'SUCESOR DESIGNADO' BUSCA NARRAR LA BUENA POLÍTICA

'SUCESOR DESIGNADO' BUSCA NARRAR LA BUENA POLÍTICA

Necesitamos políticos honrados en las series, porque la realidad ya tiene a Donald Trump

La realidad nos dice que en enero Donald Trump será el nuevo presidente de los EE UU. Mientras, la pequeña pantalla estadounidense busca a su nuevo Jed Bartlet (El ala oeste de la Casa Blanca) y quizás lo logre con 'Sucesor Designado'. Para entender este giro hacia la buena política es clave la contribución europea. Justo cuando las series norteamericanas preferían centrarse en políticos crueles y sanguinarios (House of Cards), una producción danesa puso la nota positiva y pedagógica al asunto. 'Sucesor Designado', surge gracias al efecto Borgen.

Fotograma de Sucesor Designado
Fotograma de Sucesor Designado | filmaffinity

'El ala oeste de la Casa Blanca' está aún tan presente que parece que se siguiera emitiendo. Ninguna ficción política para televisión ha sido tan influyente como la creada por Aaron Sorkin en 1999 para la cadena NBC, cuyo fenómeno cultural fue entonces objeto de estudio hasta en la academia universitaria.

La figura del presidente Jed Bartlet, al que dio vida Martin Sheen, no solo devolvió a los estadounidenses el interés en la política, también la fe que sus políticos podían ser honrados, el más difícil todavía. La consagración de El ala oeste en el imaginario de la época fue su respuesta al 11S.

El 3 de octubre de 2001, con tres semanas para escribir y rodar, la serie estrenó el histórico capítulo Isaac and Ishmael, que llamaba a la conciliación social justo cuando la población árabe estaba siendo criminalizada por aquellos ataques.

Es curioso que, más de quince años después, la serie política más popular sea 'House of Cards'. En su primera escena ya vimos a su protagonista, el despiadado Frank Underwood (temible Kevin Spacey), que más tarde será presidente de Estados Unidos, sacrificar con sus manos a un perro atropellado, aperitivo de todos los cadáveres (casi siempre morales, no todos literales) que se dejará por el camino.

La apuesta, creada en 2013 por Beau Willimon (Los idus de marzo) a partir de la serie británica homónima de 1990, surgió como reacción al desencanto político tras el colapso de 2008; los que mandan como casta (nunca mejor dicho, guiño-guiño) indeseable y capaz hasta de derramar sangre por cuidar sus privilegios.

¿Os suena Juego de Tronos? Pues eso. ¿Es que no hay líderes buenos, ni en un refugio de ficción como la tele?

El efecto 'Borgen': los retos de 'gobernar bien'

Parece que, por suerte, la tendencia está cambiando. El último ejemplo nos llega de la mano de un imprescindible del thriller político, aunque no precisamente diplomático. Nos referimos a Kiefer Sutherland, que interpretó a Jack Bauer en la icónica '24', y que ahora se mete en la piel del último presidente catódico de EEUU.

'Sucesor designado', de ABC, narra el ascenso al poder de un secretario de urbanismo cuando el gabinete de la Casa Blanca muere en un atentado; Tom Kirkman se enfrenta a la amenaza que ha acabado con su equipo, pero además al recelo del resto de congresistas, e incluso a su propia expectativa como gobernante.

A pesar del tono blanco y regusto patriótico, ¿no es ahora más interesante una ficción sobre los retos de 'gobernar bien' que sobre los vicios de 'gobernar mal'? Esa es su aportación.

Para entender que la pequeña pantalla estadounidense se haya animado a buscar a su nuevo Jed Bartlet, la contribución europea es capital. Justo cuando las series norteamericanas, que suelen marcar el paso en el escenario internacional, preferían centrarse en políticos crueles y sanguinarios, una producción danesa puso la nota positiva y pedagógica al asunto. Es el efecto Borgen.

Protagonizada por la actriz Sidse Babett Knudsen (Westworld) como Primera ministra por sorpresa, la serie hizo audiencias astronómicas de 2010 a 2013 en Dinamarca, abordando además asuntos de actualidad política. Fue, en efecto, 'El ala oeste de la Casa Blanca' europea, y propulsó de nuevo una figura a la que Tom Kirkman debe mucho, el político honrado, entre lo práctico y lo idealista, lo flexible y lo asertivo. ¡Hasta en España tuvimos uno: 'La embajada'!

¿Qué hay de las presidentas de Estados Unidos?

Los logros de 'Borgen', no obstante, no se limitaron a eso. Si hace unos días hablamos de series como 'The Crown' o 'Victoria', sobre reinas enfrentadas a una institución tan machista como la monarquía, hoy podemos decir que Birgitte Nyborg, el personaje de Sidse Babett Knudsen en aquel éxito danés, es un hito de la representación femenina en televisión.

¿Qué hay, entonces, de las presidentas de Estados Unidos? La quinta temporada de 'Homeland' se ha estrenado con una mujer en el Despacho Oval, lo que nos recuerda también a 'Veep', implacable sátira sobre una incompetente vicepresidenta a quien da vida la genial Julia Louis-Dreyfus. La gran olvidada suele ser, sin embargo, 'Madame Secretary', algo así como una homóloga de Jed Bartlet y Tom Kirkman en el poder: Tea Leoni interpreta a una sufrida pero dispuesta Secretaria de Estado.

Todo este repaso catódico nos sirve como acto de reivindicación de un género en apariencia tan desagradecido, antes tan ignorado, como el político, que en realidad cuenta con enfoques muy interesantes sobre lo que vemos día a día en los noticiarios. Puede funcionar, como bien nos enseñó 'El ala oeste de la Casa Blanca', a muchísimos niveles: es una fórmula para crear en el espectador el interés por la política, sobre todo cuando se atreve a abordar temas actuales y locales, pero además para devolverle la fe en sus líderes, para mostrarle que los hay honrados y justos.

Aún hay quien duda del poder social de la tele, y más en cuestiones de representación como estas; es probable que una u otra una serie no anime a nadie a levantarse del sofá e ir a votar en las próximas elecciones, pero no subestimemos el imaginario de la pequeña pantalla.

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