Y LE SUGERIMOS UN MENÚ A LA CARTA

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La Cultura en España necesita a Hannibal Lecter

Con motivo de la muerte de Jonathan Demme, el director de ‘El Silencio de los Corderos’, recordamos a su personaje más fascinante, Hannibal Lecter, y le preparamos un menú de degustación español. Estas son algunas personas a las que podría comerse.

Hannibal Lecter
Hannibal Lecter | Defconplay

En España, el doctor Hannibal Lecter se pondría las botas y coincidiría en el tópico español de que como aquí, no se come en ninguna parte. O al menos diría que en nuestro país las raciones son muy abundantes.

Si habéis visto ‘El Dragón Rojo’, la precuela de ‘El Silencio de los Corderos’, seguramente recordéis la escena en la que el famoso caníbal disfruta de un concierto sinfónico en Baltimore al principio de la película. Uno de los flautistas, sin embargo, toca muy mal y Lecter empieza a removerse en su asiento, visiblemente irritado.

Después, durante una cena ofrecida por el propio Hannibal para agasajar a los directores de la orquesta, alguien comenta que el flautista ha desaparecido. El doctor Lecter se hace el sueco y sirve un plato de carne que todos encuentran delicioso. Más tarde averiguamos que el manjar está preparado con las mollejas del músico, al que Hannibal asesinó y cocinó tras el concierto.

No es ésa la única vez que el refinado doctor aprovecha su singular apetito para defender la alta cultura. También se comió a Frederick Chilton, el director del Hospital de Chesapeake para criminales dementes, en el que Lecter está encerrado, después de que en ‘El Silencio de los corderos’ le castigara confiscándole sus dibujos y libros. Y en ‘Hannibal’ hace lo propio con el conservador de la biblioteca Capponi de Florencia, posiblemente por considerar que puede desempeñar mejor que él su trabajo.

Desde 2001, Hannibal Lecter está desaparecido, pero hay muchos indicios de que podría encontrarse en España estudiando nuestra gastronomía (léase con ironía). Pocos países deprecian tanto la cultura como el nuestro.

La semana pasada, por ejemplo, supimos que la asignatura de Literatura Universal saltaba de los planes de estudio de bachillerato y dejaba de ser optativa para la prueba de selectividad. Que fuese una optativa que solo los estudiantes de letras pudiesen cursar ya es escandaloso. ¿Estará Lecter tras los pasos de Méndez de Vigo?

Antes querría comerse a Alfredo Pérez Rubalcaba y a Ignacio Wert: el primero fue el impulsor de la LOGSE y el segundo dijo aquello de que “los alumnos no deben estudiar lo que quieren, sino lo que propicie su empleabilidad”.

Si el doctor Lecter hubiese estudiado con cualquiera de estos, sus lecturas favoritas le habrían sido vedadas, y desde luego no podría haberle dicho a Clarice Starling aquello de “Quid pro quo”, pues difícilmente habría tenido la manera de aprenderlo. Cristobal Montoro está demasiado flaco, pero le daría para preparar un caldo.

Las ‘manitas de ministro’, no obstante, serían solo el primer plato que en España podría preparar Hannibal. ¿Qué pensaría el gran esteta al circular por las rotondas de nuestras carreteras? Las horripilantes esculturas que suelen coronarlas le despertarían un hambre voraz, lo mismo que la ampliación del Museo del Prado o la madrileña plaza de Santo Domingo.

‘Morro de concejal de urbanismo’ sería el segundo plato perfecto, aunque tan abundante que podría empacharse, por lo que le aconsejaríamos que se centre en los del ayuntamiento de Gallardón o en los de Ana Botella. Esta última fue la que autorizó la destrucción del edificio Canalejas, y la que esculpió una errata en la tumba de Cervantes después de confundir su cadáver con la obra inmortal del escritor.

De postre, el doctor podría preparar unos pestiños de Televisión Española, friendo en aceite a los directivos de esta cadena y pasándolos luego por miel. O, si quiere algo aún más típico de nuestra gastronomía, roscón de Reyes, por la falta de uso que éstos hacen de su palco en el Teatro Real, algo que sin duda Lecter debe ver con muy malos ojos.

También podría merendarse a Cristian Gálvez. Después de tantos años al frente de una biblioteca en Italia, al doctor deben de espantarle sus libros sobre Leonardo da Vinci. ¡Hay tantos productos españoles que Hannibal querría para sus fogones!

Lo único que puede hacer ya nuestro país por la cultura es capturarlo con la esperanza de que se fugue del penal de Soto del Real. Yo empezaría buscándolo en el estudio de Santiago Calatrava.

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