MILLENNIALS, EL GARAGE NO ES NUEVO

MILLENNIALS, EL GARAGE NO ES NUEVO

Punk a la sombra del mainstream: cuando sigues tocando sin ver un duro

Ahora que se habla del éxito de una nueva escena heredera del punk y del garage, con grupos como Parrots, Hinds y Nastys, entre otros muchos, es conveniente recordar lo que hicieron los músicos generación anterior. Decenas de bandas que llevan más de 15 años en activo y publicando discos sin haber olido el éxito, ofrecido un concierto en un gran festival o aparecido en radio fórmulas. Ninguno de sus componentes se dedica a la música en exclusividad pero han continuado por verdadero amor al arte. Hablamos con algunos de ellos para hacerles una pregunta: ¿Por qué?

¿Sabes de qué es tu camiseta?
¿Sabes de qué es tu camiseta? | D.R. / HM

Este reportaje surge a raíz de un anuncio de Facebook. Un vídeo de Levi's presentaba a los componentes del grupo The Parrots paseando por la Malasaña más cool. Los planos de los músicos luciendo vaqueros se alternaban con otros de tiendas de discos y bares como El Picnic (ya se sabe, el encorsetado templo del molar). Hablaban los protagonistas del cansancio de las giras y también de cómo la gente se había dado cuenta del valor afectivo del vinilo y del formato físico. “No hemos creado una escena de garage de Madrid. Los Nastys y Los Parrots hemos creado la escena nuestra, siempre nos hemos apoyado, somos amigos”, se escuchaba al final del documento.

La primera conclusión es que las marcas están fagocitando las escenas emergentes, mínimas, antes de que se hayan consolidado. Tengo un hermano millenial, le pregunté si conocía a los Parrots y se encogió de hombros. A Levi's no parece importarle: para que su producto guste, tiene que emparentarse con aquello que todavía no es mainstream. Esto es algo relativamente nuevo.

La segunda es que este nuevo underground -habría que ir buscando sinónimos para esta palabra- va vestido de firmas, se esmera en su imagen y domina las redes sociales. A pesar de que hoy triunfar es sinónimo de otros géneros, éxitos en el extranjero como el de Hinds han devuelto la quimera de que estas otras músicas que habían estado esquinadas, limitadas a públicos minúsculos, podían alcanzar la fama. Con cierta polémica, el periodista David Saavedra acuñó el término “nuevo pogo” para hablar de esta supuesta nueva ola de bandas que vienen del indie pero que son herederas del punk y a las que las marcas les han cogido cariño.

Recordé tras visionar aquel anuncio una anécdota que me contó Miguel Costas, fundador de Siniestro Total y, a mi entender, uno de los hombres que le dio forma al punk en español en los años ochenta. Música clásica lo suyo, vaya. Con la retranca gallega de la que presume, el cantante me narró cómo una marca de calzado le había propuesto un patrocinio. Visto cómo está vivir del rock (y de la cultura en general) en este país, aceptó la propuesta. No vio un euro: les hicieron unas fotos a él y a los miembros de su banda, Costas, posando con el logo de la firma y como pago les enviaron tres pares de botas. Bastante triste.

Me llamó la atención el comentario de Parrots. “No hemos creado una escena en Madrid”. Y, no, efectivamente, ya había una escena de garage en Madrid y otras ciudades de España, aunque apenas se hablara de ella. Probablemente, mientras Parrots y Hinds aún estaban en el instituto, los valencianos Wau y los Arrghs ya daban conciertos por Malasaña. Como también existía punk antes de Biznaga, Accidente, Las Odio, Los Bengala, Sangre y Juventud Juché, entre otras formaciones recientes.

En esa segunda escena quiero centrarme porque su historia apenas ha sido contada y tiene los ingredientes narrativos de un buen relato. Hablo de grupos como Shock Treatment (los más veteranos), Sugus, DDT, Fast Food, Vegetales, Psycho Loosers, La La Love You, PPM, Acusicas, Muletrain, Shoolins, Mártires de Uganda, Vigilante Gitano, Rivelles, Afterbites, Señoritas Estrechas, Waldorf Histeria... generación ramoniana que lleva en activo de más de 15 años y que, salvo contadas excepciones, como es el caso de los malagueños Airbag, jamás conoció el éxito, un patrocinio, un bolo en un gran festival, una portada en 'Mondo Sonoro' o un concierto con más de 200 asistentes.

