ROBERTA MARRERO, AUTORA DE 'EL BEBÉ VERDE. INFANCIA, TRANSEXUALIDAD Y HÉROES DEL POP'

ROBERTA MARRERO, AUTORA DE 'EL BEBÉ VERDE. INFANCIA, TRANSEXUALIDAD Y HÉROES DEL POP'

“'El bebé verde' no es un libro infantil, pero podría ayudar a los niños transexuales y no trans”

"El estereotipo de la mujer trans no escribe libros, no lee, no tiene cultura, se dedica a la noche. Aún estamos atrapados en esa idea. A mí, me entrevistan y me ponen unos titulares terribles, muy sensacionalistas: ‘Nació en el cuerpo equivocado’; ‘Se convirtió en mujer gracias a Patti Smith’. Entiendo que es el precio a pagar por ser visible”. Habla Roberta Marrero, autora de 'El bebé verde. Infancia, transexualidad y héroes del pop'. Marrero confiesa que 'El bebé verde', pese a no ser un libro infantil, podría ayudar a niños trans y no trans, "educándolos en el respeto y la diversidad".

Roberta Marrero, con un ejemplar de 'El bebé verde'
Roberta Marrero, con un ejemplar de 'El bebé verde' | TANIA SALVATELLA

Teníamos 18 años, estábamos de fiesta en casa de unos amigos, celebrando nuestra reciñen estrenada libertad adulta, cuando los vimos pasar por la calle. Eran los directores de cine Félix Sabroso y Dunia Ayaso (tristemente fallecida hace tres años).

Los acompañaba una amiga alta, imponente. Les gritamos desde el balcón, invitándoles a nuestra fiesta. Nada más llegar, la amiga alta cogió en brazos al gato de la casa. Era una imagen hermosa: su piel pálida, sus maneras como de Morticia Addams, y el gato negro revolviéndose en sus brazos.

Mientras los demás cacareábamos en nuestra borrachera, a ella la recuerdo amable, seria, tímida. Yo era una palurda apenas mayor de edad, recién llegada a la capital, y creo que aún era capaz de cometer la sandez de no saber qué era una transexual y qué un travesti.

Sólo sé que aquel ser bello, de voz dulce y grave, me fascinó. Fui a verla pinchar un par de veces al Mondo. En una de ellas, rebosante de torpeza adolescente, le confesé que a veces soñaba con ella. Sonrió, haciéndome más bien poco caso. Me dio un beso tierno y delicado en la mejilla y desapareció entre la gente.

Roberta Marrero, con un ejemplar de su libro | TANIA SALVATELLA

Tengo una foto de esa noche, con el beso rojo de Roberta Marrero impreso en la cara. Hoy, 14 años después, una Roberta más dura, más sabia, pero con el mismo halo de magia de antaño, me habla de su libro ‘El bebé verde. Infancia, transexualidad y héroes del pop’, donde, prologada por Virginie Despentes, desnuda su infancia como niña transexual y los héroes del pop que la acompañaron en la búsqueda de su identidad.

Todo empezó en el verano de 2015. Roberta Marrero acudió a un taller de escritura autobiográfica impartido por Aitor Saraiba. Allí escribió la historia de su nacimiento, como bebé y como la mujer que es hoy. Al leerla en alto en clase, le tembló la voz.

Cuando nació, Roberta tenía la piel verde. "Había tragado no sé qué líquidos durante el parto: Mi madre y mi tía siempre decían que nací así, verde. Es decir, que no es una metáfora. Es literal. Nací de color verde".

Al leer este tipo de historias autobiográficas, es inevitable exaltarse ante la sensación de justicia, y ante la alegría de batalla ganada frente a la dureza de los años de infancia.

"No hay afán de venganza -explica Roberta Marrero- Ese no es mi motor para escribir. Sí que hay rabia, pero no rabia contra mis padres ni contra mi familia. Hay rabia por ser consciente, mientras lo escribía, de que sigue habiendo mucha violencia hacia las mujeres trans. Después salen un par de personas trans en televisión y nos creemos que ya está todo conseguido. Pero no”, dice.

