PUBLICA TODOS SUS 'TINTO DE VERANO'

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Elvira Lindo: "La derecha siempre ha sido censora y la izquierda parece estar tomando el mismo camino"

'Tinto de Verano', recopilación de los artículos publicados por Elvira Lindo 'durante los veranos de 2000 a 2004, conforman una especie de combinado perfecto entre la vida real y el delirio más extremo. Lindo logra un cóctel magistral troceando sus veranos familiares en la sierra y mezclándolos con altísimas dosis de delirio.

Elvira Lindo.
Elvira Lindo. | Patricia Campora

En 'Tinto de Verano' (editorial Fulgencio Pimentel), cada pariente o allegado se torna una caricatura de sí mismo, cada nimio suceso familiar se transforma en una hilarante comedia de enredo. Elvira Lindo lleva la autoparodia hasta límites insospechados, sumergiéndonos en una neurosis cómica con la que es casi imposible no identificarse al menos un poco. El suegro que llama para comentar los artículos, el padre excéntrico e incombustible, el marido obsesionado con la paz campestre, el chapuzas eterno que le mira las tetas...

Confieso que leí 'Tinto de verano' de golpe, intentando superar una resaca fatal que me tenía postrada en el sofá. El dolor de cabeza que me martilleaba las sienes no me hizo cejar. Aquellas historias debían ser tragadas con el mismo ansia con la que la noche anterior me eché al buche entre seis y ciento veintidós copas.

Cuando sentía que la carcajada se acercaba, soltaba el libro de golpe y me agarraba fuerte la cabeza para evitar que no me explotase, llegando a alcanzar momentos realmente extremos de risa y penuria resacosa. El pico de dolor lo alcancé cuando leí el pasaje en el que la protagonista cuenta que va a hacerse la cera a casa de una mujer del pueblo. Al final de la misma, el hijo de la esteticién, gran admirador de Manolito Gafotas, le susurra a su madre: "Le haces las ingles, pero no se las cobres".

Poco a poco, casi a modo de diario del disparate, podríamos decir que 'Tinto de verano' va conformando una novela. En ella se despliega un personaje, esa mujer que es y no es Elvira Lindo, que muestra una vida que es y no es la suya.

Tuve la oportunidad de charlar con la escritora y preguntarle, entre otras cosas, acerca de esta grieta que se abre entre la realidad y la ficción, entre la vida más cotidiana y el desparrame mental, y cómo se convive con ella. Y, aún más complicado, cómo conviven los demás con ese retrato de la realidad.

Aunque el terror de los otros es comprensible: 'Tinto de verano' arrasa allá donde se posa la mirada de la escritora. No hay persona que salga ilesa o intimidad que se preserve. "Mi familia se sentía reflejada -aclara Elvira Lindo- pero entendían la comicidad de todo el asunto. Sucedió que había gente que se creía que era todo verdad, aunque para mí estaba claro que era pura comedia. Al final aquello me terminó causando incomodidad, porque yo quería hacer comedia aún más salvaje, y veía que si la gente se lo creía tanto, no podía exagerarlo todavía más.

Es curioso, porque justo el personaje más extremo es el que es verdad: mi padre. Era una persona muy excéntrica, vividora, rebelde con todo. Y me doy cuenta de que es más fácil describirlo en clave de comedia que contarlo de verdad, porque si lo hiciese en tono serio parecería un loco. Pero vamos, que la gente en general se lo tomaba con humor. Sí que había personas que me iban a contar algo y lo hacía con miedo, por si acaso lo soltaba luego en un 'Tinto de Verano'. Alguno hubo que incluso se enfadó conmigo".

El alter ego creado por Elvira Lindo es uno de esos con los que es difícil convivir: caprichosa, despiadada, impulsiva y compulsiva, la Elvira de los Tintos mantiene al espectador entre la risa tierna y el espanto. "Fue difícil convivir con ese personaje que era yo misma -confiesa Lindo- porque las características estaban muy exageradas. En la vida real, las personas somos más complejas. Evidentemente, yo no respondo solamente al prototipo del personaje neurótico, vividor, que no le gusta el campo, que sólo quiere comprarse ropa.

