‘EL FUNDADOR’ CUENTA LA HISTORIA DE RAY KROC, ARTÍFICE DEL IMPERIO MCDONALD’S

‘EL FUNDADOR’ CUENTA LA HISTORIA DE RAY KROC, ARTÍFICE DEL IMPERIO MCDONALD’S

¿El sueño americano es que te roben la idea de McDonald's para lograr ser millonario?

La de Ray Kroc (Michael Keaton) es la historia de un emprendedor sin demasiada suerte para los negocios que un día tropezó con la idea que haría realidad sus sueños de gloria y dinero. No era suya, sino de dos hermanos demasiado ingenuos, los McDonald’s. Ambos acabaron malvendiéndole a Kroc el proyecto de toda una vida y regalándole el sueño americano que tanto les había costado alcanzar. La película 'El fundador' lo cuenta al detalle.

El hombre que pervirtió el sueño americano apropiándose de la idea de McDonald’s
El hombre que pervirtió el sueño americano apropiándose de la idea de McDonald’s | Agencias

El sueño americano es muy sencillo: lucha por lo que quieres, persiste y lo conseguirás. ¿Por qué? Pues porque Estados Unidos es la tierra prometida, de las oportunidades y de los sueños por cumplir. Bueno, al menos eso es lo que nos lleva vendiendo Hollywood toda la vida. La realidad –y ahora con Donald Trump a los mandos más– es otra mucho más cruda.

Que sí, que el cine y la vida están llenos de historias de emprendedores que lucharon por sus sueños y lo lograron. Ahí está la aplaudida 'La La Land', que va de eso, ¿no? O la lacrimógena 'En busca de la felicidad' con Will Smith poniéndose muy serio para salir adelante y resurgir de sus cenizas.

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Pero, ¿qué pasa con los que lo intentaron y se quedaron en el camino? ¿Y los que lo consiguieron pero haciendo trampas? Porque, a quienes se les llena la boca hablando del sueño americano se les olvida mencionar que existe una versión corrompida del mismo que es tan real como la de confeti y fuegos artificiales.

Y eso, precisamente, es lo que hizo un señor llamado Ray Kroc, que le robó la idea de McDonald’s a dos hermanos demasiado ingenuos y cuyo caso cuenta ahora la película 'El Fundador'.

El director John Lee Hancock y el guionista Robert D. Siegel han unido fuerzas y horas de investigación para contar una historia digna de ser contada. Pocos saben que McDonald’s, esa multinacional de comida rápida que tiene un restaurante a las mismas puertas del Vaticano, surgió de la apropiación de una idea y de un apellido.

Las batidoras, el germen de todo

Todo empezó con una llamada de teléfono y seis batidoras. Era el año 1954 y la secretaria de Kroc (Michael Keaton) le pasó a este el aviso de un restaurante de San Bernardino, al sur de California. A este vendedor ambulante de todo tipo de artilugios, le picó la curiosidad ante un pedido tan abultado. Cogió su coche y se plantó allí.

Lo que encontró le dejó asombrado.

Un restaurante que solo servía hamburguesas, patatas fritas, helados y refrescos, que te entregaba tu pedido en 30 segundos y con él en la mano te buscabas tú mismo dónde comerlo. La cola era espectacular. Intrigado por el cómo y el porqué, invitó a cenar a los dos hermanos artífices de esta genialidad, Mac y Dick McDonald’s, que no dudaron en contarle y enseñarle, con pelos y señales, cómo funcionada el 'speedee service system'.

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Y, de paso, poner en situación al espectador, consciente con este relato de que el sueño de estos dos hermanos no había sido flor de un día, sino fruto de mucho trabajo y esfuerzo. Lo que hace más dura su caída.

¿A quién se le ocurre contarle los secretos de tu éxito a un desconocido? Kroc vio rápido las posibilidades. Era la oportunidad que estaba esperando y no cesó hasta que fue suya. Tardó 13 años. En 1964, la empresa cambiaba de manos.

Y, para esto, para apropiarse de McDonald’s, también tuvo ayuda, porque la idea no fue suya. Si no de Harry Sonneborn, quien le sugirió que el verdadero negocio no estaba en las hamburguesas, sino en el suelo en el que se cocinaban.

 

Conclusión, compró los terrenos que luego alquilaba a los franquiciados. Sumó y sumó hasta que, no sin algunas jugarretas algo sucias y poco éticas, hizo una oferta a los ingenuos y poco visionarios hermanos McDonald’s, que acabaron por malvenderle el negocio.

'El fundador' hace el recorrido por toda la historia, contando al detalle las triquiñuelas de Kroc, quien, en realidad, no incumplió ninguna ley. Lo que hizo fue aprovechar su ambición desmedida para hacerse con la idea de dos hermanos que, todo sea dicho, metieron al lobo en su cocina y pecaron de buena gente.

Lo más curioso de la película es que no queda claro del todo si Kroc era un visionario o un tunante sin escrúpulos. Cada espectador ha de sacar sus propias conclusiones.

Kroc no es único en su especie

El mundo está lleno de tunantes, de emprendedores tan reales como Kroc que aprovechan las ideas de otros para hacerse millonarios y cumplir su propia versión del sueño americano. El de McDonald’s es un buen ejemplo de esa versión desvirtuada retratada en ocasiones (las menos) por el cine.

Lo interesante de su caso es que ocurrió, que su vida ha dado para un buen guion. Y no es el único.

En los últimos años, parece que Hollywood se ha afanado en desmontar ciertos mitos. Es uno de los poderes de la poderosa fábrica de las ilusiones. Lo mismo que crea ídolos, los derriba.

Mark Zuckerberg en su despacho | Facebook

Ahí está el caso de Mark Zuckerberg, creador de Facebook, con una polémica fundación y acusaciones de apropiación de la idea por parte de los hermanos Winklevoss. Ambas historias, la de Facebook y McDonald’s, se parecen demasiado pese a que 'El fundador' y 'La red social' no tienen nada que ver como películas.

Hay más. Los recientes biopics sobre Steve Jobs (Ashton Kutcher en 'Jobs' y Michael Fassbender en 'Steve Jobs') no dejan nada bien a este visionario cofundador de Apple. Básicamente vienen a decir que, además de ser de difícil trato y ego desmedido, lo único que hacía era diseñar, que eran otros quienes hacían el trabajo duro. Lo suyo era la carcasa.

Y luego está el caso de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), que no se apoderó de ideas, sino directamente del dinero de sus inversores. Un tipo que tenía un talento para vender lo invendible y que vio como el sueño americano le estallaba en la cara por hacer trampas.

El resultado fue El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese. En la vida real ha acabado dando conferencias tras cumplir su condena.

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