UNA NOCHE EN UNO DE LOS LOCALES MÍTICOS DE MALASAÑA

UNA NOCHE EN UNO DE LOS LOCALES MÍTICOS DE MALASAÑA

Qué pasa para que la Vía Láctea haya resucitado por enésima vez

La Vía Láctea, el mítico garito, vuelve a brillar por enésima vez en la noche de Madrid. Fuimos con la intención de pasar una noche entera en sus baños y preguntar a sus feligreses, pero las cosas estaban más interesantes fuera y esto fue lo que realmente aquella noche pasó.

La Vía Láctea lleva años sobreviviendo en la noche madrileña.
La Vía Láctea lleva años sobreviviendo en la noche madrileña. | Fer Torres de Valentí

Si uno es una buena culebra a la que le guste la nocturnidad, y se encanta y pone firme al escuchar música, habrá pasado por la Vía Láctea en los dos últimos años y habrá notado que parece brillar con más fuerza. El porqué de esto es la cuestión del artículo que tienes delante.

Recuerdo largos fines de semana esperando la mayoría de edad. Ahí estábamos, sentados en la calle Farmacia esperando que algo pasase. De pronto, los 18 llegan y se materializan en llave de la ciudad. Puedes entrar a todos los bares. A todos. Entonces, los ojos te brillan, mientras te frotas las manos pensando en cuál será el próximo plan. JÁ.

Por aquel entonces La Vía no era de nuestros preferidos, supongo que el inconsciente asociaba ese bar a imágenes oníricas en las que Joe Strummer le servía una copa a Almodovar. Maravilloso, ¿verdad? De acuerdo, pero por aquel entonces mi sesera y la de mis amigos no estaban para aquello. Estaban para bailar, Charlie Don’t Surf si quieren, e intentar que los astros se alineasen y nos permitiesen echar un polvo.

Y, ¿La Vía? Supongo que nos parecía "el garito mítico", el de los mayores… Hasta que un buen día estás allí, y tú colega Cárdenas –camarero del Picnic– va y te suelta "Jubera tío, ¿te acuerdas que nunca veníamos aquí? ¿Qué es lo que pasa?" Una mudez repentina me cose labios, y la sensación de querer explicar qué hago allí me conduce a concluir que el próximo artículo que haga –éste– tratará de eso.

Dado que mi conocimiento y mis experiencias respecto a un garito como éste son sesgados –La Vía tiene unos cuantos años más que yo– decido que voy a ir, y voy a preguntar a la gente: ¿por qué La Vía?

Es media noche cuando llegamos, no parece que la lluvia achante las miradas lobotomizadas propias del alcohol y la ansiedad de los días festivos. La cola es larga, las latas pequeñas, estamos mojados y cobran entrada, sin embargo, aquí estamos, ¿por qué?

No lo tengo claro aún, entonces caigo en la cuenta de que los tíos que tengo delante son Fran Basilio de Los Nastys y un colega, así que se lo pregunto directamente. "Porque es un sitio de referencia cultural para todas las generaciones. A todo el mundo que se precie y le guste la música conoce La Vía Láctea, es como el Nasti antes. La cosa es que a todas las bandas de rock siempre han venido aquí, porque es un sitio mítico, porque te lo pasas bien, donde hay buen rollo y todo el mundo está a gusto".

Su colega me comenta que «es un sitio del que no procedes pero en el que siempre eres bien recibido». Esto último me hace recordar un artículo del 94 que escribió Octavio Cabezas, en concreto, un momento en el que López Artiga (socio fundador de la sala) le comentaba que cuenta con las nuevas generaciones para reciclar el local, aunque lo veía un poco crudo: "Antes las ideas salían solas; ahora, no sé si por agotamiento o porque hay demasiadas opciones, todo es más difícil".

Si hay nuevas generaciones en el panorama musical nacional, al final, son ellos los Nastys, los Parrots, las Hinds, los Wallas, así que se cuando le comento esto a Fran la respuesta es clara: "Ha habido momentos difíciles, pero siempre han sabido cómo atraer a la gente joven. Desde los 18 hasta los 50 años. No hay un puto sitio más en el que te sientas como en tu casa, en el que además, te lo pases tan de puta madre. Si es que es muy difícil no venir, jajaja".

De izquierda a derecha, el que firma esto, Fran de los Nastys y su colega. | Fer Torres de Valentí

Fran y su colega desaparecen. Nos quedamos en la puerta juntando chatarra para pagar el peaje cuando se vuelven a asomar. De pronto, estamos dentro y el tintineo que sonaba entre los dedos cesa. Me quedo apoyado en la barra hablando con Fer de Torres acerca de por qué será más fácil beberme el sudor de la morena que nos empuja involuntariamente, que llegar hasta la barra.