Pero ahí siguieron y, muchos de ellos, siguen. Músicos que llegan por los pelos al local de ensayo, a veces vestidos de traje porque vienen de trabajar. Gente que sabe desde hace siglos que sus canciones nunca darán el pelotazo pero que continúa publicando discos con el Do It Yourself tatuado en la frente. De esto iba el punk, ¿no?

Psycho Looser. | D.R.

En el año 2000 nació la formación Psycho Loosers con una primera maqueta grabada en un cuatro pistas. Desde 2005 hasta hoy, han editado cuatro álbumes, dos de ellos con Subterfuge. “Siempre hemos compaginado la música y las constantes pérdidas que da tener un grupo de punkrock en España”, comenta Jorge Casanueva, el cantante. Su mayor éxito, expone, fue cabrear a miles de seguidores de Avril Lavingne con una canción que se metía con la cantante y un vídeo que ni siquiera editaron ellos, sino uno de sus fans, y que va camino del medio millón de visitas en Youtube.

Cuando sacamos nuestros primeros trabajos había un feedback bastante masivo, llegamos a sonar en América del Sur y nos han llamado para intentar llevarnos a tocar, pero a medida que nuestro éxito creativo es mayor, nuestra presencia en el detritus musical independiente de España ha tenido menos y menos impacto. Nuestras canciones no han encontrado las vías adecuadas para llegar a su público potencial, nacimos en un reducto y se te etiqueta allí, aunque tus temas pudieran gustar a una audiencia no asociada al punk en español no han llegado nunca a ella”.

En efecto, estas bandas no han gozado de visibilidad en medios, salvo por el empeño de algunos locutores como Juan de Pablos, de Radio 3, que en su programa Flor de Pasión ha ido dándoles salida a trabajos como 'Generación Deprimente', su último disco y en el que el componente social pasaba a primer plano: las vicisitudes de una generación que se ha tropezado contra un muro a nivel laboral y personal y que asume que el triunfo no le va a pertenecer.

Según Psycho Loosers, en la mayoría de los conciertos de este género en Madrid suele haber un mismo número de personas, una parroquia formada en gran parte por gente de otros grupos. Preguntado por el éxito de formaciones de la generación inmediatamente posterior, confirman que les gusta lo que hacen, una suerte de nuevo garage que se centra en subir la guitarra solista por encima del resto de instrumentos, incluso de la voz, y que se asimila a otros grupos que hubo en Malasaña hace 15 años. “El caso es que viniendo de un país en el que teníamos a Dr. Explosion se me quedan en propuestas algo descafeinadas, aunque tocan bien y tienen actitud”.

F.A.N.T.A. | D.R.

En Barcelona, el trío F.A.N.T.A. lleva desde 1999 dando conciertos por la Península. Ahora acaban de regresar con 'Más rápido', su sexto álbum, también en la línea ramoniana de los tres acordes. Ellos sí han participado en festivales nacionales como SintonitZZa y Lemom Pop e internacionales como Atomsmasher, en Alemania. “No somos un grupo de éxito. Para nosotros el éxito es que la gente siga esperando tus discos y venga a tus conciertos después de tanto tiempo. Somos conscientes de que tenemos un público limitado y de que funcionamos sin apoyos de los medios. No somos una tendencia ni una moda”.

Para ellos, la escena garagera y punk, que es cosa antigua, goza de buena salud. “Nuestro estilo arranca con Los Nikis y Vegetales y ha tenido grandes grupos como Shock Treatment, Sugus, Fast Food, DDT… Pero nuestros temas nunca han aparecido en las radio fórmulas, nos vemos relegados a unos pocos canales. Además, las revistas especializadas se siguen moviendo por tendencias que normalmente son pasajeras. Estos años hemos visto muchos grupos que lo iban a petar y que luego desaparecieron”, amplía Óscar, el cantante.

