EVITA ESTA FAUNA CUANDO VAS A VER A TU GRUPO EN DIRECTO

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Los ocho tipos de fans más odiosos que tienes que soportar cuando vas a un concierto

El adicto al selfie, el borracho, el utrafan... Hay pocas cosas más intensas y memorables que un buen concierto. Para que no te lo estropeen, evita a esta fauna, los ocho tipos de espectadores que más sufres cuando vas a ver a tu grupo en directo. Dí que no.

Adictos al selfie, borrachos, ultrafans: ésta es la fauna de un concierto
Adictos al selfie, borrachos, ultrafans: ésta es la fauna de un concierto | Getty Images

1. El que no para de hablar. Un concierto no tiene por qué ser un lugar en el que reine un silencio sepulcral, especialmente si hablamos de géneros dados a un nivel alto de decibelios. Pero la gente que no es capaz de guardar cierto respeto por los músicos que están sobre el escenario merece una llamada de atención por parte de los que quieren disfrutar de cada detalle de música. No, señores: una sala de conciertos no es un bar.

2. El borracho. Lo sabemos: su capacidad de molestar al prójimo no se circunscribe a un concierto, sino prácticamente a cualquier ámbito de la vida social. Violentos, babosos o simplemente incapaces de controlar sus propios impulsos. El alcohol no justifica casi nada: sólo saca a la luz el cretinismo de aquellos que son, de por sí, bastante cretinos. Aunque se les note un poco menos cuando están sobrios.

3. El Gasol. Si eres corto de estatura, sabes de lo que te hablamos: el clásico asistente a un concertó que no tomaba uno, ni dos, sino siete petit-suisse se coloca delante tuyo. No falla. Y aunque creas que haría bien en ponerse más atrás, tampoco es culpa suya ser tan alto. Busca un lugar más apropiado para ver el concierto. O mejor aún: llega antes y coge un buen sitio en las primeras filas.

4. El que no suelta el móvil. Exactamente, ¿a qué va esta gente a un concierto? ¿A hacerse fotos? ¿A grabar un vídeo cuyo audio no va a diferir mucho del sonido que emite una trituradora de papeles? Hacednos un favor y, de paso, hacéoslo a vosotros mismos: guardar el móvil en el bolsillo y disfrutar del concierto.

5. El VIP. Digámoslo alto y claro: da (mucha) rabia que los que no han pagado la entrada -que además son a los que menos les importa la música del grupo- sean precisamente los que más cómodos estén. Los VIP no sufren agobios ni empujones. No tienen que hacer cola para pagar una copa. Y por supuesto, éstas no les cuestan 12 euros, como a ti. "Pringao, que eres un pringao", parecen decirte con la mirada desde su flamante reservado, gintonic en mano.

6. El ultrafan. Hay gente cuyo fanatismo por una banda concreta puede alcanzar niveles difíciles de soportar para el resto. Ejemplo: aquel que necesita que la sala al completo le escuche cantar a voz en grito todas y cada una de las canciones. Por alguna razón que escapa a las leyes de la física y la acústica, su voz se escucha aún más que la del cantante. Y sin necesidad de micrófono alguno.

7. El listo. Es el mismo que vio a la banda en su primera gira, hace años, acompañado por un selecto grupo de enteradillos que entonces no superaban la docena. El mismo que dice que el grupo ya no mola tanto como en su primer disco. Tenga razón o no, lo que en realidad le molesta es que ahora le gusta a mucha más gente. Gente corriente, gente mediocre. Gente como tú. Eso no te lo dice, pero lo piensa.

8. El de seguridad. No esperes que además de tener un bíceps como tu cabeza sea amable y educado: no le contrataron para eso, sino para mantener el orden y la seguridad en el interior de la sala, en el estadio en el recinto del festival. Paradójicamente, tu sensación de seguridad es inversamente proporcional a la distancia a la que se encuentre este antipático sujeto.

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