SIETE NIÑOS NARRAN EL ÉXODO DE UNA GUERRA EN ‘NACIDO EN SIRIA’

SIETE NIÑOS NARRAN EL ÉXODO DE UNA GUERRA EN ‘NACIDO EN SIRIA’

“Lo que más miedo me daba era el Daesh y las cabezas cortadas que vi”

Más de cuatro millones de personas han tenido que huir de la guerra de Siria desde 2012: más de la mitad, son niños que cruzan el mar y se adentran en Europa. Hernán Zin relata ese éxodo a través de las voces de siete de esos niños en su filme ‘Nacido en Siria’. “Lo que más miedo me daba era el Daesh. Todavía recuerdo las cabezas cortadas que vi”, narra uno de ellos.

Nacido en Siria’
Nacido en Siria’ | D.R.

Hijo del senador Claudio Zin y por lo tanto bajo un abrigo económico que le habría permitido desde lucir un pedazo de traje —quizá no un Brioni—, hasta simplemente quedarse en casa reflexionando acerca de los problemas de política internacional para resolverlos el sábado por la noche. Hernén decidió que las soluciones políticas y sus esferas ideales no eran lo suyo, ni que decir del Brioni; lo suyo, por el contario, era entender los problemas, sentirlos, tocar el pellejo y la sangre de los conflictos para más tarde exponerlos.

¿Acaso puede uno entender un problema sin sentirlo? Eso es lo que busca Zin, sentirlos, para más tarde invertir aquella frase de Einstein que reza: “Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido”.

 

En el caso de “Nacido en Siria”, como en su anterior película “Nacido en Gaza” está claro que lo ha hecho, pero si acaso tuviésemos dudas acerca de la posibilidad de su comprensión del conflicto, Zin le cede el relevo a los niños.

Ante tales narradores, uno podría pensar que no se trata más que de un azuelo comercial: pon un trozo de carne sensual, pon un niño lacrimoso, y te has metido a la mitad de la sala en el bolsillo sin darte cuenta. Sin embargo, en el caso de “Nacido en Siria” es diferente, sobre todo si tenemos en cuenta que los bombardeos del 2012 dieron el pistoletazo de salida a un éxodo de cuatro millones de personas de las cuales la mitad eran niños. Así que niños justificados.

Nacido en Siria’. | D.R.

Dicho esto, lo que narran Zin y su equipo no es más que el año de vida de siete niños que abandonan Siria, viaje obligado que llevo al equipo a trasladarse de grabación a once países diferentes. D

e esta manera, la película se compone de una sucesión de imágenes que describe la intolerable cotidianeidad tan poco cotidiana que entraña un éxodo como éste —y a las que quizá, solo se les pueda reclamar que hace bello lo terrible—.

Cotidianeidad a su vez narrada por los niños, y puntualmente cruzada con fragmentos de la voz de políticos de otros países. Si bien, como en el caso de los niños, podríamos pensar que se trata de otra maniobra de marketing fácil, cuando uno escucha y contrasta ambas voces, el cinismo que desprende justifica cualquier juego de guion. ¿Cómo digerir la elocuencia castrense de Merkel combinada con la naturalidad de un enfermo de fiebre de Malta?

Por otro lado no se echa de menos un discurso explicativo que reflejase el porqué de la situación como algunos le han reclamado. No se trata de un thriller ni tampoco un documental del Canal Historia.

Nacido en Siria’. | D.R.

Zin no quería explicar el porqué de la guerra civil en Siria, quería exponer y comprender sus consecuencias, sumergirse en la ola expansiva que ésta ha generado y captar cada movimiento desde el interior. De hecho, lo consigue, pues además de sumergirse en ese viaje, las cámaras no cesan de grabar cuando algunos de los niños logran cruzar a Europa dando sentido a una de las frases con las que se abre la película: “Al principio pensaba que el problema solo era cruzar el mar. Pero ahora aquí me doy cuenta de que el problema es mucho mayor”.

Y así sucede, pues cuando algunos de ellos logran llegar a Europa el viaje no ha terminado, queda por superar la inmensa verja de problemas tejida por la realidad lingüística, el mundo laboral, la frustración emocional, los prejuicios y un etcétera casi tan largo como el camino hasta entonces recorrido.

En definitiva, a pesar de algún exceso estético, “ese tío conoce la violencia”. En este caso la que se ejerce sobre un país, la misma que actúa como vehículo para filmar la sensación de inacabamiento y condición de espera que invade el mundo y ponerla ante nuestra mirada, una mirada que si no es por películas como ésta, a veces, ni parpadea.

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