Preguntado por la nueva escena, F.A.N.T.A. resuelve que lo que se pone de moda está más cercano a cuestiones más relacionadas con un estilo de vestimenta que con la música en sí: “De pronto triunfan las camisetas de Ramones, las chaquetas de cuero o los pantalones de pitillo y eso a veces hace que la gente se fije en algún grupo con esa estética y se hable mas de él. Igual que ves a cantantes con camisetas de bandas que ni siquiera conocen. No tengo ni idea de quiénes son estos nuevos grupos que comentas, supongo que tocarán en festivales y la gente llenará sus conciertos, pero con estas cosas suele pasar que se evaporan cuando toca ponerse otras camisetas. Nuestro éxito es ser fieles a nosotros mismos y seguir tocando en salas, independientemente de que nos apoyen o sigamos teniendo que hacer todo por nuestra cuenta”.

Ningoonies. | D.R.

En la misma órbita que los dos anteriores se movió Ningoonies, que nació en 2006, recuerda Daniel Aguirre, su guitarrista, como consecuencia de aprender a grabarse en casa y subir temas a Myspace. “Ningoonies viene de ningunos, vamos, de que no había un grupo real aún. Solo Luna y yo. Como yo solo había tocado el bajo anteriormente, cogí la guitarra y Luna, que ya era bajista en otros grupos, se puso a cantar. Pocos planes teníamos. Las canciones que fuimos colgando se movieron y la gente tuvo ganas de conocernos, así que empezamos a tocar en directo y a grabar”.

Publicaron una maqueta, un EP y los discos 'De andar por Casa', 'El Tiempo en mis Manos' y 'Videoclub'. A pesar de lograr un público que demandaba nuevos temas, se tomaron su andadura como la de un grupo de amigos que se lo pasan bien, como una oportunidad de conocer otra gente y haber tocado para y conocido a personas a las que les gusta lo que haces, compartido cosas con extraños, haber escuchado lo que se te ha ocurrido, experimentado grabándolo, que tus discos los saquen o los vendan fuera de España... El verdadero éxito es una historia personal entre los miembros del grupo y lo que hemos vivido, desde luego no existiría a un nivel de éxito comercial o de popularidad, que es una cosa con la que nunca hemos soñado o perseguido”.

Sobre la escena de la capital, Aguirre comenta que el término le suena a algo muy americano. En Estados Unidos, compara, una escena pequeña es sinónimo de dos millones de personas y años de giras. “Aquí es cierto que en los primeros dosmiles se llenaban los conciertos, pero podíamos ser doscientas personas. Realmente, la escena punk nacional la veo mas dentro de las casas okupa y la chavalería, pero luego andan escuchando mucha batucada y cantautor. Ahora mismo no se qué hay… Habrá cosas que no conozco, porque soy un viejo y salgo poquísimo. Seguramente tenemos muchas microescenas de 200 personas. A la que yo conozco, les llamo amigos”.

Aguirre no tiene claro si la nueva escena punk lo es realmente o si se trata más bien de una corriente del indie que, “como tantas otras veces, resurge periódicamente, porque este tipo de sonido de pronto sí mola. Lo realmente difícil es petarlo haciendo punkrock ramoniano o punkpop y no irse al rock urbano del Viñarock o al indie de Benicassim”.

Mártires de Uganda. | D.R.

Con sentido del humor, Tito Busnadiego, el alma mater de Mártires de Uganda, comienza soprendiéndose: “¿Que está de moda esta música? No me digas”. Su grupo se formó en 2007. Desde entonces, han pasado por todas las salas de Madrid que programan estos estilos: Wurlitzer, Siroco, Rock Palace, Gruta 77…. y en otras de varias ciudades del país. Tienen casi 60 canciones subidas a Bandcamp y presumen de un sonido potente y letras muy inspiradas, muchas llenas de ironía y costumbrismo. Los Mártires son felices con su número de seguidores: “Nos considerarnos un grupo que va más allá de los típicos a los que van a verles sus colegas, en mi caso prefiero que no vengan los amigos, sólo aquellos a los que les guste el grupo. No aspiramos a cantidad sino a calidad y la verdad es que no nos podemos quejar en ese sentido”.

