'CAMALEÓN', DE DESPIN TCHOUMKE

'CAMALEÓN', DE DESPIN TCHOUMKE

España vista de cerca por un extranjero que sí consiguió llegar

Despin llegó a España hace años, desde entonces ha observado un país idealizado desde fuera con un ojo agudo desde dentro. Su memoria se vuelca en 'Camaleón. La España del extranjero', un libro publicado por crowdfunding que acaba de cumplir sus objetivos.

Despin Tchoumke.
Despin Tchoumke. | Sergio González Valero

[Más de once kilómetros de toneladas de agua y violencia les separan de nuestro país].

Un país donde la queja —vacía de contenido— es el único rasgo en común de todos los puntos cardinales. Valdría con pensar que hasta el género musical que nos es más propio es deudor de ésta. Sin embargo, el respaldo de los quejidos en el mundo de la praxis, más allá de un concierto, un café o una cerveza es casi inexistente, y cuando lo es —pensemos en manifestaciones con sentido— la mayor de las veces es castigado. Así que suele quedarse en eso, en palabrería e insatisfacción desarticulada, en algo que rara vez va a alguna parte. Quizá, porque no haya tanto de qué quejarse, o quizá, porque el varapalo que nos espera de vuelta si hacemos materiales nuestras quejas duele y, además, pone en riesgo la dulce y grata incomodidad de la que tanto hacemos gala.

[Más de once kilómetros de toneladas de agua y violencia le separaban de nuestro país].

Es importante caer en la cuenta que de que el verbo de la primera frase con la que empezaba el artículo está en pasado. Despin es uno de los que logró saltar la verja que separa nuestro país de África, cruzar el mar e inyectar el pretérito en nuestra frase. Hoy, al hilo del libro que va a publicar, 'Camaleón. La España del extranjero' logro hablar con él, y la sensación que sus palabras han despertado en mi es la del mimado, la del irresponsable, la del dramático. ¿Qué tiene en la cabeza un tío que está dispuesto a saltarse una verja y embarcarse en una patera llena de papeletas para tocar fondo en todas sus acepciones? Supongo que el motor de su acción lo enciende la combinación de muerte y miedo, lo enciende el dolor. “He salido de un lugar sumergido en la pobreza organizada, en la pobreza estratégica”. Según me cuenta, para darnos cuenta de ello bastaría con pensar en la cantidad del dinero africano que hay en otros países, ese mismo dinero del que se presume mientras se oculta su origen. “Lo que ocurre es que gracias a internet ahora podemos disponer de esa información. […] Sobre todo, hay muchísimo dinero de África que está en los bancos suizos y nunca se dice nada de esto.

[Más de once kilómetros de toneladas de agua y violencia le separan de su país].

El verbo y el pronombre posesivo de nuestra frase inicial son trastocados de nuevo por él. Despin logró llegar a Europa, concretamente a Francia para luego establecerse bajo el Puente de Segovia en Madrid. "Fui a los albergues y estaban llenos, además al entrar había un olor… hay muchos tipos de gente y puedes coger una enfermedad increíble. Por eso elegí la calle”. He pasado cientos de veces por el puente, y teniendo en cuenta que Despin vivió allí alrededor de cuatro años es inevitable formularse la pregunta: ¿Cuántas veces me lo habré cruzado sin enterarme? Entonces, se me vienen encima sus palabras como losas: “Los seres humanos en general hemos perdido el sabor de la vida real. La sociedad y el sistema nos impone lo material haciendo que se nos olviden las personas”. Pese a esto, él no tiene la más mínima duda de que el truco para salir de la calle, ser feliz y seguir adelante es precisamente hacerlo, de hecho, ni corto ni perezoso “Me puse en contacto con el presidente del gobierno (Aznar) porque cree una ONG desde la calle y fui a hablar con él sobre la asociación. Todo esto lo hice sin papeles (risas). Primero me lo encontré en una feria en Valencia, allí hablé con él y le entregué un proyecto en mano sobre la ONG, al que no me contesto. Así que volví a escribirle una carta recordándole el escrito. A lo que me contesto que sí, que se acordaba, y que me recibiría el secretario de la presidencia”.

Sus palabras se van sincronizando con mi sorpresa hasta que se ríe: “Si llegan a saber que estoy en la calle, no me reciben”. Su risa sincera me indica que es un hombre de voluntad discreta que no deja espacio a la queja o la denuncia. Que en su voluntad, como en su libro, no hay idealidad ni tampoco una placentera incomodidad tan propia de la España actual o de “La España que antes podíamos llamar la España de la gloria, porque al menos existía lo que era llamado clase media… que ahora ha desaparecido”. Su libro es información operante, praxis, un ejercicio de la esperanza cuyo objetivo fundamental Es dirigirse “a la conciencia humana, un intento de hacer despertar al humano porque estamos perdiendo los valores. Y un intento de hacer ver a la gente que lo está pasando mal que no es otra cosa que una escuela, una lección desde la que poder salir a flote”.

'Camaleón' forma parte de una campaña de crowdfunding de Libros.com.

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