”, me decía todo el mundo al que le comentaba que mis amigos Raquel y Pau iban a contraer matrimonio en la ciudad del pecado. Lo cierto es que no se trataba de ningún paripé. Tras cinco años de relación, estos españoles afincados en Chicago querían celebrar con todos su amigos americanos (y unos cuantos ‘made in Spain’) el triunfo de su amor.

Así pues, llegué a Las Vegas un viernes por la noche tras un largo viaje en coche (4 horas y media) desde Los Ángeles. Luces y más luces me dieron la bienvenida a una ciudad cuya banda sonora suena a máquina tragaperras. Alojados en el hotel Ellis Island, a 15 minutos de la calle principal de Las Vegas, allí ya encontré a varias parejas de novios que se habían dado el ‘sí, quiero’.

Todos jóvenes, bastante borrachos, pero con la sensación de que estaban haciendo algo único y especial. Exacto. Aunque iba a ser mi primera boda en Las Vegas, era mi segunda visita a la ciudad y he de decir que es cierto que uno se siente extraordinariamente libre y feliz allí. No me preguntéis por qué, pero es así. Tras una mini despedida de soltera en el casino del Bellagio (si haces como que juegas las camareras se acercan y la bebida es gratis), volvimos a nuestras habitaciones para prepararnos para el gran día.

Cuatro de la tarde y un Uber nos espera a la novia y sus amigas en la puerta del hotel. Sí, un Uber, aquí en Las Vegas lo de que tu padre te lleve hasta la iglesia en coche no se estila. Raquel lleva un precioso vestido rosa largo con apliques que le hacen brillar cual estrella de Hollywood.

El conductor se da cuenta al instante de lo que está sucediendo y nos dice: “Conduciré rápido que seguro que el novio está de los nervios”. Todo un detalle teniendo en cuenta el tráfico que asola a todas horas la ciudad. La boda se celebra a las cinco de la tarde en Wee Kirk o’the Heather: Wedding Chapel y ya han avisado a los novios de que la puntualidad es fundamental. No obstante, tienen la agenda completa para ese día.

Ubicada en el número 231 de Las Vegas Boulevard South, alcanzo a contar más de una treintena de ‘chapels’ en nuestro camino. Todas con carteles de neón enormes que presumen orgullosos de casar a parejas enamoradas desde hace años. En concreto, Wee Kirk o’the Heather lleva abierta desde 1940. Llama mi atención que pasamos justo por delante de Gold and Silver Pawn Shop, la tienda de empeños donde se graba el famoso reality ‘Empeños a lo bestia’. Empeños y bodas, una gran combinación.

Al bajar del coche me siento como si estuviera en los años 50. La iglesia es blanca y lila, tiene un enorme cartel luminoso con la palabra Open y parece de mentira. Como todo en Las Vegas, por supuesto. Sin embargo, me encanta. Y porque cuenta con una pequeña torre con una estrella en lo alto que si no diría que es una casa unifamiliar donde viven Mary y John con sus cuatro hijos.

Entran los novios y nos piden que esperemos hasta que nos avisen. Cinco minutos más tarde, la señora encargada de recibirnos nos dice que ya podemos pasar. Nos guía hacia unas puertas blancas y cuando las abre hay dos filas de bancos a los lados y una especie de escenario al fondo.

La habitación es pequeña, tiene moqueta, hay dos focos y el novio ya ha ocupado su lugar. Nos piden por favor que no hagamos fotos ni vídeos. La razón es que el pack ‘boda Elvis’ cuenta con fotógrafo y vídeo. Ok, guardamos los móviles y las cámaras y esperamos impacientes (al menos yo), el próximo movimiento.

Es entonces cuando escucho una voz ronca (ya quisiera decir yo que aterciopelada) que comienza a cantar ‘Love Me Tender’. ¡Dios mío! Es el rey. Las puertas se abren y Raquel entra del brazo del mismísimo Elvis Presley.

