EL LADO OCULTO DE LA TV

EL LADO OCULTO DE LA TV

La surrealista historia de cómo vender una serie de televisión

Encuéntrame tan solo a un guionista español que se metiera al negocio del cine y de la televisión para forrarse, ser famoso y ligar como un bestia y te demostraré que miente. A este oficio solo te alistas por absoluta adoración al cine y unas ganas voraces de crear tus propias historias.

Página original de uno de los guiones de The Walking Dead.
Página original de uno de los guiones de The Walking Dead. | D.R.

No conozco a ningún guionista (español) que sea rico, famoso y que ligue lo suficiente para que ese milagro tenga que ver con la escritura. Ser guionista (creador) de series o películas en España significa ser casi invisible. Tan pronto empiezas a trabajar te das cuenta de que probablemente jamás tendrás la oportunidad de dar vida a tus propias historias y que con suerte trabajarás dándole forma a personajes que aborrecerías como espectador.

En la Calle Montera me cito con Alfonso. Me dice que pensaba que yo iría con cámara, que esto sería una entrevista en vídeo y que por eso me cita en la calle del centro más famosa por su prostitución, para ilustrar el tema. ¿No te daría miedo de que alguien nos acuse de incorrección política por comparar la prostitución con tu trabajo de guionista? "No tan deprisa, llévame a un sitio caliente y te cuento".

Alfonso lleva ocho años escribiendo para televisión, generalmente series. Ha presentado cuatro proyectos a cadenas de televisión de los cuales CERO han llegado a ser comprados. Te aviso de que todo lo malo que digas sobre las cadenas yo lo podría interpretar como rencor porque te rechazaron. ¿Y a quién no han rechazado? A mí eso me da igual, yo solo digo que todo esto podría ser más "comprensible", y un poco menos surrealista.

Cuéntame lo más surrealista que has vivido tratando de vender una serie.

Me reuní con un tipo, no era un currito de la cadena, sino un jefazo, de los que toman las últimas decisiones sobre qué series se ruedan y cuales no. Pude acceder a él a raíz de ser pesado: le perseguí en una conferencia, en un sarao, y le acribillé en Twitter. El día de la presentación del proyecto yo lo tenía todo preparado, tenía aprendidos y ensayadas todas las respuestas posibles sobre la trama y los personajes. Había tomado un café coordinando todos mis pasos para tener suerte casi como si fuera un ritual: llevé a imprimir el guión y la biblia del proyecto (unas 120 páginas) y en cada cosa que hacía no paraba de pensar: hoy es tu día de suerte, ¡claro que sí! Antes de entrar a la sala de reuniones de la cadena envié un email a mi chica: ella me respondió con emoticonos... lo típico cuando intentas que todo vaya bien. Te lo curras durante casi un año desarrollando una idea en la que crees firmemente, y cuando llega el momento de la verdad te encomiendas hasta a San Calimero y tratas de pisar las baldosas sin cruzarlas, no sea que la cagues.

Cuando por fin tuve al ejecutivo de televisión frente a mí, él no me pidió ni siquiera el guión, solo quería saber una cosa: ¿Cuánto cuesta cada capítulo de esta serie? Yo no sabía qué decirle, podría hacerme una idea mental aproximada, pero al margen del coste, cuando hablas de algo que quieres vender se supone que primero tienes que enseñarlo, explicar qué tiene de especial. Imagina, vendes un vehículo y el comprador, sin saber si es una moto o una auto-caravana, te pregunta ¿cuánto pides? Pues bien, yo traté de NO responder a su pregunta acerca del coste sin antes hablar del guión, pero ante la insistencia dije una cifra a bulto: 600.000 euros por capítulo.

Medio millón es una cifra respetable para una ficción. Un capítulo de Cuéntame roza los 800.000, La que se avecina, los 500.000. Dije eso por decir ¡yo que sé...! Estaba preparado para responder casi cualquier cosa que tuviera que ver con mi serie, pero esta pregunta me descolocó un poco. El tipo se quedó mirándome serio, un segundo que me pareció una vida. Yo estaba a punto de decirle: bueno, tal vez se podría rodar con menos, abaratar un poco... Pero no tuve que hablar, él me respondió: ¿Y tú crees que en vez de rodarse por 600.000 se podría rodar por un millón de euros (cada capítulo)?

O sea, el tipo no sabía nada sobre mi proyecto, tal vez se trataba de una historia intimista de un par de superviventes encerrados en un ascensor... A él le daba igual, quería saber si podía costar un millón cada capítulo. Me explicó que ahora había mucha competencia en el sector, el mercado internacional era brutal y en España se estaban haciendo también cosas de gran calidad, muchas series muy costosas y potentes. ¿Tu serie puede costar un millón por capítulo? Yo respondí como debía, con rigurosidad ¿un millón? ¡o dos!

El resto de la reunión continuó por esos derroteros, y en ningún momento me pidió que le hablara del argumento. Hasta que me preguntó, ¿estarías dispuesto a meter explosiones en el guión si fuera necesario? Fui sincero: ¡claro que sí! Me preguntó: ¿Y si solo queremos tu idea, pero no queremos tus guiones ni tu participación de ningún tipo, estarías dispuesto a vendernos la idea si te pagamos lo suficiente? Me puse duro y respondí como solo se puede responder cuando llevas un año trabajando con dedicación y tesón en un proyecto ¡por supuesto! En mi cabeza no paraba de repiquetear la cantidad: un millón de euros y la famosa frase de Pretty Woman: "Chato, te voy a tratar tan bien que no vas a dejarme marchar".

Pero sé que nadie te ha comprado jamás una serie, así que esta historia no acaba bien...

Cuando le quise dar el guión él me dijo que en papel no, que se lo enviara por email. Salí del edificio entusiasmado, llamé a mi chica, le conté todo esto. Ella me dijo que yo era gilipichis (no usó esa palabra) y que esto no iba a salir bien. Yo le puse a caldo, le dije que así demostraba que no confiaba en mi talento. Llegué a casa muy ilusionado, porque aquel tipo me dijo que me había buscando en Linkedin y que mi perfil le parecía muy potente, que buscaba un showrunner como yo, y que el dinero les daba igual, que lo importante es hacer cosas grandes, y que ya me diría cuando se lea el guión... Le envié un email con el guión y nunca más supe de él. Le he escribí varias veces, por email, por Twitter… pero nunca más me contestó.

Tal vez tu proyecto no valía un millón de euros por capítulo.

Que rechacen mi proyecto me da igual. Pero tal vez las cosas podrían ser menos surrealistas, todos seríamos más felices. No siempre es así, a veces leen tu guión y un año después te envían un email frío diciéndote (con faltas de ortografía) que el proyecto no encaja con la cadena.

Vale, seguiremos intentándolo...

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