Si tendrá algo que ver el cierre del Nasti, con la coagulación de juventud cultural y sus relación con el resto; si gracias a la patrulla permanente de municipales en el dos de mayo, todo el tránsito y el alpiste se han focalizado en la calle Velarde; si el status social adquirido en el pasado les beneficia; y de cómo el dj va clavando un tema detrás de otro sin fallo.

Al rato me encuentro a los chicos de Lowlight y John Grvy, nos conocemos por entrevistas previas, así que aprovecho para preguntarles ¿por qué la Vía?

Más a ellos que no tienen nada que ver con el garage, que se dedican al hip-hop, a la música urbana... "Es un espacio musicalmente muy abierto que genera situaciones muy cómodas para mucha gente. Nosotros no venimos mucho aquí, pero siempre que venimos estamos bien. Creo que los artistas, y la gente un poco al margen del género viene por eso. De repente, se han creado estas relaciones, y se ha constituido como el epicentro para mucha gente que se dedican a la música".

Los chicos de Lowlight. | Fer Torres de Valentí

Haberles visto me recuerda el vídeo que grabó El Coleta en La Vía, concretamente el momento en el que dice: "Son malos tiempos, hay golpes bajos, todo el mundo es artista, nadie tiene trabajo". Me desinflo, y una especie de nostalgia de un tiempo que no viví se apodera del último trago que apuro rápido. Que le jodan. Entonces aparece de nuevo Fran, esta vez acompañado de un tipo con un kimono debajo de la chupa, ¿pero qué cojones?

Se trata de Dani, batería de los Parrots. Se marchan al Cha Chá, pero antes me dice: "La Vía láctea es el lugar de reunión de la gente que está intentando hacer algo por la música en España, en Madrid. Eso es lo que pasa. Estamos aquí las Hinds, los Parrots, los Nastys, Trajano!... la peña que está intentando hacer algo, cambiar el panorama".

Ahora la cerveza nueva sabe mejor, quedan veinte minutos para el cierre y veo que el que está pinchando es David Khrae. Nadie podría explicarme mejor qué pasa hoy en día en La Vía que un tío que pincha en el local desde los 17, que es el encargado, y además, toca en los Coronas y con Josele Santiago. Pero la conversación se cancela. El volumen tapa mi voz, como los motores del Apolo 13 el 'Houston, we have a problema', así que todo se queda en un intercambio de móviles.

Al rato, La Vía chapa y la realidad se impone: a la calle chavales.

Son las 3 de la mañana, hora propicia para hacer las cosas bien, para levantarse temprano y sin remordimientos. Pero es viernes, y Joan S. Luna pincha en el Ocho Y Medio, así que adiós. "Y mi adiós… ¡Ay! Mi adiós" que decía Piazzola, adiós al madrugón, adiós a la previsión y al desayuno con los sobrinos.

De camino, en la calle San Andrés, nos encontramos a Cintia Lund y Tony (de Live Nation). Ambos, de una manera u otra, trabajan con la música. Así que les cuento que estoy haciendo en ese momento el reportaje y les pregunto que qué piensan de todo esto. Cintia me dice que personalmente le gusta "porque aunque lleve viviendo aquí cinco meses, es un local que siempre me garantiza un buen ambiente, una buena ubicación, además uno no se puede olvidar de la historia que tiene".

Tony, por su parte, me comenta que "La Vía es la capital del nuevo garage. De hecho, estuve de fiesta allí con los Twin Peaks. Aparte, los Parrots, los Nastys y las Hinds tienen su centro ahí… No sé, a mí me parece que es la capital del garage de Madrid. Igual que en los ochenta fue la punta de rock&roll de Madrid, donde iban Almodóvar y toda la peña, ahora ocurre lo mismo con el garage".

Cintia Lund y Tony. | Fer Torres de Valentí

El resto es pateo y cerveza hasta el Ocho Y Medio. Cuando entramos Joan ya ha acabado y he perdido a Fer, MARAVILLOSO. Hay ciertas habilidades como la de llegar a tarde de las que uno no se puede desprender. Lo que queda es resignación, luces y copazos, [FUNDIDO EN NEGRO] y de repente pintadas en las paredes que dibujan desde el Mantelo Criminal de Jarfaiter hasta el logo de los Wu-Tang Clan. Estoy en el backstage de la sala, me da la risa, también está Tony, y David Pardo, uno de los socios del Ocho Y Medio.

Cuando le pregunto a qué cree que se debe el éxito de La Vía, no se lo piensa dos veces: «Es de los pocos sitios que queda en Malasaña que está haciendo lo que se hacía antes en ese barrio. Dentro de eso, de esa Malasaña punk, garage guitarrera, pillar una nueva generación como ha hecho Covarro (uno de los dj’s actuales de la sala), que mezcle todo el guitarreo del pasado y lo mezcle con lo actual, es mucho».