“Hay muchas personas sufriendo, tratando a duras penas de construir su identidad, como yo hice y como cuento en el libro. A veces, veo la rabia como una emoción positiva, porque te ayuda a sacar fuera cosas como este libro. Pero el victimismo y la venganza no entran en mi esquema”, añade.

“Entiendo que mis padres no pudiesen comprender del todo que yo fuese una mujer. Eran víctimas de su tiempo, venían de una España horrible. Ahora a mi familia le encanta el libro, mis primas se lo regalan a todo el mundo por Navidad. Y a mi hermana le ha emocionado mucho. El libro, de alguna forma, nos ha ayudado a entendernos", apostilla.

'El bebé verde!, en las manos de Roberta Marrero | TANIA SALVATELLA

Roberta Marrero empezó la escritura del libro en un momento delicado: Estaba casada en aquel entonces, vivía en Dinamarca, y vino a España para tomarse un pequeño respiro del que entonces era su marido.

"Empecé a escribir este libro al final de nuestra relación -cuenta Marrero- y seguí escribiéndolo durante el duelo y el divorcio. Ahora me doy cuenta de que escribir este libro después de una situación tan enajenante como es estar casada con un hombre (risas) me supuso reafirmarme, decir: Aquí estoy yo".

Al estar inmersa en un proceso de duelo por su divorcio, Roberta sintió cómo afloraban emociones del pasado, demostrando que la pena y las situaciones difíciles son en ocasiones grandes fuentes para la creación.

"La sensación de abandono que tenía durante mi divorcio -recuerda Marrero- se conectó con el abandono que yo había vivido cuando era niña. Escribí el libro en un estado de revoltura interna, sacando fuera cosas que tenía ancladas, medio olvidadas".

Tras seis años en Dinamarca, Roberta se ha encontrado un país algo diferente al que dejó, aunque con trazas de un pasado que parecen difíciles de sacudir.

"Por una parte, ha avanzado bastante. Veo, por ejemplo, un montón de editoriales que editan libros de temáticas feministas y transfeministas. Antes esto no estaba tan visible. Es un cambio importante, no sólo porque son personas que están traduciendo textos del extranjero, sino también personas españolas que están escribiendo sobre este tema. Pero aún veo que este país está dando coletazos del franquismo y el catolicismo”.

“A mucha gente le falta tomar conciencia de que eso está pasando y posicionarse. Hay mucha gente (lesbianas, feministas) que se ha posicionado. Pero mucha gente se ha quedado como aletargada, se está tragando lo que nos han vendido, ese ‘no te quejes, ser feminista está mal, y si eres gay y ya te puedes casar ya tienes todos los derechos que querías’. También veo mucha mitomanía absurda. Vienen gays y me dicen "Pitita Ridruejo es una señora" Y mira, pues no. Hay que olvidar esos iconos absurdos. Una señora es Patti Smith".

Roberta Marrero, durante la entrevista | TANIA SALVATELLA

Al ver tantos iconos de la cultura pop entre sus páginas, 'El bebé verde' podría parecer, de primeras, un libro lleno de referentes externos, una especie de álbum de ídolos, algo externo al alma de su protagonista. Pero 'El bebé verde' es todo lo contrario: un tratado de sinceridad, el corazón de la niña Roberta Marrero envuelto en verde y rosa, un álbum de cromos muy personal que recopila sueños y referentes en los que apoyarse para formar una identidad.

"Los iconos y la cultura en ocasiones son muy importantes -dice Roberta- Yo cuando vi a Boy George por primera vez, que tendría unos 12 años, ver a un hombre maquillado, verlo decir que él podía ir al baño de los hombres o de las mujeres siempre que hubiese un espejo en el que mirarse, me cambió la vida”.

“Cuando vez que alguien desafía al mundo así, eso te da fuerzas para salir a la calle con la cabeza alta. No es lo mismo tener esos referentes que no tenerlos. Para las personas que tenemos todo en nuestra contra, el empoderamiento es casi una necesidad vital. Si no te empoderas, te conviertes en una víctima".

