CASTIDAD MUSICAL

CASTIDAD MUSICAL

Aunque no lo creas, hay gente que nunca escucha música

Entrevistamos a personas que salen del armario y reconocen que la música les importa tanto como a ti los resultados del baloncesto japonés.

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"Sin música, la vida sería un error". Es una de las frases más recordadas del filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Y para todos los amantes de la música, una verdad como un templo. Algo indiscutible, impepinable. Absolutamente obvio.

Sin embargo, existe gente que vive -y sobrevive- sin la música. Personas que, más allá de lo que escuchan de pasada en la radio o en los anuncios de televisión, no tienen el más mínimo interés en descubrir nuevos grupos, rememorar vivencias pasadas a través de canciones o simplemente darle al play y dejarse llevar con su disco favorito. Gente que no se emociona con la música, sino que la entiende como un mero entretenimiento opcional. Algo que está ahí y que puede gustarte o no, como leer una novela, ir al cine o al teatro. A ellos no les gusta la música. Y no: su vida no es un error. O al menos, no lo parece.

"Sólo escucho música cuando voy a llevar a los niños al colegio. En concreto, una emisora que se llama Baby Radio. Eso sí, cuando no estoy con ellos prefiero escuchar las noticias", reconoce Alicia, sevillana de 43 años. "¿Un disco que me emocione? Hombres G… de cuando era pequeña", cuenta.

Mariví, de Pamplona, va un paso más allá. "La música está sobrevalorada, como el fútbol y como otras tantas cosas en esta sociedad. ¿Por qué tiene que estar en todas partes? En las tiendas, en los ascensores, cuando llamas por teléfono y te ponen en espera, en el coche…. Siempre música. Me parece una sandez". Para Mariví la música es "una expresión artística como otra cualquiera", y reconoce que sólo la recibe de buen grado cuando tiene "ganas de bailar". Su chico no opina igual, lo que les genera diferencias en casa, ya que la música impide a Mariví dedicarse a su actividad favorita, leer.

En otros casos, la afición a escuchar discos llegó tarde, pero llegó. Laura creció en una casa en la que sus padres no le inculcaron el amor a la música. "No sé muy bien por qué, pero no tenían el más mínimo interés en ella", cuenta. "Ni siquiera teníamos ningún tipo de aparato en casa para escucharla". Eso le generó un déficit que ahora, a sus 35 años y melómana confesa, reconoce con cierto pesar. "A nivel social fue algo que me afectó mucho, porque la música forma parte de la cultura popular y cuando llegué a la adolescencia tenía una gran carencia en este sentido: ni siquiera sabía quiénes eran los Beatles".

Parte de nosotros

Marcos Hitos-Benavides es psicólogo y músico. Toca la guitarra en la banda de punk Grippers y, como tantos otros, no entiende la vida sin canciones. "Al igual que el lenguaje, la música forma parte esencial de la cultura humana. Hace más de 35.000 años los hombres fabricaron los primeros instrumentos musicales, de percusión, frutas de hueso y birimbaos", explica.

"Nuestro cerebro se comunica con nosotros a través de reacciones vegetativas. Éstas también se producen al oír música. Un ejemplo claro es el estremecimiento que recorre el cuerpo al escuchar un fragmento melódico especialmente emotivo. Es una reacción muy útil desde un punto de vista biológico: si la cría oye la voz de la madre, se le eriza los pelos y aportan calor. Todos hemos experimentado este estremecimiento agradable, un fenómeno que activa el sistema límbico de autorrecompensa, que suele asimilarse al logro de necesidades básicas como mecanismo biológico de mantenimiento de la especie: al placer sexual, a la obtención de comida o bebida tras hambre o sed, a la victoria en la lucha o en la huida ante una amenaza vital o al logro de cualquier reto", apunta.

"La música aporta una gran ventaja práctica y evolutiva: ayuda a organizar la vida en grupo y a estrechar los lazos frente a posibles agresores, lo que denominamos “cohesión grupal”, que es el origen de las sociedades y de la civilización", añade el psicólogo.

"Cabe incluso pensar que los primeros humanos se comunicaran a través de la música antes de la aparición del lenguaje ¿Cuántas veces nos hemos encontrado silbando o tarareando una melodía mientras realizamos algún tipo de tarea manual? Esto no es casual: responde a una preparación neurobiológica que persigue un fin adaptativo y socializador que a veces queda expuesto en estas actividades, aunque sean individuales. Hoy en día los grupos juveniles tienden a identificarse con expresiones musicales características facilitando sus procesos de socialización durante la adolescencia a través de una identidad grupal. Es aquí donde podemos observar que esa función social antropológica evolutiva también trabaja a nivel de desarrollo social e individual".

La pregunta parece evidente: ¿es posible vivir sin música? "Sí, al igual que podríamos vivir sin lenguaje verbal o sin expresiones faciales, pero perderíamos una herramienta esencial de desarrollo y de comunicación interpersonal e intrapersonal", argumenta Hitos-Benavides. "Sería una minusvalía que sin duda afectaría drásticamente a nuestro desarrollo como individuos. Pero lo que no me cabe ninguna duda es que sin música no hubiéramos llegado a ser humanos".

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