LO MEJOR DEL AÑO

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2016 ha sido el año de la Ciencia Ficción

La ciencia ficción ha sido considerada siempre un género minoritario, pero algo ha pasado para que las series más aclamadas del año pertenezcan a ella. No solo eso, su consagración se ha extendido a otros soportes como el cine o los libros

La última temporada de Black Mirror ha sido uno de los éxitos del año.
La última temporada de Black Mirror ha sido uno de los éxitos del año. | Fan Art

Cuando Juego de Tronos logró su primer Emmy al Mejor Drama de la televisión, en septiembre de 2015, muchos columnistas auguraron el triunfo de la ciencia ficción de cara a los siguientes Oscar, en febrero, para los que Marte era una posible favorita. ¿Descabellado? Sí y no.

Desde la época de Perdidos, ninguna serie con elementos fantásticos o scifi había sido nominada a los grandes premios televisivos, así que el éxito de la ficción de HBO lo era además para el género. Los especialistas lo notaban desde que películas como Origen, Gravity o Her cayeron entre las candidatas a los Oscar: la ciencia ficción, antes considerada minoritaria, se encaminaba hacia su consagración definitiva. Hoy, con Juego de Tronos en las listas de lo mejor del año junto a La llegada, es evidente que la televisión desempeña un gran papel en el boom de estas fórmulas.

Todo esto es especialmente significativo en los imperativos balances de 2016, cuyos eventos políticos y sociales son más dignos de Black Mirror que de lo que entendíamos como nuestra realidad hace unos meses. Acontecimientos como el brexit, la polarización ideológica y el auge de la derecha radical o la victoria de Donald Trump en Estados Unidos han sorprendido a parte de la opinión pública, también a los creadores artísticos, siempre más afines a los movimientos de izquierda.

Sin ir más lejos, el director Neill Blomkamp, fiel del género, responsable de cintas como Distrito 9 y Elysium, publicó hace unas semanas, en su cuenta de Instagram, dos vídeos propios en los que recreaba los vehículos oficiales del presidente norteamericano, bajo el mandato de Trump, como si fueran imágenes salidas de Max Max o Los juegos del Hambre.

 

'Juego de Tronos' y 'Westworld', las series más populares

¿Son los imaginarios de la ciencia ficción y la fantasía los únicos referentes que tenemos para entender lo que pasa hoy en nuestro mundo? Así es si nos guiamos por el éxito de dos de las series más seguidas y comentadas de 2016, Juego de Tronos y Westworld.

Ambos son títulos de HBO, el canal que más ha trabajado en los últimos años para vestir de largo esas criticadas fórmulas creativas (con permiso de The CW y su Los 100); ambos cruzan nuestra realidad con otros lugares y otros tiempos, pero cuentan algo que resulta de pura actualidad. De la primera poco nuevo se puede añadir, solo que sus guionistas siguen profundizando en las sangrientas intrigas políticas de Poniente; la segunda, creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy, recupera el conflicto de los robots con sentimientos y el discurso de la deshumanización en nuestros días.

2016 ha marcado también el regreso de Black Mirror, la serie del célebre columnista y satirista Charlie Brooker, que sorprendió en 2011 en la cadena británica Channel 4 y que ahora es parte del catálogo de producción de Netflix. La resurrección para la tercera temporada ha pagado el pato de cierta americanización en el tono creativo y la rendición ante actores y directores más conocidos (algo que no es malo, al contrario), pero sigue siendo el ejemplar de ciencia ficción más virulento que podemos ver en televisión.

Su objetivo ha sido en esta ocasión más social que político, y el papel de la tecnología y las plataformas sociales en la comunicación humana es todavía su cuestión favorita. El episodio más aclamado, San Junipero, se atreve con una de las inquietudes más bonitas del género. ¿Cómo puede la ciencia ficción trascender la muerte?

Black Mirror. | D.R.

Distopías y fábulas existencialistas

La última percha de actualidad scifi, al filo de 2016, la ha puesto The Man in The High Castle. La superproducción de Amazon, que se estrenó en 2015 sin crear mucho ruido, ha regresado con su segunda temporada a mediados de diciembre, en el mejor momento posible si a marketing nos referimos: una dictadura nazi en plena América de Trump. Se trata de la adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick (además autor de la obra que inspiró la aclamadísima Blade Runner), una ucronía ambientada en los años 60 de unos Estados Unidos donde los nazis y los japoneses salieron victoriosos de la II Guerra Mundial. El valor y el compromiso se alzan como las cuestiones más estimulantes de una fábula sobre el poder de la ficción: las películas de un líder de la Resistencia muestran una realidad alternativa que puede concienciar a los indecisos.

Series como Westworld, Black Mirror o The Man in The High Castle han convertido la fantasía distópica en una de las propuestas más prolíficas del último año, y demuestran que la ciencia ficción es el género más importante y puntero para abordar nuestra realidad inasible, de giros más locos que los de la propia imaginación. El éxito de Los 100, que en su tercera temporada sigue siendo uno de los scifi más sólidos; el fenómeno The OA, un tributo al existencialismo y a la superación de las diferencias que parece heredado de Sense8: 3%, esos Juegos del Hambre con los que Netflix se ha estrenado también en la producción brasileña; Incorporated, de Syfy, que imagina futuro gobernado por las grandes corporaciones… Y La llegada, la monumental película de Denis Villeneuve, como una de las favoritas en la carrera de premios. En este caso, las series de televisión no han servido como tapiz, sino como gran motor de la ciencia ficción.

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