Aunque claro que hay una parte de verdad en todo ello. Recuerdo un crítico literario conocido que se metía conmigo porque decía que yo presumía de mi capacidad de consumidora, y yo le decía: pues si tú, que eres crítico, no te das cuenta de que esto es una comedia, hijo, apaga y vámonos. La gente llega a hablar de ese personaje como si fueras tú, no se están dando cuenta de que te estás distanciando de tu vida para crear ese mundo que ellos están leyendo, para divertirles. Creo que un lector también tiene que ser capaz de hacer ese pequeño trabajo mental".

Una de las cosas que más me ha fascinado siempre de Elvira Lindo, es esa posición de artista integral-hago-lo-que-quiero-y-lo-hago-con-gracia. Es una mujer que lo mismo te escribe una novela magnífica que te la adapta a guión y sale una película estupenda, que la parte en el mundo de la literatura infantil, pero siempre alejada de esa idea del escritor tristón, encerrado, angustiado por su obra.

De pronto, viendo una película, te sobresaltas al descubrirla interpretando papeles secundarios fugaces en los que siempre deja un poso personal, una chispa que queda flotando en el recuerdo. Elvira Lindo pasa elegantemente, casi pisoteándola, sobre esa figura del escritor gris y torturado. "Estoy segura de que diversificar de esta manera, de alguna manera, me ha pasado factura -comenta ella- Y siendo mujer es más difícil aún, precisamente porque nos va costando mucho que nos tomen en serio en ciertas profesiones.

Muchas veces decides ser más seria de lo que eres para ser considerada más "de verdad", "más escritora". Es terrible, lo de tener que impostar un papel para parecerte a la idea de escritora que tiene la gente. Creo que eso lo hemos vivido muchas mujeres de mi generación. Siempre he tenido la esperanza de que esto pasara un poco con el tiempo. Pero ahora mismo hay un esfuerzo constante por mostrar una especie de conciencia política todo el tiempo, y hay veces que la frivolidad está mal vista.

Parece que siempre hay una dificultad para que las mujeres sean como son, sin actuar de una determinada forma para conseguir el aprecio o el respeto de los demás. ¿Cuántas veces habré sentido yo que me perjudicaba mi forma de ser? Al mismo tiempo, no podía evitarlo. Evidentemente, si me ofrecían salir en 7 vidas, que era la serie más divertida de aquel momento en la televisión, yo pensaba: ¿Qué haría un americano? Porque los americanos tienen una cierta relajación con respecto a eso de tomarse a uno mismo con humor.

¿Por qué no iba yo a salir en una peli, o a hacer un guión de cine, si era algo que siempre había soñado? Pero a medida que te dispersas, sientes ese juicio externo diciendo "no se está tomando en serio su carrera". Pero es que yo no tengo sólo vocación de escribir novelas, esa es la verdad. Y ya si eres una escritora mujer, si puedes vivir haciendo como que no te gusta la ropa, pues mejor. Yo hago muchas bromas sobre eso: "Soy escritora, pero me tiño las canas". Y la gente se escandalizaba. Pero es que yo no he venido a cumplir ningún papel, sino a hacer, en la medida de lo posible, lo que me apetezca. Y eso no significa que, una vez que me pongo a trabajar, me tome menos en serio mi trabajo. Al contrario".

Queda claro que Elvira Lindo se caracteriza por una incorreción libre y meditada en cada cosa que dice. Ese personaje lenguaraz que vemos en 'Tinto de Verano', esa parodia veraz de los roles de género, o ese salvajismo sin fronteras que todos mamamos de Manolito Gafotas, podrían actualmente ser señalados por el dedo moralista de la corrección política. Esta posible incorrección tiene detrás a una escritora que dice lo que piensa de forma muy acertada: "Al final parece que la corrección política se ha quedado en unos señores muy reaccionarios que se quejan porque ya no pueden decir maricón, negro y hacer chistes de mujeres violadas".

Elvira carga contra las corrientes empeñadas en etiquetarlo todo y crear casillas de corrección en las que hay que encajar: "Una escritora, por ejemplo, tiene que encajar irremediablemente en el rol de escritora feminista. A mí que a Bertín Osborne o a Arévalo se les acabe el público, porque es un público que, literalmente, se muere, no me da ninguna pena, que les den. Pero la sociedad ha ido avanzando y, sin darnos cuenta, nos hemos visto metidos en una corrección política que se inmiscuye en los textos y prácticamente te dice cómo tienes que ser para ser un buen camarada. Es terrible verse siendo observado o siendo parte de esa especie de policía del lenguaje. Me parece que cercena la libertad de expresión, además de que pone al lector en una posición de idiota que se toma todo al pie de la letra. Las personas que nos dedicamos a crear no podemos hacer textos maoístas para educar al pueblo".

