¿LA AMISTAD DEBERÍA SER SIEMPRE ESTO?

¿LA AMISTAD DEBERÍA SER SIEMPRE ESTO?

Ojalá todos tuviésemos unos amigos tan guays como los niños de Stranger Things, ¿verdad?

Los personajes creados por los hermanos Duffer encarnan la amistad en su estado más puro e infantil. Sin prejuicios, sin egoísmo, sin miedo, con los roces normales de la edad y arriesgando por los suyos.

Stranger Things
Stranger Things | Netflix

Cuando digo los niños de Stranger Things me refiero a los personajes, no a los actores. A esos no les conocemos más allá de las entrevistas y ser amigo de un niño actor de tanto éxito es serlo en la distancia. Los que molan, a los que queremos realmente son a Mike, Will, Dustin, Lucas, Eleven y, ahora, también a Max.

Que Finn Wolfhard, Noah Schnapp, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Millie Bobby Brown y Sadie Sink también molan, pues sí. Los hemos visto cantar, divertirse y hacer cosas la mar de divertidas, solidarias y virales en decenas de entrevistas. Pero a los que todo preadolescente querría como amigos si existiesen en la realidad y a los que todo padre elegiría para sus hijos si pudiese, sería a los personajes creados por los hermanos Matt y Ross Duffer.

¿Por qué dirán algunos? Si algunos son muy cargantes, argumentarán otros. A todos lo que dudan, la respuesta es la misma: porque simbolizan la amistad en estado puro. Si no, ¿de qué se iban a enfrentar a un demogorgon para salvar a uno de ellos? Eso no lo hace cualquiera. Pero es que, además, Mike, Will, Dustin, Lucas e Eleven personifican todo lo que tener un buen amigo implica. O al menos, debería. Una amistad idealizada, infantil, verdadera.

Stranger Things | Netflix

Los amigos no se mienten, se ayudan, se aceptan tal y como son, sin prejuicios y sin esperar nada a cambio. Si no hubiese sido por Mike, Dustin, Lucas e Eleven, Will se habría acabado muriendo de frío húmedo en el Upside Down. Y si no hubiese sido por ellos, Will (otra vez él, sí) se habría convertido en el culpable involuntario de la destrucción de Hawkins y alrededores.

Si embargo, ahí estaban sus amigos para salvarle dos veces. Y las que haga falta. Porque eso hacen los colegas, cuidar unos de otros, protegerlos. Sea de un monstruo oscuro de un mundo del revés, del matón de turno o de las malas decisiones que se toman a veces. ¡Ay Dustin! ¿Por qué te empeñaste en ocultar al bicho? Vale, que para ti era un amigo.

Todo empezó con una “loca”

La primera lección de amistad que dieron estos pequeños frikis fans de los juegos de rol es que a un amigo nunca se le da por perdido. Da igual dónde se encuentre y a lo que haya que enfrentarse. Uno recorre el Mundo del Revés si hace falta para sacarlo de allí. La segunda es la de aceptar al otro tal y como es. Que Will, Mike, Lucas y Dustin no son los más populares del instituto está claro. Son algo así como el grupo de los raritos.

Da igual. Ellos son felices con sus bicis, sus aventuras sobre un tablero de mesa y con sus conversaciones sobre ‘Star Wars’. No necesitan entrar en el equipo de fútbol. Son distintos al resto y entre sí, pero entre ellos encajan a la perfección y se compenetran. Cada uno tiene su propia función dentro del club. Quien mejor lo resume es Mike en una de sus muchas enganchadas con Max. “Yo soy el paladín. Will, el clérigo. Dustin, el bardo. Lucas, el rastreador y El, la maga”. Lo tienen todo para hacer un buen equipo, vamos.

Son generosos en su afecto y capaces de adoptar rápido a quien es diferente sin juzgarlo. Lo hicieron con Eleven, a la que recogieron perdida, sucia y en bata de hospital huyendo de un científico loco. “Es nuestra amiga y está loca”, le grita Dustin a unos matones. Y esa frase lo simboliza todo. Da igual cómo seas, te queremos y aceptamos igual.

Stranger Things | Netflix

Si son tan buenos amigos, ¿qué problema tienen con Max?

Vale, entonces, si son tan abiertos y tan majos, ¿por qué no aceptan todos a Max? Después de todo, se ve a la legua que es como ellos. Dustin y Lucas, por razones más que evidentes y que se desarrollan a lo largo de la segunda temporada (su interés romántico en ella, se entiende), la quieren en el grupo desde el primer minuto. El resto, no tanto.

La clave está en el dolor que la ausencia de Eleven ha provocado en Mike. Él ve a Max como alguien que quiere rellenar ese hueco y no lo soporta. A la pobre le cuesta ganarse un hueco –y eso que se lo merece de sobra–. Will, por el contrario, está a otras cosas. Bastante tiene con lidiar con sus miedos y lo que le carcome, literalmente, por dentro. Como para preocuparse de la chica nueva.

Lo que promueven Mike, Will, Lucas, Dustin, Eleven y a la postre Max es que los amigos están para apoyarse siempre, sin mentiras, sin rencores y sin prejuicios. Hay que aceptar al otro tal y como es, con sus aciertos y sus fallos. Qué discuten. Pues claro, son niños. Qué se separan porque les gusta la misma chica. Cosas de la edad que se acaban solucionando.

Al final, siempre están ahí para el otro. Cuando realmente alguno de ellos necesita ayuda, la encuentra. Y si meten la pata, que lo hacen y se saltan su propio código ético, se perdonan. Eso es la amistad. O eso debería ser. En la infancia, en la pubertad y en la edad adulta.

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