SKAM, LA SERIE FENÓMENO EN EUROPA DEL NORTE

SKAM, LA SERIE FENÓMENO EN EUROPA DEL NORTE

Isak y Even, de Skam, son la última gran pareja LGTB de la televisión

¿Cuántos romances LGTB recuerdas de las series de televisión? ¿Cuántos han sido icónicos para ti o para tu generación? ¿Cuánto tiempo separa a unos de otros? Y el más difícil todavía: ¿cuántos están realmente bien escritos y son influyentes o emocionantes?

Fotograma de Skam
Fotograma de Skam | Agencias

Si hacemos un balance de la situación actual del colectivo LGTB en lo que entendemos por países desarrollados (del panorama alegal a las agresiones que se producen semana a semana: hablamos de ello en un artículo reciente), es fácil entender por qué su representación en el cine y en la televisión es tan importante, y a la vez tan minoritaria y superficial. Existe un efecto simbiótico: es necesario que la cultura refleje todos los referentes emocionales e identitarios para que influyan en el espectador y él en el mundo que le rodea.

En una industria de ficción tan heteropatriarcal, que una serie noruega dirigida al público adolescente nos proponga una de las parejas gais más interesantes de los últimos años es una sorprendente alegría: no solo es un retrato realista de algunos conflictos de la comunidad LGTB, sino que se aborda de forma tan sutil e inspiradora que deberían ponerla en todos los institutos.

Es muy probable que no hayas escuchado o leído nada sobre Skam, pero ha sido un fenómeno en Europa del norte desde finales de 2015. Se trata de un particular proyecto online de NRK, la cadena pública de Noruega: clips de ficción a tiempo real, lanzados desde la web sin previo aviso, a la misma hora que los sucesos que se narran, para animar a sus fans a estar atentos y a compartir el contenido entre ellos. La idea se convirtió en todo un boom viral.

 

Historias juveniles tratadas con sensibilidad

Isak y Even son los protagonistas de la tercera temporada de 'Skam' ("vergüenza"), que dedica cada una de sus entregas a un personaje diferente. No es ese componente antológico lo único que la emparenta con 'Skins', la producción juvenil británica que cambió el panorama de la 'teen fiction' hace diez años, además lo hace su enfoque realista (en la noruega no tan crudo) y maduro sobre ciertos temas.

En este caso, 'Skam' narra la historia de Isak (Tarjei Sandvik Moe), un joven de 17 años al que le cuesta asumir que es gay, de cara a su familia y sus amigos, pero sobre todo a la de sus propios miedos. Todo cambia cuando conoce a Even (Henrik Holm) y abraza por fin su verdadera sexualidad. El conflicto con la heteronormatividad y la plumofobia están muy presentes, pues Isak cree que solo existe una única identidad en el mundo gay, la que además ayudó a luchar por la visibilidad y por los derechos LGTB, y la rechaza de pleno.

Aun así, 'Skam' es honesta a la hora de negociar las ideas preconcebidas con su protagonista y con su público, y les permite ajustar cuentas con los prejuicios hacia el colectivo. No obstante, no todas las cuestiones que la serie ha puesto sobre la mesa en estos dos años han sido así de políticas; lo emocional es igual de importante.

Producida por la guionista Julie Andem, que se sumergió en grupos reales de adolescentes en institutos de Noruega, la ficción destaca por su naturalidad (y la de sus actores) al plantear la dependencia sentimental, el control en las relaciones, la necesidad de encajar y, en resumen, la soledad que desprenden esos cambios generacionales. La primera temporada está protagonizada por Eva (Lisa Teige), y la segunda por Noora (Josefine Frida Pettersen), que crean vínculos algo malsanos hacia sus parejas.

Fotograma de Skam | Agencias

Entre el realismo y la pedagogía

Las críticas que recibió hace unos meses la segunda temporada de 'Skam' reflejan bien los retos a los que se enfrentan ciertas series juveniles: ¿cuándo dejan de plantear decisiones probables en sus personajes y empiezan a sugerir que esas son las correctas? La entrega a la que nos referimos la protagoniza Noora, a la que un chico intenta manipular para enamorarla, y con el que finalmente comienza una relación romántica.

Cuando se descubre que William está involucrado en peleas callejeras, y en un intento de promover la empatía y la confianza en la pareja, la ficción propone que la joven haga la vista gorda y procure hacer entrar en razón. ¿Existe justificación para cualquier tipo de violencia? ¿Es justo cargar a la protagonista con los comportamientos nocivos de su novio? ¿Está transmitiendo un mensaje tóxico a su audiencia?

Si algo bueno podemos sacar de esa polémica de 'Skam' es la certeza de que los guionistas lo hicieron así porque confían en la sensibilidad y la inteligencia de su audiencia joven. Hablamos hace unos días de cómo series adolescentes actuales, como 'Por trece razones', 'The OA 'o 'Sweet/Vicious', se han animado a tratar temas como el 'bullying' o la violencia sexual.

Por ello no es extraño que este fenómeno noruego nos haya sorprendido con uno de los romances gais más sutiles y bonitos que hemos visto en la televisión reciente. En una industria sometida aún a la tiranía del para 'todos los públicos', inmovilista a veces a la hora de incluir a colectivos minoritarios, sobre todo en las cadenas en abierto, NRK ha usado los canales y el lenguaje de los jóvenes para contarles una historia de tolerancia, valentía y amor. Eso es toda una hazaña.

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