CREEN QUE ES LA PEOR MANERA DE DISFRUTAR DE UN CONCIERTO

CREEN QUE ES LA PEOR MANERA DE DISFRUTAR DE UN CONCIERTO

Gente que ama la música, pero odia sobre todas las cosas los festivales

Llega la época de los grandes festivales. Hablamos con gente que ama la música y, sin embargo, los odia con todas sus fuerzas.

DCODE Festival
DCODE Festival | Wikimedia Commons

Hordas de gente haciendo colas interminables para pagar cantidades obscenas de dinero a cambio de una triste cerveza. Guiris que, pese a esos precios abusivos, se emborrachan hasta caer inconscientes. Artistas cuyos horarios se solapan entre sí, haciendo imposible disfrutar de los conciertos a los que habías planeado ir. Y gente, mucha gente, más interesada en lucir palmito o subir una foto a Instagram que en lo que está ocurriendo sobre el escenario.

Los macrofestivales son marca España. Tanto como la corrupción, el AVE o la tortilla de patatas. Hasta el punto de que, en los últimos tiempos, parece que no eres un verdadero amante de la música si no has pasado el verano recorriendo la geografía española para acudir al Primavera Sound, el GetMad, el Sónar o el BBK Live.

Por eso, toca decirlo alto y claro: no. A muchos melómanos no nos gustan los grandes festivales. Es más, consideramos que son, posiblemente, la peor manera jamás inventada de ver un concierto. Por eso, y ahora que se acerca la temporada alta de estas singulares citas y el bombardeo de nuevos nombres en los distintos carteles es constante, salimos públicamente del armario.

Para Laura, de 33 años, lo peor de los macrofestivales es, sin duda, el ambiente. “Gente que no conoce ni a los grupos, que sólo va a beber, que habla durante los conciertos, que están de espaldas al escenario mientras las actuaciones comienzan… insoportable”, cuenta a Tribus Ocultas.

Luego está la parte musical, claro. “Desde hace una década o más se ha reducido la variedad. Mientras antes había muchos festivales con estilos propios como el folk, el metal o músicas del mundo y eran oportunidades únicas para ver al grupo o músico preferido de cada uno, ahora tengo la sensación de que sólo giran los músicos de moda. Y todos los festivales tienen el mismo cartel, principalmente pop”.

La gran paradoja

“No diría que odio los grandes festivales, pero desde luego claro que son la peor manera posible de ver un concierto”, apunta Miguel, de 29 años, cuyo primer festival fue “aquel mítico Festimad de 2004 en el que la gente acabó a hostias y prendiendo fuego a un coche. Parecía un campo de pruebas nucleares”, recuerda. Pese a todo, acto seguido reconoce que tiene una entrada para el Download, en Madrid.

“Al final, es una mera cuestión económica: ir a un festival es una oportunidad de ver a muchos grupos que de forma individual me costaría muchísimo. Creo que es lo único bueno que tienen”. Y es que, lamentablemente, muchos de los grandes artistas internacionales sólo pasan por España si es para recalar en alguno de estos festivales.

“Estoy convencido de que el verdadero melómano no disfruta en absoluto de este tipo de eventos, y debe apartarse de ellos por su propio bien”, señala Carlos, de 35 años, con cierta sorna. A sus espaldas lleva, pese a ello, más de medio centenar de festivales de todos los estilos, desde el rock hasta la música electrónica. ¿Otro caso paradójico? “Puede ser: en el fondo me gusta ver a muchos artistas seguidos y sin parar, precisamente porque me encanta la música”.

David, de 37 años, lo tiene claro. “En un concierto, el evento en sí mismo está dedicado a la banda. En espacios reducidos se establece una relación más estrecha con el público. Es como ver una película en el cine o en un ‘screener’ guarrindongo”. Aun así, reconoce que la edad es un factor a tener en cuenta.

“Hace años me gustaba mucho ir a festivales. A pesar de las incomodidades que pudiera tener, era una oportunidad de estar dos o tres días de pedo, viendo grupos y descubriendo cosas nuevas. Ahora las incomodidades me molestan más. Por ejemplo, creo que no tiene mucho sentido ver un concierto desde las pantallas porque hay 60.000 personas entre el escenario y tú. Para eso, casi mejor verlo en tu casa online”.

Quizá parte del problema sea ese: que nos hacemos mayores y no estamos dispuestos a pasar por determinadas incomodidades que hace tiempo nos parecían menores.

¿Estamos en medio de una burbuja festivalera? Es posible. Y sin embargo, pese a los precios, las aglomeraciones y las incomodidades varias, siempre habrá quien siga viendo en ellos un plan perfecto para esta época del año. El resto seguiremos disfrutando de los conciertos en salas durante el resto del año y huyendo de ellos como alma que lleva el diablo.

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