No os lo creeréis, pero se conserva bastante bien. Tendrá unos cincuenta y largos años, le queda bastante pelo (negro, por cierto), lleva un micrófono de los que se fijan a la cara y va meneando sus caderas cual Beyoncé. Nos pide que cantemos con él y lo hacemos. Una vez que deja a Raquel al lado de su futuro esposo, nos sentamos y la ceremonia comienza.

Nos habla del amor y de lo importante que es este sentimiento en nuestras vidas. Está pletórico por poder oficiar la boda y les desea lo mejor a Raquel y a Pau. Y aquí es cuando, llamadme romántica, me emocioné. Sé que es un actor (el verdadero Elvis estará con Marylin Monroe tomando mojitos en México) pero trasmite un cariño que hace que te sientas parte de algo muy especial. Lo es.

Una boda en Las Vegas no es una boda cualquiera. O por lo menos no en España. Si te casas aquí, lejos de tu familia y con ese sabor amargo de quien lleva años fuera de su país, sentir que Elvis está realmente contento de casarte es un plus.

Es entonces cuando da paso al momento intercambio de anillos. ¡Drama! Los novios no tienen. El motivo es que los van a comprar para su boda en España y no cayeron en ese pequeño detalle. “¿Alguien tiene dos anillos para prestarnos?”, grita el novio. Y sí, queridos. Les presté dos anillos de plata que lucía en ese momento y con los que se juraron amor eterno.

Elvis da por válido el matrimonio y comienza a sonar el temazo Viva Las Vegas. Comenzamos a bailar y a cantar como si estuviéramos en una rave. Best moment of my life. No os miento. Es lo más divertido y emotivo que he hecho nunca. La música termina y Elvis nos pide que posemos para las fotos. De nuevo, no podemos dejar de reír porque el rey no para de poner su mítica pose con el dedo disparando. Nos lo estamos pasando pipa. Sin embargo, nos estamos pasando de la hora y hay otra pareja a la que Elvis debe casar. No problem.

Salimos al exterior donde tienen un pequeño jardín con un banco en el que podemos quedarnos todo el tiempo que queramos retratándonos (si es que lo tienen todo pensado). Entre foto y foto, me doy cuenta de que los novios y dos amigos no están.

“Han entrado para la ceremonia oficial y necesitan dos testigos”, me dice Chelsea. ¿Ein? ¡Bingo! La ceremonia a la que acabo de asistir no es real. Es después, cuando pasan a un despacho contiguo a la capilla, cuando firman los papeles oficiales delante de un notario.

“Joer, qué cansinos son con las propinas. Si ya sé yo que se la tengo que dar, que me dejen de poner el sobre en la mano”, se queja Raquel al salir. El tema tips no es solo para los camareros. Los novios han tenido que dejar propina a Elvis, al fotógrafo, al notario y a la capilla. Vaya, que nadie se queda sin su trozo del pastel.

¿Por cuánto te sale una boda en Las Vegas?

Pues depende, queridos. En el caso de mis amigos, ellos eligieron el pack ‘Love Me Tender’ que cuesta 177 dólares. Incluye que Elvis lleve a la novia al altar, que cante dos canciones (a su elección, ojito ahí), ocho fotografías, un vídeo y el alquiler del ramo de flores.

Si a eso le sumas las propinas, podríamos decir que te sale todo por unos 300 dólares. Sin embargo, el rango de precios varía dependiendo de la iglesia.

Y lo que todos os estáis preguntando es “¿pero no es cutre?”. Pues no queridos, para nada. Es surrealista, divertido, emocionante, único, singular y rabiosamente inolvidable. En serio. Si alguna vez me caso, será en Las Vegas. Avisados quedáis, que no invitados.

Una última cosa, para los más cinéfilos. En esta capilla se grabó la boda entre los personajes de Catherine Zeta-Jones y George Clooney en la película, Crueldad Intolerable. Un año después, uno de los directores se casó en dicha capilla y Catherine fue una de las damas de honor.

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