RAZONES QUE HACEN QUE UNA RELACIÓN ASÍ FUNCIONE

RAZONES QUE HACEN QUE UNA RELACIÓN ASÍ FUNCIONE

Ni moderneo ni perversión: sí, se puede tener una relación de pareja abierta

¿Es posible una vida en pareja llena de amor, confianza, planes en común y de… amantes? Para quienes renuncian a la monogamia y a la eterna fidelidad sexual, lo es.

Las parejas abiertas son una de las tramas de House Of Cards
Las parejas abiertas son una de las tramas de House Of Cards | Getty Images

En esta modalidad de relación, las partes deciden consentidamente tener sexo con otras personas. Sienten que las exigencias y expectativas de la monogamia son restrictivas, ahogan y no están hechas para su peculiar estilo de vida. Quizá su estilo de vida pueda provocar en cierto público un rechazo absoluto o un continuo escepticismo, pero lo cierto es que aquellos que viven la no monogamia afirman que renuncian a las absurdas obligaciones e hipocresía del amor.

¿Biología? ¿Cultura? Quizá lo que provoca que muchas personas rompan con los convencionalismos en cuanto al amor y al sexo, sea una mezcla de factores. Sin embargo, las motivaciones que subyacen detrás de quienes se atreven con un modelo de relación erótico-afectiva distinto al normativo, no se reducen al placer y deseo de una mayor variedad sexual.

Hay quien prueba esto por aumentar su crecimiento personal o como una opción para evitar la monotonía de una relación larga. Engloban una gran variedad de situaciones, siendo, posiblemente, el swinging, la propuesta más conocida. Además, del intercambio de parejas propio de los swingers, encontramos la polifidelidad (relaciones sexo-afectivas entre los miembros de un mismo grupo), el poliamor (relaciones íntimas y duraderas que se mantienen de forma simultánea), la pareja no monógama (donde una pareja comprometida decide tener sexo, de forma independiente, con otras personas) o el amor libre (sin restricciones).

De este esquema inicial pueden surgir otras combinaciones, por ejemplo, una pareja donde uno de sus miembros es monógamo y otro no, que decide de forma ética, consensuada y responsable que éste último pueda tener sexo con otra persona. Pese a que la diversidad de personas que practican la no monogamia y sus diferentes formas de gestión ante esta situación, podemos identificar una serie de principios o reglas básicas que ayudan a que la relación funcione.

Autoconocimiento y autoestima

No es obligatorio tenerlo todo absolutamente claro, pero es importante saber quién eres, qué quieres y hasta dónde estás dispuesto a llegar. Si jamás has desarrollado eso que conocemos como inteligencia emocional, ya puedes estar haciendo un máster intensivo sobre esto.

En este sentido, es también importante repasar tus valores, creencias y prioridades. La viabilidad de una relación abierta no depende de lo fuerte que sea el vínculo con tu pareja o pareja principal, sino de vuestra calidad humana y habilidades (especialmente, interpersonales e intrapersonales). Las personas influenciables, dependientes y con falta de seguridad en sí mismas van a tener múltiples dificultades para desarrollar una relación abierta sana, funcional y positiva.

Al respecto, no puedes descuidar la autoestima. Es obvio que vas a tener miedos e inseguridades, pero no hagas que estos intercedan en tu amor propio. Si no te quieres tú, si no confías en ti, tu pareja o relaciones esporádicas no van a hacerlo por ti. Si estás pasando un mal momento, te sientes coaccionado por tu pareja para abrir la relación o actúas desde la rabia, quizá no es el mejor momento para plantearse la no monogamia.

Límites

En cada pareja se fijan unos límites específicos, ya sea porque se está empezando, todavía remolonean ciertas inseguridades o para evitar situaciones tensas, embarazosas o desagradables.

Estas restricciones giran sobre todo en cuestiones relativas a la honestidad (qué detalles contar y cuáles excluir), la salud (métodos anticonceptivos, uso del preservativo), las prácticas sexuales (si puedes hacer sexo oral, penetración, BDSM…), el lugar (a muchas personas no les resulta agradable encontrase a su partenarie haciendo un cunnilingus en el dormitorio conyugal y a otras, por el contrario, les genera un morbo brutal) o con quienes se está dispuesto a experimentar.

Suelen excluirse el círculo de amistad más próximo, los familiares (liarse con tu cuñada puede ser muy incómodo en la cena de Navidad) y los compañeros de trabajo. Mi consejo es que en este grupo incluyas también a las personas tóxicas, pues pueden dinamitar tu relación principal con fuertes dosis de montañas rusas, conversaciones malintencionadas (por ejemplo, “si te acuestas conmigo significa que verdaderamente no amas a tu pareja” o “déjala y vente conmigo”) o proyectando sobre ti sus inseguridades.

Consentimiento

Una cosa es que rompas los códigos tradicionales sobre el amor y otra, muy distinta, es que actúes de forma egoísta e impositiva. La base de la no monogamia es el consentimiento. Cada propuesta, cada cambio… exige una negociación. Lo que se decide de forma consentida consolida el vínculo con la pareja, así como hace crecer la sensación de confianza y de cooperación entre los miembros.

Comunicación y revisión de acuerdos

Si ya es imprescindible que fluya la comunicación en una relación tradicional, aquí, la importancia y práctica de la misma se intensifica. Hay quien lo intenta y no puede lidiar con la culpa, los celos o el sentimiento de posesividad. Es importante que nuestra pareja lo sepa y que conjuntamente, o incluso con ayuda terapéutica, se analicen esas emociones y la posibilidad de controlarlas o hacerlas desaparecer.

Cuando experimentamos la no monogamia es necesario que lo hagamos como un proceso dinámico. Hay que sacudirse de la estructura y ensoñaciones del amor romántico, de toda esa cultura qué te dice cómo amar y cómo hacerlo bien (es decir, exclusividad sexual, posesión y cuentos de finales Disney).

Para que la comunicación fluya y sea de calidad es imprescindible hacerlo con asertividad y honestidad. Otra herramienta que puede ayudar a tranquilizarnos y otorgarnos mayor serenidad con respeto a los acuerdos es la verificación constante. Parafrasear, analizar los pactos e incluso barajar la posibilidad de redefinirlos son ejercicios que nos ayudan a estar más unidos a nuestra pareja, a ser más conscientes de las decisiones que vamos tomando.

Guías prácticas

Si estás inmerso en una relación abierta, quieres probar o entra en tus planes de futuro, no dudes en tener un libro de cabecera. Calmará tus inquietudes y seguramente, te empoderará ante las dudas. Mi recomendación es 'Opening Up', de Tristan Taormino.

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