Tras esto, se despide. Miro en reloj, son las 6 de la mañana. A casa chaval. [FUNDIDO EN NEGRO, Y FUNDIDO TAMBIÉN EL ARRIBA FIRMANTE]

Hoy domingo a las 22:00 con una rinorrea párvula y a punto de cerrar el artículo, logro hablar con David Khrae y contarle las conclusiones y cuestiones que he ido extrayendo a lo largo de la noche anterior. Con la paciencia que una noche domingo lluvioso exige, y el amor a un local en el que trabaja desde los diecisiete me contesta.

"Un denominador común que ha vendido sucediendo a lo largo de este tiempo, es que eso mismo que te ha sucedido a ti, o que tú vienes viendo o detectando de unos años a esta parte, no es distinto a lo que ha sucedido en otras épocas. Si te fijas en la década de los 80, te encuentras un local que era el refugio de Kaka de Luxe, Alaska, Derribos Arias, Siniestro Total, Los Ilegales cuando venían a Madrid, etc.", dice.

"Si te fijas en el final de los 80, ese momento en el que en Malasaña había una escena muy potente, parecida a lo que te puedes encontrar ahora, también venían grupos como Los Enemigos o Sex Museum. Y en los 90, seguía pasando lo mismo. Por ejemplo, Dover, que ha debido de ser de las bandas de música alternativa que más éxito ha podido tener nacional e internacionalmente en los últimos 20 años, eran habituales. Todo eso en el siglo XXI, no ha cesado. Es verdad, que puede haber momento más álgidos y otros menos potentes, pero ha seguido pasando", añade.

"Entonces llegamos hasta ahora, donde nos encontramos con un momento, es verdad, de mucha fuerza, en el que un barrio como éste, es centro de reunión de una escena en la cual han aparecido grupos como los Parrots, los Wallas, los Nastys, las Hinds, etc.. Entonces, ¿cuál es la conclusión de todo esto? Que realmente ha habido década tras década un relevo generacional, que ha sido lo único que ha garantizado la buena salud la buena salud del local".

"Tiene una explicación y tiene que ver con las señas de identidad de La Vía Láctea. Desde que se abrió, el concepto del local giró en torno a dos ejes: El primero, una decoración más o menos llamativa. Lo que se estilaba antes en Malasaña eran muchos cafés con la decoración típica de tertulia, paredes encaladas estilo ibicenco y un mueblecito con quinqués, es decir, una decoración medio rústica. A esto, La Vía y algunos locales le dieron una vuelta. Y el otro ingrediente fundamental de la fórmula mágica es la música".

"La música es la esencia del local, y es lo que hemos procurado cuidar a lo largo de los años. Si te fijas, nuestra ubicación es un barrio que ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años, como la sociedad. Así que, hemos tenido de alguna manera que ir luchando contra viento y marea, pues siempre hemos estado viviendo entre la gentrificación y la subversión a la música enlatada, por llamarlo de alguna manera. Siempre nos hemos propuesto que la música que ponemos sea alternativa. Pero cuidado, hablar de música alternativa a finales de los 80 era muy sencillo. Yo por ejemplo pinchaba, y te puedo asegurar que no era lo mismo poner una canción de Nirvana en el año 90, que ponerla en el 98. En el 90 no los conocía nadie, y en el 98 los podías escuchar hasta en la cola del Vips. Poner a REM en el año 85 no tiene nada que ver con poner a REM en el año 2000. Cuando te hablo de música alternativa, hablo de intentar que la música que se escuche se defina como alternativa, sino porque sea una alternativa a lo convencional. Por supuesto, sin dejar de mirar el presente, y teniendo los pies en la tierra. No se trata de aplicar un fundamentalismo rockero, nada de eso. Si tú quieres diferenciarte mínimamente de los demás, tienes que buscarte tu camino".

"También te digo, es verdad que la irrupción de esta última hornada de bandas que tiene más o menos como centro de operaciones el centro de Malasaña, le han dado un impulso cultural y musical al barrio muy grande. De hecho, te diría que casi podríamos comparar esto con el final de los 80 y principios el principio 90. Aquellos años en los que se hablaba del sonido Malasaña porque del barrio salieron muchísimos grupos".

"Quizá estos años también se puedan convertir en otra década de oro gracias a que están saliendo grupos con mucha fuerza y mucha repercusión".

Cuelgo el teléfono y pienso en el artículo y en el local. En que quizá no contiene el típico motivo actual como podría ser el aniversario, el cierre, la apertura de piso, el estreno o el lavado de cara. Sin embargo, sí pienso que La Vía sigue ahí, en la calle Velarde, impertérrita, superviviente a un barrio donde la especulación de bienes raíces está a la orden del día, donde el vaivén de la tendencia manda y otros muchos ya cerraron. Pienso que La Vía sigue ahí, iluminada por sus dos Barbarellas de pelo corto mirándote indiferentes, como si no pasase nada, pero pasa. Y creo que se lo merece.

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