Ser mujer transexual en España es más sencillo que ser hombre trans. Las mujeres trans siempre han estado más ligadas a los medios. El hombre trans es, a nivel mediático, una especie de fantasma. Pero personas como Roberta Marrero, bichos raros -en el buen sentido- que se alejan de la idea que la sociedad tiene de alguien como ellas, provocan conflicto en algunas personas.

"El estereotipo de la mujer trans no escribe libros, no lee, no tiene cultura, se dedica a la noche. Aún estamos atrapados en esa idea. A mí me entrevistan y me ponen unos titulares terribles, muy sensacionalistas, con palabras que yo no usaría jamás, en plan: ‘Nació en el cuerpo equivocado’; ‘Se convirtió en mujer gracias a Patti Smith’. Pero entiendo que es el precio a pagar por ser visible”.

“Por eso, creo que es necesario que se hable de una forma plural, que no se hable sólo de un tipo de persona trans. De esa mujer trans de la que se habla, generalmente aparece mostrada como víctima, nunca empoderada. Entonces, cuando tú rompes eso, y eres artista o escribes un libro, se provoca una pequeña ruptura. Cuando las personas trans salimos de la marginalidad podemos molestar".

A raíz de este estereotipo de mujer trans, Roberta se encontró en su niñez con que no había modelos de lo que ella era.

"Yo no tenía modelos de conducta trans que tuviesen valores positivos. Mi búsqueda de identidad la hice a través de hombres gays y mujeres lesbianas, de escritoras, del feminismo, pero no de personas trans".

También reconoce que, en ocasiones, puede resultar algo cansado estar constantemente hablando sobre la transexualidad, etiquetándose a sí misma como artista transexual.

"Lo ideal -concluye- sería que no necesitáramos etiquetarlo todo. A mí las etiquetas me ponen bastante nerviosa. Pero cuando nos nombramos nos ponemos en una posición de poder, hacemos que las cosas que nos pasan sean visibles. Esto ayuda a la gente que vive en la invisibilidad. Aunque resulte un poco cansino nombrarse todo el rato, es necesario”.

“Luego me he encontrado en situaciones en las que no se decía que yo era trans, y yo veía que era necesario decirlo, como en la exposición del Victoria & Albert de Londres. Ahí puse: ‘Esta exposición está hecha por una artista que es transexual’. Porque me parecía necesario que eso se supiera ".

Roberta alerta de los peligros de la invisibilización de las y los transexuales: "Hay que ser conscientes de que existe el otro lado, el de que nadie habla de que tú eres trans”.

“Y de pronto, imagínate, te ponen en una revista las 20 mujeres más influyentes del arte, o de lo que sea, en Europa. Y hay tres trans entre ellas, pero no lo dicen. Ahí estás invisibilizando. Entonces se sigue pensando que las personas trans están en ese reducto estereotipado. Laverne Cox (actriz que ha sido la primera transexual que ha sido portada de la revista Time) que es muy lista, dice: ‘Soy una persona de color, soy hija, soy productora, soy hermana, soy amiga. Y soy una mujer transexual’. Ella usa la etiqueta de una manera poderosa, porque la engloba dentro de todo lo que es ella".

Al hilo de estos últimos tiempos, en los que National Geograhic ha tenido por primera vez en portada a una niña trans y, a nivel nacional, la asociación Chrysallis ha irrumpido con su campaña para la normalización de la transexualidad infantil, cabe hacer cábalas sobre una versión para niños de 'El bebé verde'.

Otros artistas, como Olga de Dios con su cuento Monstruo Rosa, se han acercado a la educación en la diversidad. "Obviamente, 'El bebé verde' no es un libro para niños. Pero sería posible una especie de adaptación. Creo que es un personaje que los niños pueden entender perfectamente, y que podría ayudar a niños trans, apoyándoles en su camino, y a niños no trans, educándolos en el respeto y la comprensión hacia la diversidad. No sería mala idea hacer un cuentito adaptado".

Quizás 'El bebé verde' pueda ser para las niñas y niños un modelo, un referente, como lo fue Boy George para esa Roberta de doce años que veía la televisión en su isla natal y que descubrió, en un instante, algunas de las pistas para poder ser ella misma.

Porque, como ella bien dice, "todas somos bebé verdes".

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