Cierto es que, en la profesión periodística, existe el frente que abraza encantado la posición aleccionadora que le ha sido otorgada, pero unos cuantos espíritus libres se revuelven contra tanta rigidez. "El problema -comenta Elvira- es que la gente más progresista acepte esto, ese es el verdadero peligro. La derecha siempre es censora en cuanto a cuestiones morales, pero lo que ocurre es que la izquierda parece estar tomando el mismo camino en lo que a censura de textos se refiere".

Elvira Lindo también mantiene un cierto escepticismo hacia la inmediatez y la democratización salvaje de los canales de opinión: "El problema principal, creo yo, es que nos hemos convertido en una sociedad muy reactiva, en la que las personas opinan al minuto siguiente de haber visto, escuchado o leído algo. No hay tiempo de reflexión, la opinión es inmediata. Y lo peor de todo, es que eso es considerado lo más democrático. Pero incluso en tu vida, cuando actúas de forma impulsiva, te das cuenta de que es importante tomar un tiempo previo a la reacción".

La idea de crear algo, una especie de aplicación que no permita opinar hasta dos horas después de haber leído un texto (esto suponiendo que uno se lo ha leído completamente) planea sobre la conversación. "Es tan difícil luchar contra la avalancha de la opinión pública... Lo único que puede hacer uno es controlarse a sí mismo. Con internet ha pasado lo mismo que ha pasado con el coche. Son inventos que han cambiado la vida del ser humano, pero que han traído muchos problemas al mismo tiempo. Yo intento tener cuidado con respecto a lo de la reacción inmediata. Por ejemplo, no actúo en Twitter. Porque yo no soy mejor que nadie; puedo volver a casa de noche con dos copas de más y opinar alguna estupidez, así que prefiero no tener esa posibilidad".

Resulta curiosa esta automoderación, este autocontrol, en alguien de un gremio tan dado a opinar a bocajarro en redes. Su personaje bocachancla de 'Tinto de Verano' choca contra la realidad de una persona pública que intenta controlar la vanidad y el autobombo desbordantes en los que sabe que es fácil caer. "Sucede mucho entre escritores que están teniendo una suerte repentina y que todavía no manejan los elogios que les llegan. Siempre va a haber gente diciéndote lo maravillosa que eres, pero eso no significa que debas creértelo. Es como si estuvieses diciendo todo el rato: Me han dicho que soy maravillosa, me han dicho que soy guapa, me han dicho que hago las cosas muy bien. Hay que contenerse. En ese sentido, creo que las mujeres estamos más acostumbradas a la contención. A los hombres, cuando son vanidosos, se les va bastante más la olla".

Son tiempos de egos exacerbados, en los que muchos editores, al igual que el suegro de la propia Elvira en 'Tinto de Verano', sueltan la frase lapidaria de que "la novela ha muerto". Aparecen por doquier grandes éxitos literarios basados en las vidas de los propios escritores. Autores como Knausgaard, Carrère, Delphine de Vigan o James Rhodes marcan de alguna forma la línea de lo que es el éxito literario.

Elvira advierte de los peligros de esta corriente: "Con este tipo de literatura, puede correrse el peligro de que el foco se ponga en lo que cuentas de tu vida. Es como si se valorase el nivel de desnudez frente al lector, y no la capacidad de inventar cosas. Esto puede ser un pecado de la época, con esto de que hablar del yo es lo importante. Y que conste que me encantan las biografías, pero corremos el peligro de que estas novelas confesionales se conviertan en un mercado editorial. No todas las vidas escritas tienen que ser terribles para ser interesantes. Lo serán si quien las escribe las hace interesantes".

La mujer volátil que odia el campo y exige a su marido que la lleve a Madrid, el niño de barrio salvaje, las dos barrenderas sin rumbo en la vida, el adolescente que desconoce su propio pasado, la mujer atrapada en el frío invierno neoyorquino... da la sensación de que todos esos personajes cohabitan en el cerebro e incluso en la propia vida de Elvira Lindo. Pero durante la charla, quien parece prevalecer sobre todos ellos, es la mujer que ha decidido hacer lo que mejor sabe hacer: cualquier cosa que le apetezca. Una especie de artista integral que sabe vernos a los demás y a ella misma con la mirada afilada y reflexiva que es necesaria para poder ser todo lo seria o frívola que le dé la gana.

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