TERAPIAS DE DOLOR Y EXPERIMENTOS PARA DISGREGAR A LOS GAYS

TERAPIAS DE DOLOR Y EXPERIMENTOS PARA DISGREGAR A LOS GAYS

Así torturaban a los homosexuales en el franquismo: electroshocks viendo porno gay

La España de Franco no era grande, tampoco era libre, pero sí se pretendió que fuera viril. Una de las diez palabras que más utilizó Franco en sus discursos fue esa: viril. “Me gusta decir que, en tiempos de Franco, la hombría y la virilidad era un asunto de Estado”, explica Victor Mora, autor del estudio ‘Al margen de la naturaleza’, una obra con textos científicos publicados durante la dictadura sobre la homosexualidad masculina.

Cuando ser un macho viril era un asunto de Estado
Cuando ser un macho viril era un asunto de Estado | Agencias

Para el franquismo, el auge del feminismo y la visibilidad de los gays ('invertidos') fueron la causa de una pérdida de valores suficientes para sumir a España en una crisis general de caos y descontrol. La solución para el país pasaba por apoyar la masculinidad, la hombría, y que la virilidad fuera uno de los pilares de la patria.

“Cuando una crisis económica amenaza con desencadenar cambios, las élites buscan (y crean) enemigos internos. Por eso, Franco, en su campaña propagandística, se preocupó de elaborar un discurso que vinculaba a la República con la degeneración, y al Régimen con el orden y el control de una nueva España viril”, apunta Víctor Mora, autor del estudio 'Al margen de la naturaleza'.

La famosa Ley de Vagos y Maleantes era republicana, pero en 1954 fue Franco quien añadió a esta la persecución a los homosexuales, para los que no se especifica un tipo de pena especial por su condición sexual, sino que más bien es en sí mismo un agravante para dictar sentencia siempre que conviniera.

“El sistema de justicia franquista era absolutamente corrupto y, esencialmente, de clase”, explica Mora. “Según las distintas modificaciones de la ley, las penas podrían oscilar entre dos meses y cuatro años de internamiento”.

La Ciencia fue secuestrada por el Régimen

La dictadura franquista necesitaba datos objetivos para demostrar que la homosexualiad podría ser peligrosa para la sociedad. Eso obligó a reescribir las teorías científicas publicadas durante la república y a re-adiestrar a los investigadores para que no trabajaran sobre teorías incuestionables.

Gregorio Marañón escribió 'Los estadios intersexuales en la especie humana' en 1929, donde explicaba la homosexualidad como algo que debe ser rectificado, pero que, sin embargo, no había que castigar, a menos que fuera escandaloso.

Pese a ello, en 1951, tuvo que cambiar su tesis porque el régimen le impedía reeditar su libro, y añadió que la homosexualidad es una manifestación "aberrante del amor".

Estamos acostumbrados a ver como las dictaduras modifican las artes, el derecho y la política, pero en este caso, el franquismo modificó la Ciencia, una disciplina que de base persigue una verdad inalterable y apolítica. “Una ciencia que anule toda visión crítica y se tenga que adecuar por ley a los preceptos católicos es sencillamente una ciencia secuestrada”, explica Mora.

El doctor Menguele del franquismo fue Vallejo Nájera

El psiquiatra “oficial” del Régimen fue Vallejo-Nájera. Un fascista declarado, orgulloso y firme defensor de las teorías eugenésicas nazis. De hecho, se formó en Alemania y trató de importar técnicas como la castración química para delincuentes. “Al principio de la dictadura a Vallejo le interesaba buscar lo que fue denominado como ‘el gen rojo’, una muestra más de lo que hace el conservadurismo totalitario: entender toda disidencia de lo que se considera “normal” como una patología”, dice Mora.

Los libros de Vallejo constituyen una base teórica sobre la legitimidad de la violencia contra la diversidad. La diversidad es, por definición, la enemiga del fascismo. En palabras de Vallejo-Nájera: “Toda desviación del destino biológico transmuta también los caracteres psicológicos y hace del varón un afeminado y de la hembra un marimacho”.

El populismo policial

Había un tipo curioso llamado Mauricio Carlavilla, que se describía a sí mismo como “escritor-policía”, pero era más bien un perseguidor de cierta moral, sin cargo policial.

“Carlavilla utilizaba un lenguaje sensacionalista para inventar historias macabras y absurdas sobre ciertos temas, como la homosexualidad, la masonería y el comunismo”, relata Mora.

Al comparar los textos de Carlavilla con los de Vallejo-Nájera reconoce que este último pretendía apoyarse en un vocabulario y unas metodologías científicas, pero Carlavilla más bien parecía una parodia del franquismo, que redactaba sus escritos con una prosa más propia de la literatura pulp.

Uno de sus campos favoritos fue la homosexualidad, su libro 'Sodomitas' llegó hasta la doceava edición. “Con su obra, contribuyó a generar una imagen en el ideario colectivo sobre la homosexualidad como elemento proscrito y monstruoso, vinculado necesariamente con la perversión y el crimen”, apunta.

La modernidad de 1970, los electroshocks

En 1970, España debía modernizar su ley para darse un lavado de cara frente a Europa. Sacar a los homosexuales de la de vagos y maleantes era lo esperado. Pero se la incluyó en otra ley, de ‘rehabilitación social’, un eufemismo.

“Se pusieron en práctica las conocidas técnicas de aversión, parecidas a las que se ven en la película ‘La naranja mecánica’, consistentes en descargas eléctricas asociadas a imágenes eróticas para tratar de desviar el deseo sexual.

Prácticas asociadas al dolor, electroshocks y, por supuesto, condenas a trabajos forzados en campos de concentración, sin ninguna intención terapéutica, sencillamente para llevar a los sujetos a la extenuación y apartarlos de la sociedad”, recuerda Mora.

Se hicieron muchos experimentos, como el conocido como 'Informe Cachorro' en la Central de Observación de Carabanchel, para tratar de clasificar por tipos a los homosexuales, con la intención de encarcelarlos por separado para que no tuvieran relaciones.

“Ese informe, como otras tentativas de categorización, no sirvió para nada, porque todo intento de clasificar y de meter en cajones a la naturaleza es un sinsentido”, comenta Mora.

Los restos del franquismo, hoy

Aun tenemos muy asociada la sexualidad a lo “natural” en un sentido marcadamente ideológico, y lo que no cuadre con esa ideología se describe como “antinatural”. Todavía hoy no se entiende que la naturaleza no tiene nada que ver con las construcciones morales y sociales, que son exclusivas del artificio humano.

Todavía hay quienes relacionan el auge en la visibilidad del colectivo LGTB y las libertades sexuales con la decadencia de la sociedad, argumentos reaccionarios heredados directamente de aquella época.

“Hoy, estamos viviendo una situación política tan alarmante que sólo podremos tomar conciencia de ella, en su totalidad, en el futuro. Cuando las generaciones de dentro de 50 o 100 años nos estudien, cómo nosotros podemos estudiar ahora al franquismo, no darán crédito”, pronostica Mora.

Hoy Europa está siendo dulcemente conquistada por la extrema derecha y aun no sabemos cómo interpretarlo. “Me gusta pensar que esto ya no hay quien lo pare, pero nunca hay que bajar la guardia, aun no lo hemos conseguido todo”, finaliza el autor.

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