NIHILISTA, MACHISTA, VIOLENTA...

NIHILISTA, MACHISTA, VIOLENTA...

Cómo iniciarte en el trap, la música de la década

En dos años, este género ha devuelto la creación independiente en España a las clases populares. Nihilista, descarado, violento, machista, de producción casera… sus exponentes llenan salas de conciertos varios días seguidos y suman cientos de miles de visitas en internet. ¿Qué hay dentro de este nuevo underground? Hablamos con varios artistas y colectivos sobre lo que consideran "la música de la década".

Los Payos son pioneros en el Trap sevillano. Pueden componer una canción en 2 horas.
Los Payos son pioneros en el Trap sevillano. Pueden componer una canción en 2 horas. | Isaac Fernández

Al otro lado del teléfono, en Madrid, donde ya es uno de los popes de la producción trap, suena la voz chulesca de Pedro LaDroga. Lleva en la música desde los 14 y está llamado a ser uno de los jefes de esta escena casi neonata en España. LaDroga ha empezado a coleccionar aforos completos en salas emblemáticas, en el mismo país en el que muy pocos consagrados presumen de agotar entradas.

Los que le conocen desde que era un niño sabían que tenía talento, que se haría famoso. En apenas unos años, ha construido una obra inabarcable, imaginativa, una rara avis dentro de una música que ha pasado del barrio a ser estudiada por la crítica más intelectual. Él le resta importancia: "Yo qué sé… para hacer esto hay que entender el niñateo, el trapicheo… Es así como se empieza. Estábamos cansados de tanto hiphop de enciclopedia, de hablar de lo que han hecho los políticos. Queríamos ir a un concierto y pasárnoslo bien, bailar, hacer pogo y no estar parados escuchando, dejarnos de mensaje. Eso es lo que ha pasado".

En una semana, LaDroga podría sacar diez discos. Al día, cinco canciones. Pero últimamente no para de producir a otros artistas. "Lo mejor que me ha traído este rollo es que un día coja ATrapMedia y me llame". LaDroga lleva haciendo esta música desde siempre, le gustó el sonido extravagante, hortera y gamberro que procedía del sur de Estados Unidos. Lo tiene claro: "Esto se va a expandir más y más".

Pedro LaDroga | Fernando Ríos

A veces con la desgana como de estar empadronado en una resaca perenne y otras lanzando algún fogonazo de genio, LaDroga despliega su alegato sobre lo que canta y produce: "Hablo de mis paranioas, de mis colocones, de las locuras que veo que les pasan a mis amigos. Madre mía... mis amigos. También de rollo futurista, de vivir en internet y no en la calle". Es el discurso del trap, para muchos la 'forma de vida' que se recordará de esta década, el emblema de una generación que crece entre emojis, tatuajes, sexo, redes sociales, nihilismo y drogas.

La primera vez que escuché hablar del invento fue a las tantas en casa de un amigo. Trataba de exponerle, inocente de mí, que el formato disco había estallado, que los chavales ya pensaban solo en canciones independientes. Pero él me puso al corriente de la ingenuidad de mis palabras y me advirtió de que la explosión se había llevado por delante muchas más cosas. "No te estás enterando de la historia", sentenció. Y luego abrió YouTube.

Me puso un vídeo de una artista llamada La Zowi. Medio millón de visitas. No entendí nada. La cantante, en conciso trikini, rodeada de un pléyade de figurines, movía espasmódicamente el culo en primer plano. 'Soy pobre pero voy con 20 yolas', rezaba el estribillo. Acerté a imaginar que hablaba de droga, de billetes… pero se me escapaban la mayor parte de términos de su jerga. '¿Qué es una racheta? ¿Se refiere a sí misma como una…?', le pregunté a mi colega. Su gesto evidenció la respuesta.

Pedro LaDroga | Silvia de la Rosa

Tampoco comprendía la estética. Lo que estaba viendo se parecía Gandía Shore, remitía a los antiguos canis, pero era otra cosa. Todo eso había sucedido y, como yo, mucha gente nacida antes de los 90 nos habíamos perdido el incendio. Me sentí mayor. Me acordé de Homer pidiendo a los hieráticos asistentes del Hullabalooza que rockanrolearan. Vi más posts del canal de Zowi: Bershka a mansalva y uñas de tigre pintadas de rosa chicle pero en videoclips con un filtro de Instagram; oros e imitaciones de grandes marcas, Pokemons, codeína, flotadores de unicornio, tetas, un lenguaje que convertía al del reguetón en vidas de santos. En otro tema cantaba: 'Yo soy la única puta que le carga las balas'. Y luego: 'Si tu eres Zara, yo soy Donna Karan. Como te pases, te rajo la cara'. Violencia y sexismo lanzados con un eco elevado a la enésima potencia, cincelados en voces que sonaban a helio, besos lanzados con autotune, bases tontorronas, casi melosas. Me pareció espantoso. La nada. El fin.

Pero no lo era.