A su juicio, el contenido político y la poca vergüenza han ido ganando enteros en los últimos años dentro de los sonidos punk y garageros. Sin embargo, pone el acento en la importancia que se le da a la imagen. “Supongo que se escuchan menos discos enteros del tirón y se ficha más a los grupos por Youtube, viendo si molan o están buenos”.

Shoolins. | D.R.

En 2005 nació Shoolins, otra banda de punkrock en español con influencias de los Ramones. Publicaron una demo ('Los hombres MSX contra el Dr. Spectrum') ese año y un disco ('Shoolins') en 2006. Tras un cambio de bajista, la formación, capitaneada por Mario Sancheski, se consolida con Chema (ex Los Marqueses) al bajo.

Tras varios cambios en sus componentes, el grupo ha logrado seguir tocando más de diez años después. Como los anteriores entrevistados, ahí ven su mayor logro. “Siempre he dicho que tener un grupo es lo más parecido a una relación de pareja, es muy complicado que todos estén en el mismo barco durante tanto tiempo. La gente se va cayendo y nosotros, a pesar de los cambios de formación, mantenemos la esencia sin cerrarnos a otros estilos. Es clave renovarse, en nuestro último disco, 'Metaliza tu culo', hemos tonteado con el metal, por ejemplo”.

Según el cantante y guitarrista, los nuevos años han traído consigo experimentos muy interesantes cuyo sonido remite a las bandas de los ochenta. “También hay mucho movimiento en la escena punk y hardcore melódico noventera, donde de repente se ha puesto de moda la música que yo escuchaba cuando tenía 15 años. En lo que respecta a lo que hacemos en Shoolins, la cosa está más atascada. Cuando empezamos, este tipo de punk estaba en auge y surgieron muchos grupos del estilo que mezclaban velocidad con melodías pop. A día de hoy, sobrevivimos unos pocos”, sostiene.

Además, Shoolins arrojan un nuevo dato relativo a cómo se han ido difuminando las etiquetas: “No es que haya más punk, es que se le pone este nombre a cualquier banda que grite o que toque más acelerado. “A nosotros nos calificaban de punkpop, algo que ha quedado muy atrás. Ya no se habla de en las letras de institutos y películas de terror. En Madrid, seguimos haciéndolo los mismos. Hay bastante más escena en Barcelona, con festivales como Sorrofest, que siempre nos da a conocer nuevas bandas emergentes. En la capital se lleva más el garage punk y han surgido bandas a rebufo de formaciones americanas como Fidlar que han renovado el panorama, en unos casos, y que son la imitación de la imitación, en otros”.

A modo de conclusión, Sancheski comenta que, si bien hay propuestas que le dejan “frío”, sí hay que valorar que hayan logrado lo que ellos no han conseguido en todo este tiempo: saber llegar a un público joven. “Es cierto que muchos de ellos cuentan con mucho apoyo detrás del que nunca gozamos nosotros”.

Tomás González Lezana acaba de publicar en La Fonoteca 'Punk, ¿pero qué punk? Una guía incompleta del punk nacional', libro en el que se abarca desde la escena madrileña de los ochenta, al punk radical vasco o los grupos de otras vertientes como el oi!, la onda siniestra, el hardcore y el punkpop del que venimos hablando. El autor señala que desde el nacimiento de estos estilos en países como Gran Bretaña y Estados Unidos, siempre hemos tenido aquí una versión española.

La historia del punk y del garage en España, explica, está llena de bandas marginales que han expresado su rabia, su irreverencia, su incorrección política o su forma de ver la vida siempre a su manera, ajenos a canales para darse a conocer. “La mayoría ni siquiera ha pedido salir de ese circuito independiente, entrar en los festivales o salir en televisión. Aunque, por ejemplo, el otro día me decía J. Siemens, el guitarrista de Espasmódicos y de TDK, que lo que le jodía era que llegara el día de dejarlo sin haber tocado para mucha gente. Muy pocos lo han logrado”.

A su favor, cierra el autor, está el hecho casi milagroso de que en estos tiempos en los que nada permanece todas estas formaciones hayan seguido por verdadero amor al punk: “Algunos han salido de gira al extranjero para tocar ante 10 personas y han continuado haciendo lo suyo sin necesidad de comercializarse en asimilaciones. Ahí está su gran mérito”.

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