Y SAM WORTHINGTON ES UN EJEMPLO MÁS DE ELLO

Y SAM WORTHINGTON ES UN EJEMPLO MÁS DE ELLO

Ser guapo no es suficiente para triunfar en Hollywood

Hace falta algo más. Talento, sí. Para el drama, la acción o la comedia, eso da igual. Un poco de carisma, un buen agente y algo de suerte también vienen bien. Todo eso junto o por separado ayuda. Como también ayuda aclarar que triunfar no es solo ganar un Oscar.

Sam Worthington
Sam Worthington | Agencias

Ser guapo o estar bueno, hablando claro, es algo que ayuda, y mucho, a abrirse camino en Hollywood. Al séptimo arte le gusta la belleza y eso no puede negarse. Nadie le había dado la oportunidad a Chris Pratt hasta que perdió peso y marcó abdominales. Pero tampoco puede obviarse que, salvo contados casos, el actor o actriz en cuestión ha de demostrar que tiene algo más que una cara bonita o un cuerpo esculpido a base de gimnasio para superar su minuto (o año) de gloria y prologar su carrera más allá de unos cuantos taquillazos o portadas de revista.

Esto viene a cuento del reciente estreno de ‘La cabaña’, película que cuenta con Sam Worthington como cabeza de cartel. Sí, ese fornido británico de mirada profunda y clara que irrumpió en las pantallas en 2009. Ya había hecho cosas antes, pero no fue hasta que McG le convirtió en un Terminator y James Cameron, en un soldado con un avatar azul, que dio el pelotazo.

Después de aquello paseo sus músculos como Perseo en un par de entregas endiosadas (‘Furia de titanes’ e ‘Ira de titanes’) e incluso fue parte del reparto de aquella maravilla que fue ‘La deuda’. El globo se fue desinflando, el interés perdiendo y el hecho de que lleve ni se sabe cuánto tiempo inmerso en sacar adelante las cuatro entregas de ‘Avatar’ que ha prometido Cameron tampoco le han ayudado mucho. Como tampoco participar en proyectos como el que acaba de estrenar, donde intenta poner a prueba sus dotes dramáticas cuando en realidad lo suyo es otro palo.

El de Sam Worthington es solo un caso más que demuestra que ser guapo no es suficiente para triunfar en Hollywood. Puede que durante un tiempo logres, con un buen agente y una amplia red de contactos, mantenerte en la cresta de la ola. Pero al final casi todos acaban cayendo. ¿Quién se acuerda de Ryan Phillippe y Freddie Prinze Jr.? ¿Y del más reciente Robert Pattinson? Ídolos ellos de adolescentes en su día que cuando ellas crecieron vieron su fama desinflarse.

Algunos, sin embargo, han sabido reinventarse. Y la televisión, en plena era dorada de las series, les ha facilitado encontrar un hueco de éxito. Ahí están Rob Lowe y Ashton Katcher, por ejemplo. O, incluso, Josh Harnett, que puede que ‘Penny Dreadful’ no fuese una serie mainstream pero era una auténtica obra de arte seriéfilo.

Y con ellas pasa lo mismo. Quienes más difícil lo tienen son las chicas de las sagas teóricamente dirigidas a un público masculino. Léase los casos de Megan Fox, Rosie Huntington-Whiteley, Bérénice Marlohe y Olga Kurylenko, por ejemplo. Las dos primeras, féminas en el universo ‘Transformers’. Las otras dos, ‘chicas Bond’. Pero claro, sin querer faltar al respeto a nadie, no todas pueden ser Halle Berry. Ella es capaz de dejar a todos pasmados con un bikini saliendo del agua, ser una mutante y, al mismo tiempo, arrancar aplausos y premios con una desgarradora actuación en ‘Monster’s Ball’ que vale por un Oscar.

El triunfo no se mide solo en premios

Lo cual lleva a preguntarse algo, ¿triunfar en Hollywood es ganar una estatuilla dorada? Sí y no. Hay que valorarlo en su justa medida. Después de todo, Sandra Bullock tiene uno. Exactamente el mismo número de premios que Leonardo DiCaprio por insultante que parezca.

Lo más llamativo de todo esto es que resulta que a Hollywood le gustan los guapos y guapas, pero luego, a la hora de tomárselos en serio o premiarles, les exige que se afeen. La lista es interminable. Le pasó al propio DiCaprio, que no consiguió que le diesen un Oscar hasta que se arrastró por la nieve, el barro y un oso casi lo despedaza.

Y como él, la mencionada Halle Berry, a la que le dieron el premio por un papel sin maquillaje. Más casos, el de Charlice Theron en ‘Monster’, Christian Bale en ‘The Fighter’, Natalie Portman en ‘Cisne Negro’ (que no salía fea, pero lo pasaba realmente mal, que es la otra razón por la que te dan un Oscar) y Matthew Matthew McConaughey en ‘Dallas Buyer Club’.

Como el triunfo en realidad no se mide –o no debería medirse solo por las estatuillas que se atesoran–, hay que tener en cuenta otros aspectos como la taquilla, el fandom, la cantidad de fotógrafos que te persiguen en tu día a día… El éxito se puede medir de muchas maneras, aunque todas conduzcan a lo mismo, no caer en el olvido y llegar a fin de mes.

Nadie diría que Hugh Jackman haya fracasado, si no todo lo contrario. Y sin embargo, no tiene ningún Oscar y solo le han nominado una vez, por ‘Los miserables’, cuando la mejor interpretación de su carrera es la de Logan. No tiene al tío Oscar en su estantería, pero tiene el cariño del publico, taquillazos, grandes títulos y un carisma que ya quisieran muchos.

Porque eso también hace a la hora de tener éxito. Guapos hay muchos, pero guapos con carisma, no tantos. También sirve hacerse con cierto halo de estrella como Brad Pitt y Scarlett Johansson. De capacidad de sacrificio por un personaje como Christian Bale. De una naturalidad arrolladora como Jennifer Lawrence. De caer en proyectos que nacen ya míticos como Harrison Ford con ‘Indiana Jones’, ‘Star Wars’ y ‘Blade Runner’. O de cierta fama de inalcanzable y ‘rarito’ como Jared Letto o Joaquin Phoenix. Todos son guapos y, de una manera u otra, han triunfado. O, claro, ser Tom Cruise.

Además de la belleza, el talento, el carisma, un buen agente y un poco de suerte, la constancia y el no rendirse en ocasiones da sus frutos. Ahí está Ryan Reynolds. Un tipo guapo, divertido, majo, cercano y con una mala suerte a la hora de elegir sus películas que clama al cielo. Sin embargo, perseveró, siguió ahí, aguantando carros y carretas y un día llegó su momento como un superhéroe gamberro, macarra y tremendamente divertido. ¿Qué no ganará un Oscar? Romper la taquilla también es triunfar.

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