La Zowi tuvo la culpa. De sus canciones pasé a Forocoches, que es siempre el mejor barómetro para descubrir si algo que no sale en los medios tradicionales es o va a ser grande. Y me encontré con Pimp Flaco, con Kinder Malo, con Cecilio G., PXXR GVNG, C. Tangana, Dellafuente… En cuestión de meses, todos habían triunfado en la red. Algunos eran terribles. Otros menos. Sus estudios de grabación estaban en sus casas, se movían y producían en pandilla, su campo de batalla era Youtube, su estrategia de marketing discurría solo en las redes sociales. Si la lógica dice que a más publiques, más likes y seguidores consigues, su obra no podía ser sino desmesuradamente copiosa.

El ritmo frenético de canciones de usar y tirar les emparentaba con el arte efímero. Defendido con las palabras adecuadas, todo esto podría colarse en un suplemento cultural como el discurso engolado de un artista pedante en ARCO. Otra vez el Do It Yourself del punk pero declamado en rima fácil y perpetrado en ropa hortera. En definitiva, no iba a haber nada tan hijo de su época como este movimiento.

Convertida buena parte de la música independiente en carne de mainstream, con grupos como Vetusta Morla gustando a adolescentes como si fueran su nueva Hannah Montana, con pijos que han abandonado el pachangueo para pasarse a Izal, el nuevo underground patrio, o buena parte de él, se iba a reducir a esto.

La crisis económica de los últimos años -y la del formato físico, la que hizo saltar por los aires a la industria discográfica- ha provocado que muy pocos puedan dedicarse al arte. De alguna manera, la música había estado durante los últimos tiempos en manos de gente que, simplemente, se podía permitir hacer canciones. El trap, sin embargo, ha devuelto la creación a las clases obreras. Y este apartado lo hace interesante.

Sin embargo, ¿todo iba a ser tan zafio? ¿Tan vacío?A lo largo de este año en el que todo el mundo ha empezado a hablar de ello, he asistido a la misma discusión. Siempre hay alguien que salta con la cantinela de que los Ramones tampoco sabían tocar. Y otro que se ofende porque Joey Ramone y Cecilio G. no deberían jamás figurar en la misma frase.

En fin, aunque este bastardo del hiphop nace en los primeros noventa, el estallido en España es muy reciente y tiene sus peculiaridades. Sus protagonistas fijan 2014 como su 1977, volviendo a la comparativa punk. Y sí, ya hay trap comercial, pero el poderío del género entre las generaciones más jóvenes ha provocado que empiecen a aparecer experimentos interesantes, que se bifurque en nuevas misceláneas, que se alhaje en matices.

Livia es gaditana, tiene 25 años y varios seudónimos creativos, como si se tratase de una personalidad múltiple. Están Littlepusidorado, 41V1L, La Niña Manca ("porque no sé tocar") y ahora acaba de asociarse con el músico y productor Santiago Gonzalo bajo el paraguas creativo de Bronquio. Lleva todo el día enfadada porque se le ha estropeado la bici, que era "lo único que tenía en esta vida", y ha pasado la semana "matando un cuaderno". Cuando se levanta, Livia agarra el micrófono en casa y compone de forma automática. "No sé por qué lo hago, tengo mucho tiempo libre, supongo. Y he crecido en una época en la que he estado rodeada de todas estas cosas. Habrá también narcisismo… y que he visto que existe y que puedo copiarlo. Es una forma de expresarse y de aguantarse sin manos".

Hace tiempo que esta artista que procede del hiphop escuchaba trap, "pero listas buenas", corrige. Le gusta el sonido, los ritmos partidos, la potencia de los graves. "A lo mejor no entiendes la jerga, hay gente que no ve más allá", me avisa. En su opinión, cuanto más simple es una canción, más redonda, aunque sus letras despliegan una honda complejidad emocional, metáforas inconcebibles para la psique de otros artistas del género.

- 'Cocowawa', el tema que acabáis de subir a internet, posee una imágenes muy oscuras, muy simbólicas.

- ¿Eso crees?

- Dices, por ejemplo, "Estanque de patos. Todos atados".

- Fue lo que salió. Yo solo busco la forma de expresarme más certera. Hablo de tedio, de ataraxia, de lo que veo. Lo hago por mí, para enfocar determinados colocones. Mi catarsis va así, como podría sucederme cortando judías, pero me gusta perder el tiempo cantando. No tengo nada importante que decirle al mundo. Es más sacarlo todo para afuera.

Livia cree que el éxito del trap ("quién sabe lo que es eso, hay tanto follón") se debe a que las pandillas han visto que así pueden autoabastecerse y montárselo por su cuenta. "Que sea asequible hace que la gente se pique más. Que tenga éxito en internet logra que llegue el dinero. Yo también querría dinero, poderme comprar marihuana infinita sin preocuparme por el coste me parecería genial pero hay muy poca gente que pueda vivir de sus pajas mentales. Todavía no he sido capaz de escoger una buena palabra. Ahí estoy, en el proceso".

Bronquio | Claudia Ruiz Nubes

Venido del rock, primero, y del techno, después, su compañero Santiago, dueño del estudio de grabación Cilíndrico, no se había sentido atraído por el trap hasta que ha visto que también aquí cabía la experimentación. "Lo de Bronquio no es trap por derecho. Intento darle otro rollo con lo que ya traigo de casa. Algo de su esencia sí que tiene, pero no es lo que ahora todo el mundo entiende como tal. No tengo ese concepto definido. Hay poco trapicheo y pocas armas. Reconozco que el trap es un genero representativo de buena parte de la juventud y eso es interesante, independientemente de la calidad. Lo que ocurre es que en España se ha limitado mucho el molde musical. Se mantienen los mismos recursos en casi todas las canciones y parece que tengas que usar la misma paleta de sonidos para entrar en la escena. En otros sitios sí que hay más libertad para salirte de la norma trapera, aunque ya se les empiezan a poner nuevas etiquetas".

De romper la etiqueta habla su proyecto, en el que Livia compone la letra y él, que también realiza los vídeos, amplía las posibilidades del género aliñándolo con su intuición y su conocimiento musical y técnico. “No me planteo qué quiero transmitir. Me voy dejando llevar por impulsos, viendo qué sale. Mantengo el tempo pero meto otros sonidos y cajas de ritmos más garageras, incluyo guitarra eléctrica, percusiones, sampleos… Livia es la que me liga al trap. La colaboración es natural, surgen las canciones casi a la primera toma. Estamos escarbando, combinando estilos”.

Tras hablar con Bronquio quedo en Sevilla con los miembros de Los Payos, que se definen como un colectivo de colegas de toda la vida que se han puesto a trabajar juntos. Cuando llego al estudio de tatuajes donde les voy a entrevistar, aparecen siete tíos. Visten gorras de Lacoste y de Polo, chupas de cuero, zapatillas de deporte, cruces de oro. Sostengo una en mis manos. Pesa.

- ¿Los siete que estáis aquí sois del grupo?

- Y falta gente.

Los Payos | Isaac Fernández

Casi todos, a pesar de que el mayor tiene 27 años, llevan una década en la música. Luben, que se encarga de la promoción y ejerce de manager, tenía un estudio de grabación cerca de la estación de trenes de la ciudad. Allí se juntaban para fumar y producir cada uno lo suyo, hasta que surgió el proyecto común. "No es por echarnos flores pero somos los pioneros en Sevilla. Hay mucha gente que dice que hace trap pero vender 10 pavos en La Alameda no te convierte en Pablo Escobar", diferencian.

MIK, uno de sus miembros, es norteamericano, probablemente "el único negro del mundo con una Giralda tatuá". Él fue quien les introdujo en el estilo. En sus vídeos se aprecia cómo cada cual tira hacia lo que más le gusta, incluido un concepto que ellos mismos han arrojado, el trapmenco.

Los Payos. | Isaac Fernández

"Antes te decían que ibas de negrata si hacías esto. Era un tabú. Pero ahora mucha gente del hiphop se ha pasado al trap y va por ahí diciendo que lo ha hecho siempre", critica Richie Loui, otro de los componentes. Una tendencia muy habitual en el género es que todo el mundo presuma de ser el precursor, el hombre que trajo la patata de América.

Como afirman Los Payos, este estilo en el que llevan años instalados ha infectado el mundo de la moda, el del deporte... "En Estados Unidos no es sólo música. Es trapicheo, peleas, tiroteos, policía, funerales de amigos", enumera MIK. Y continúa: "En los últimos años se ha pasado de esto al mainstream. Justin Bieber hace trap... Todo eso ha provocado que se conozca pero ha masacrado la forma de vida original".

Los Payos quieren ganar pasta. Entre sus componentes, todos procedentes de barrios obreros de Sevilla, hay barberos, tatuadores, reponedores… Sueñan con éxito y billetes. "Cecilio G. lo ha conseguido. Es un compadre para nosotros, gracias a él existe lo que existe", sostienen. Preguntados por las peleas (beefs en el argot) entre grupos, algo de lo que se ha hablado mucho, este colectivo asegura que prefiere irse a comer por ahí. "El marroneo lo dejamos en la música".

Los Payos | Isaac Fernández

Sus letras hablan también de la calle, de mujeres y dinero. "¿A quién no le gusta eso?", se ríe Luben. "No creo que en trap nadie haya follado tanto como dice ni que tampoco a Álex Ubago le partieran tantas veces el corazón. Es una forma de contar, una temática", expone Pirex On Da Track. Ellos también suben temas a un ritmo colérico. La media para producir una canción es de dos horas. "Es así como te conocen, tienes que ser activo". Durante la entrevista, han disparado varias fotos con sus móviles y las han colgado directamente en internet. 'Entrevista a Los Payos, niñas', reza el pie de foto.

Como LaDroga, lo que más destacan es las ganas de pasárselo bien. Que en los conciertos (por lo general, gente hablando por encima bases y más voces grabadas) se peguen botes, que la gente reaccione, que la música sea fiesta. "Hay poca esperanza… hemos comido mucho polvo. Yo estoy hasta los cojones. Lo que quiero es divertirme", protesta Isaías Chico, secundado por Delaole: "El trap es un cambio de mentalidad. Nos la suda cambiar la sociedad. Se ha creado un movimiento fan brutal que no ha sucedido nunca. Y es imparable".

Los Payos | Isaac Fernández

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